Bodas de oro sacerdotales del P. Martín Burguete

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El sábado, día 13 de Junio, vistió de fiesta a la Comunidad de Paúles de Albacete, y un poco también a las diversas Comunidades religiosas de la capital manchega. Ese día precisamente, el P. Martín se alegraba con alegría contenida, tenuemente destellada en su rostro, evocando la algarabía interior que supuso su ordenación sacerdotal en Salamanca, cincuenta años atrás… Las comunidades religiosas a las que atiende el P. Martín también se unieron a la fiesta, cada una a su modo, y en turnos rotativos… Vino primero la Comunidad de San Antón, donde el P. Martín desarrolla una especial labor de acompañamiento espiritual. Después, días más tarde, vinieron las conmemoraciones en la Comunidad de las Mercedarias, con las que el P. Martín tiene igualmente una especial vinculación.

Especial mención merece la Comunidad de Hermanitas de Ancianos desamparados de San Antón y residentes de la misma. Todos se unieron a la misa solemne de las 9 en punto de la mañana, para no perder la buena costumbre de los horarios mañaneros. Todos los miembros de la Comunidad: José Luis, Jesús Mari, Marino, Helios y este humilde servidor, nos unimos a la solemnidad litúrgica, concelebrando con él. La Hermana organista escogió lo mejor de su repertorio de fiesta, y nuestro hermano lució su mejor voz y afinado oído en el canto de la consagración. Las albas y casullas que lucimos los concelebrantes eran de primera generación y no de bajo coste… Vamos, que no faltó detalle; casi, casi como en los buenos tiempos de las misas de Perosi en las fiestas patronales…

En cambio, la homilía fue sencilla y directa, como lo que sale del corazón bondadoso del P. Martín. “Hoy, como todos los días, hablaré de Jesús y de su evangelio”, comenzó diciendo. “Estamos ante tu altar, continuó, para servir: <Dadles vosotros de comer: Tomad y comed>… Tomad de las dos mesas: repartir y compartir. Para eso hemos venido a esta celebración. Nos has enseñado, Señor, en términos de gratitud y no de posesión; una gratuidad que, siendo don ministerial, sigue en uso y se convierte en servicio…” La segunda reflexión de la homilía la dedico, en sintonía con el Papa Francisco, a la Misericordia, que definió como “un amor profundo y sólido, gratuito y fiel, incluso cuando se ve traicionado. En ese amor se ve reflejado, como en un espejo, la profundidad del amor de Dios…” Aludió, finalmente, al motivo principal de la solemnidad de la celebración, que no era otro que la conmemoración de sus bodas de oro sacerdotales. Y concluyó con una sencilla acción de gracias, nacida de la experiencia vivencial de la bondad y misericordia de Dios, a lo largo de su vida ministerial: “Hoy y ayer y todos los días debemos proclamar: el Señor ha estado grande con nosotros… Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia…”

En reconocimiento de los buenos servicios del P. Martín y de la Comunidad entera de Paules, la Superiora y Comunidad de San Antón nos agasajaron con un buen desayuno, combinado para todos los gustos: cosa fuerte y dulce, sin que faltara el chocolate caliente y las consabidas porras manchegas.

Y terminamos la faena festera, solemne y comunitaria, con una comida al gusto, en el restaurante “Nuestro Bar”, de nuestro buen amigo Fernando, bien conocido de los catadores y buscadores de comidas a tono con las fiestas de postín, en Albacete y alrededores. Ni que decir tiene, que ese día la cuenta corrió a cargo de nuestras queridas Hermanas de San Antón. Gracias y que no sea la última…

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1 respuesta

  1. Mitxel dice:

    CIncuenta velas; cincuenta felicitaciones… Desde Barakaldo…¡al menos recibe once!

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