Campamento-1975

Quedan en la piel reminiscencias del Campamento-75 instalado en Erro (Navarra), y que duró del 1 al 15 de agosto. Aunque se organizó como Dios manda, preferimos lla­marle ENCUENTRO, porque de eso se trataba. El encuentro de unos chicos con ideales nobles, que querían vivir juntos unos días para pensar en si y en los demás con los demás.

Pensamos en los chicos de 8º de Murguía, Pamplona y Teruel, y a ellos se dirigió la invitación. Los de Pamplona tenían preparada una excursión larga a Francia y se dieron por excusados; de Murguía, en principio, se apuntaron 12 y de Toruel, 4. Total, que el dí­a 1 de agosto nos encontramos con 11 chicos a la puerta de le casa de Loizu. Y como ahora se mira más a la calidad que a la cantidad, comenzamos el ENCUENTRO a todo gas. Luego los resultados nos dirían que 11 chavales saben convivir y pensar y rezar juntos, llegando a formar un grupo lleno de  dinámica.

Ah! No os he presentado a los jefes: dirigió, con todos los poderes, Miguel A. Olabuenaga (Michel); le ayudó  eficacísimamente Corpus  J. Delgado, los dos Estudiantes de teología. Yyo, el tercero de a bordo, que hice de capellán castrense.

Alguien puede creer que eso de retirarse en verano a un sitio solitario es para vivir más cómodamente y volver al primitivismo. Nada mes lejos. Nuestro ENCUENTRO fue po­sitivo, porque fue serio; fueron 15 días intensos vividos a un ritmo no apto para reumá­ticos; 15 días  sin desperdicio, en una palabra: 15 días sin tiempo para aburrirse.

El horario se desarrollaba así: levantarse, reflexión, desayuno, limpieza de la  casa, tema de estudio en común o en grupos, deporte, baño y comida. Por  la tarde: descanso, actividades (marquetería, murales, dibujo, lectura, ensayos), merienda, marcha, Misa, ce­na, fuego de campamento, acostarse. Hay que destacar como final del día la Revisión. La escribo con mayúscula y le daría el título de marquesa, pues era el pulso del día y la maestra, que nos decía cómo marchaba el grupo, si funcionaba o no.

Nunca había convivido con chicos en este plan, y quedé muy satisfecho. Desde estas líneas invito a la Provincia de Zaragoza a tomar en serio y a organizar estas convi­vencias para nuestros aspirantes. Se hace muy buena labor; por algo lasorganizan otras Órdenes religiosas. Es una paradoja, pero, el calor del verano y el brusco cambio de vida del escolar hace que olvide muchas ideas, que durante el curso le llamaron la atención. Dos meses y media es mucho tiempo para que el chico viva desorganizado. Démosle la opor­tunidad de unas convivencias en las que se encuentre de nuevo y encuentre a los compañeros que integran su munclo juvenil.

Desarrollábamos los tomas de estudio unas veces al aire libre a la sombra fresca de las acacias; otras, dentro de casa. Qué agradable impresión produce al chico hablar de un tema serio en medio de una naturaleza alegre. Y Loizu nos ofrecía una naturaleza alegre: nos rodeaba un imponente anillo de rocas, hayas y pinos. El arroyo vecino nos ofrecía agua fría, donde nos bañábamos. Las campas perfumaban el aire con el fuerte olor a heno. En este ambiente, que tonificaba los sentidos, el éxito del ENCUENTRO estaba asegurado.

Las marchas de la tarde fueron todo un éxito: donde iba el grupo, iba la alegría juvenil, la carcajada, el ezfuerzo en las cuestas arriba, las canciones, la exploración, el diálogo con las personas  que tropezábamos. Nos imponíamos un ritmo y había  que mante­nerlo.

En las revisiones de la noche, casi todos los días, salía a relucir, como más notable, la clase, la Misa y el fuego de campamento.

Tampoco hubo mancos a la hora de comer. La carta de todos los clías decía: apetito desordenado. Florentina nos preparó una comida siempre a punto; lo hizo muy bien. Hasta tuvimos como menú extraordinario un jabalí de unos 60 kgs., que nos regaló Fermín, el dueño de la casas.. Para este  granamigo y bienhechor, nuestro sincero agradecimiento. Sin cobrar nada, nos ofreció la casa, y ahí la tenemos a nuestra disposición. También nos die­ron una lección de convivencia las dos familias vecinas de Loizu:  a nuestra disposición pusieron todo lo que  necesitábamos. Muchas gracias.

El día 15 por la mañana fue hermosa la despedida; el mejor test del ENCUENTRO: algunos chicos se emocionaron al despedirse de sus compañeros..

Michel—el jefe— añadió a su experiencia un montón de estupendas cualidades  (exigió,, corrigió, se acusó, cantó, trabajó. Corpus maître do cocina— se preocupó de que no faltara nada, llevó el botiquín a los paseos, aguantó pacientemente las bromas  y paró balones, que iban con cara de gol. Todo un héroe.

El ENCUENTRO-75 nos ha enseñado que hay un bello circuito que los hombres debemos recorrer:  de la vida pasar a  Dios y de Dios volver a la vida para iluminarla, o­rientarla y hacerla más amable.

Desiderio Aranguren
Copiado textualmente del BPZ 1975

Mitxel Olabuénaga, C.M.

Sacerdote Paúl y Doctor en Historia. Durante muchos años compagina su tarea docente en el Colegio y Escuelas de Tiempo Libre (es Director de Tiempo Libre) con la práctica en campamentos, senderismo, etc…
Especialista en Historia de la Congregación de la Misión en España (PP. Paúles) y en Historia de Barakaldo. En ambas cuestiones tiene abundantes publicaciones. Actualmente es profesor de Historia en el Colegio San Vicente de Paúl de Barakaldo.

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