Biografías para el recuerdo: Andrés Cerrón

16-09-73
BPZ 73

El pasado día 16 de septiembre falleció en Belmontejo (Cuen­ca), víctima de un accidente fortuito, el joven Andrés Cerrón Puga. Había nacido en Madrid. Este año, después de haber estu­diado el C. O. U., había asistido al Cursillo de Espiritualidad, de Murguía. El día 15 salió a casa de un compañero de estudios para pasar allí unos días, y el día 16 era ya cadáver. Noble, alegre, ser­vicial, enemigo de lo vulgar y corriente, animador constante de sus compañeros, imbuido de un auténtico celo religioso, siempre dispuesto a ayudar con una disponibilidad absoluta, ha sido un hito señero para todos los que hemos vivido junto a él. Supongo, estoy firmemente persuadido de ello, que desde el cielo seguirá infundiéndonos su contagioso optimismo. ¡In pace!

M. ABAITUA, C. M.

Esto no es un artículo periodístico, sino más bien un retazo de recuerdos de un compañero entrañable. Todavía está en  nuestra imaginación el comienzo, teñido de idealismo, del curso pasado, en las reuniones y discusiones en parte dirigidas por él, su espíritu animador a veces decaía al no verse secundado por ninguno de nosotros. Conversaba con todos, abriéndose él primero e incitándonos de este modo a mostrarle nuestros problemas.

No tenía apego a lo material y se quejaba de la comodidad excesiva de que disfrutábamos en la residencia, y le molestaban nuestras largas estancias ante la televisión en cuanto que esto mataba el diálogo entre nosotros. Afirmaba que son sabíamos apreciar cosas de las que no podían disfrutar otros jóvenes.

Veíamos en él un afán de superación en orden ascendente a lo largo de todo el curso. Sentía una necesidad de cultura para su formación y la de los demás. Todo su saber estaba abierto al prójimo.

Los problemas y necesidades ajenas los estimaba como propios, luchando incansablemente por solucionarlos aún a costa de sufrimientos. Él mismo nos contaba que la búsqueda de soluciones a necesidades ajenas le apartaba la mente de cualquier otro quehacer y hasta de sus horas de sueño. Decía que necesitaba trabajar durante las vacaciones para no ser gravoso a su familia.

La oración era una necesidad vital para él. Antes de acostarse solía leer la Biblia, la cual veía como carente de sentido sin una realización por su parte.

Era para el curso de COU como el armazón que lo cohesionaba y sin el cual se descomponía egoístamente. Su ejemplo arrastraba.

Entresacamos de la carta de un compañero de campamentos: “Yo no sé si a ti pero a mí me ayudó mucho con sus bromas; decía verdades y las demostraba, y estaba convencido  y me convenció (más bien me terminó de convencer) de su verdad”. “Quizá  se lo ha llevado Dios para evitarle el contagio del mundo, quizá porque era demasiado bueno para vivir entre nosotros, sin quizá, seguro. Era demasiado bueno para nosotros!”.

Una de sus últimas obsesiones fue el buscar el verdadero sentido de la vida. He aquí algunos de sus últimos pensamientos: “¿Tiene sentido la vida? Ante esta terrible pregunta el hombre no puede quedarse impasible y rechazarla… Nuestra actitud debe ser sincera; debemos ser nosotros mismos los que nos enfrentemos con el problema y no adoptar la postura de espera, que sean los demás quienes nos den la respuesta”.

“El fin del hombre no puede ser ni el dinero, ni el placer, ni el poder. Entonces la única respuesta que nos satisface es la de una vida eterna. La vida es una vocación; tiene una salida, que es la eternidad, conduce a Dios, tiene un sentido en Dios”.

“La vocación más grande del hombre es realizarse a sí mismo, dándose a los demás, ya sea a una familia en particular, ya sea a toda la sociedad. No estamos excusados de opcionar, sea para huir o para comprometernos. El compromiso es la única verdadera forma de enfrentarnos con la vida, pero para que sea una vida verdadera es indispensable la lucha, una lucha cotidiana en la que no se pide el éxito, sino el mismo esfuerzo. Encontraremos sentido a nuestra vida en cuanto que la encontremos en Cristo, ya que Él es la vida, y su vida es para entregarla a los demás”.

Que descanse en paz nuestro inolvidable amigo.

Los compañeros del curso de COU

 

Mitxel Olabuénaga, C.M.

Sacerdote Paúl y Doctor en Historia. Durante muchos años compagina su tarea docente en el Colegio y Escuelas de Tiempo Libre (es Director de Tiempo Libre) con la práctica en campamentos, senderismo, etc… Especialista en Historia de la Congregación de la Misión en España (PP. Paúles) y en Historia de Barakaldo. En ambas cuestiones tiene abundantes publicaciones. Actualmente es profesor de Historia en el Colegio San Vicente de Paúl de Barakaldo.

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