Colegio de San Vicente de Paúl, 1962-1964 (Beurco)

salidadelcoleLa preocupación de los superiores de la Comunidad de Bara­caldo fue la vivienda de los profesores y de los alumnos. En 1955 la situación era insostenible. El P. Manuel Gutiérrez emprende oficialmente la búsqueda de solar para residencia y colegio. Uno de sus agentes le presentó, en breve plazo, cinco so­lares posibles. El elegido por el P. Gutiérrez reunía condiciones óptimas: una finca de 15.700 metros cuadrados, situada en la parte alta de Desierto, en el barrio de San Vicente, propiedad de la señorita María Begoña y a la venta en cinco millones de pesetas. Este hermoso solar era ampliable y las condiciones de venta mejorables, dada la condición del destino religioso del so­lar y las buenas disposiciones de la dueña. Cuando en 1956 el Pa­dre Visitador pase por Baracaldo será disuadido de la compra por el alcalde, don José María Llaneza, a quien parecía excesivo el precio. El mismo señor alcalde orienta la búsqueda de solar hacia terrenos de Altos Hornos de Vizcaya. Un cambio en la ge­rencia de esta empresa posibilita entrar en negociaciones fruc­tíferas. La opinión en aquellos años de la curia de Madrid y de la Comunidad de Baracaldo coincidía en construir en el mismo sitio residencia y colegio para capellanes y profesores; de este modo Altos Hornos de Vizcaya entraba necesariamente en juego y a su cargo correría lo correspondiente a los capellanes. Más tarde se abandonará esta solución y la edificación del colegio prescindirá de la fundación de Altos Hornos de Vizcaya.

En 1977, en diciembre, logra el P. Juan Aguirre contar con un solar en Beurco, en la esquina formada por la carretera de San Salvador del Valle y la calle límite de dicho barrio. Este solar pertenecía a varios propietarios. Los tres primeros vendedores fueron Altos Hornos de Vizcaya, la fundación Miranda y el Ayuntamiento, más tarde se avino también a ceder algunos metros cuadrados la familia Uriarte Gorostiza.

Las compras sucesivas se verificaron en 1958, 1961 y 1962. El total del solar mide 11.510 metros cuadrados. El vendedor que mejores condiciones otorgó fue Altos Hornos de Vizcaya, cedien­do, en 1958, 7.759 metros cuadrados a diez pesetas el pie. En 1961 vendió de nuevo para poder complacer a los Uriarte 1.150 me­tros cuadrados. La familia Uriarte facilitó la permuta de un terreno que entraba en diagonal en el solar de Altos Hornos de Vizcaya y añadió unos 65 metros cuadrados más para rectifica­ción de límites. La compra a los Uriarte fue beneficiosa y mejoró notablemente la distribución de los campos de juego, pero a causa de tal compra se retrasaron hasta 1964 los trámites que desde 1958 se intentaban a fin de conseguir créditos del Ministerio de Educación Nacional. Los Uriarte tenían sin registrar ni dividir herencias, no habían registrado debidamente sus parcelas y fue necesario requerir de ellos un sinnúmero de documentos, tes­tamentos, desgravámenes de hipotecas, etc. Además, consiguieron de la Congregación al permutar los terrenos condiciones onerosas, al lograr ante notario la renuncia de la Congregación a futuras expropiaciones.

Adquirido el solar principal en 1958, el Consejo Provincial inicia las gestiones para obtener la autorización de la Santa Sede para contraer créditos y más tarde Bancos que los faciliten, dado que los prometidos por el Ministerio tienen una tramitación lar­ga. Atiende igualmente los informes enviados por el P. Aguirre, explicativos de la localización de las varias dependencias de que ha de constar el colegio, y encomienda el proyecto al arquitecto don José Luis Navarro, conocido por sus obras de Zaragoza y Sa­lamanca. El mismo P. Visitador y su Consejo asesoran al arqui­tecto, quien entrega el 6 de octubre de 1959 al Colegio de Arqui­tectos una monumental memoria, planos: presupuestos y pliego de condiciones. Don José Luis trabajó aprisa y a conciencia. Si se hubieran llevado a cabo sus proyectos, el colegio sorprendería por lo actual de sus posibilidades para la educación. De aquello casi no queda nada. Razones no les faltarían a los Superiores y consejeros para pedir sucesivas modificaciones. Seguramente que el presupuesto dado por don José Luis Navarro quedaba por debajo de la realidad, no sólo atendida la fluctuación de la mo­neda, sino también por deliberados cálculos.

El 21 de enero de 1961 escribía el P. Alejandro Orcajo al Su­perior de Baracaldo acusando nombramiento de maestro de obras del colegio proyectado. Le acompañaría el equipo que ultimaba las obras de Salamanca: los Hermanos Jiménez, Espejo, Ircio y el señor Andrés. Más tarde se les unirá el Hermano Peña, que pro­venía de Hortaleza. El P. Orcajo conocía Baracaldo; había ase­sorado al P. Gutiérrez años atrás y sabía las necesidades de la Comunidad y del pueblo. Creo que el P. Orcajo tenía ilusión en prestar sus servicios a esta obra. El P. Orcajo llevó la obra a una rapidez de vértigo. Sobre la marcha se cambiaron los planos, se inventaron soluciones, se improvisaron técnicas y se probaron materiales nuevos. El 24 de junio de 1962 se inauguraba el cole­gio, terminado en sus partes esenciales; dentro de pocos meses más se cerraría la primera etapa de obras.

El proyecto del señor Navarro se desarrollaba sobre un solar de 10.646,98 metros cuadrados—mediciones inexactas que poste­riormente perturbarán los expedientes de créditos— en el que se elevaría un edificio para 840 alumnos y 30 profesores. Por si el solar se ampliaba, la construcción de los pabellones de clases se llevaría a cabo de forma que fuese posible la ampliación de plantas. El número de alumnos se calculaba de acuerdo a las “Normas Técnicas de Construcciones Escolares” del 20 de enero de 1956, según las cuales la superficie del solar, incluido lo edi­ficable y los campos de juego, ha de ser igual o superior a diez metros cuadrados por alumno. Contenía el proyecto una serie de pabellones en los que habría 21 aulas de 40 alumnos cada una, laboratorios, gabinetes, biblioteca, sala de lectura, comedor de mediopensionistas, instalaciones deportivas y campos de re­creo cubiertos y al aire. La distribución de los pabellones estaba en función del solar: la iglesia montaba sobre el ángulo de las dos calles, seguida de la residencia de mediopensionado, dos pa­bellones de clases y el pabellón de servicios generales, perpen­dicular a los anteriores. Adosados al pabellón de clases de ma­yores irían el salón de actos y el gimnasio; la piscina y el fron­tón quedaban separados por los campos de juego. El salón de actos se proyectaba de acuerdo al Reglamento de Policía de Es­pectáculos, con platea para 500 butacas y anfiteatro para 279. El presupuesto total era de 17.287.911 pesetas.

Del proyecto del señor Navarro se abandona para una segun­da etapa la construcción de la iglesia, piscina, salón de actos y gimnasio. Lo restante se lleva a cabo con las transformaciones que en la descripción siguiente se pueden advertir.

Residencia

Es un edilicio de cuatro plantas que se cubre con terraza. La planta baja sirve de comedor de mediopensionistas, y tiene pe- quedas dependencias en los extremos. Las tres plantas restantes contienen las habitaciones de los profesores; hay diez en cada piso. Constan de despacho, alcoba, cuarto de aseo y balcón particular.

Pabellón de servicios generales

Une la residencia y el pabellón de clases. Es de cinco plantas, aunque la quinta se distribuye en tres partes; dos para capilla de alumnos y una para terraza. En la capilla se ha instalado un al­tar central y los bancos se colocan a ambos lados con capacidad para unos 500 alumnos. La cuarta planta muestra la distorsión de los proyectos del arquitecto; en ésta, como en las otras tres de este pabellón, se suceden aulas y dependencias generales; las aulas no igualan en condiciones a las propias del pabellón co­rrespondiente. El pabellón contiene nueve aulas, dos laborato­rios, dos gabinetes, bibliotecas de la Comunidad y del colegio, dos salones, auditorium, dos despachos, dos salas de estar, dos recibi­dores, oratorio y comedor de la Comunidad, cocina y despensas, “hall” de entrada a secretaría, portería, dirección y administra­ción. Abren a la primera planta cuatro puertas exteriores; tres a la calle de Beurco y una al patio.

Pabellón de clases

Es de cuatro plantas. En cada planta hay cuatro clases; res­ponden al proyecto del arquitecto; sus dimensiones y decora­ción, buenas; capacidad para 49 alumnos en pupitres uniperso­nales. Las ocupadas por la primaria en pupitres bipersonales de­jan espacios libres muy útiles. Tiene acceso por doble escalera en los extremos; al lado de la que da a los recreos hay amplios servicios para los alumnos de este pabellón; las aulas del pabe­llón anterior los tienen en medio en todos los pisos.

La construcción sobre pilares de hormigón ha permitido in­mensos ventanales. El exterior de los muros es de ladrillo a cara vista; los zócalos de piedra. Los pavimentos interiores son de te­rrazo en general; los despachos de la residencia son de “parquet” barnizado. La carpintería es metálica; las puertas de aluminio o de buena madera; los zócalos interiores de estuco al fuego o de madera de Guinea. La iluminación en las clases es extraor­dinaria, y buena en los pasillos gracias a los ventanales de los fondos y de las escaleras montadas en vitrocemento. Matizan la fuerte iluminación persianas de “gradolux” y, en las alcobas y dependencias que miran al Norte, de madera.

La instalación de luz y fuerza cuenta con transformador pro­pio; son de calidad. La fontanería estrenó material plástico ga­rantizado por el proveedor Delclaux, S. A., pero que, sea por la instalación, sea por errores de uso, ha ocasionado graves tras­tornos. La residencia y colegio utilizan fuerza para la calefac­ción con calentadores de calor negro.

Totalizando, la obra del P. Orcajo abarca 27 aulas, dos de ellas dobles; dos salones, uno de dibujo y otro de conferencias; las dependencias descritas en el pabellón de servicios generales, y una residencia para 30 profesores. El número de alumnos nor­mal, 1.080; el máximo, 1.350. Si en una segunda etapa se deja libre la actual capilla de alumnos, podrían albergarse en el co­legio de 1.300 a 1.500 alumnos, con un margen sobre lo legal de 100 a 300.

Cuando el P. Orcajo abandonó la dirección inmediata de las obras para asumir el cargo de Superior de Hortaleza, se halla­ban las edificaciones descritas terminadas sustancialmente. Du­rante los meses de octubre a marzo de 1962-63 la obra prosiguió, rematándose los interiores y levantándose un frontón cubierto de 35 por 13, vestuarios, cobertizo, servicios de duchas y lavabos en el campo de juegos y un garaje y carpintería provisionales en el patio que debía separar la residencia de la iglesia o de un posible pabellón para párvulos. A la vez se logró terraplenar los terrenos en pendiente y disponerlos para campos de fútbol, baloncesto, “minibasquet”, parque infantil y patio de estar baldosado. En el curso 1963-64 liemos modificado ligeramente algunas dependencias y creado otras, sin haber aún terminado las modificaciones aprobadas ni decorado suficientemente las existentes. Para esta decoración esperamos los diseños de Sor Auróra Portiguillo, a quien se debe la pintura de las aulas de primaria y del oratorio. A Sor Aurora ayudó el P. Hilario Saiz. En enero de 1964 los libros de cuentas daban un balance de gastos muy clasificados por el ecónomo de la Casa, y cuyo total, incluidos los solares y los muebles, era de 17.281.393, 51 pesetas.

Las fotografías que ilustran estas páginas nos aconsejan ale­jarnos de sus muros y buscar las bellas perspectivas. Son muchos los puntos de mira. En la otra acera de la carretera del Valle está la ciudad deportiva de Altos Hornos de Vizcaya; los tres pa­bellones del colegio reflejan en sus cristaleras continuas el valle y la montaña. Desde la azotea de la residencia, por las maña­nas se puede seguir el desarrollo de 24 aulas. No es fácil alabar las ventajas y la sobria belleza de las aulas. Riman con la construcción los muebles; traídos de la “Casa Alcalde”, de Ma­drid, tienen una bella traza; lástima que su endeblez mantenga siempre abierto el cementerio de chatarra, a pesar de los milagros restauradores de los soldadores P. Benoit y, antes, el Her­mano Peña. Que el abandono de los proyectos y la superposición de plantas traen desventajas, salta a la vista. Hay insu­ficiencia de recreos cubiertos, no queda ningún vestíbulo de los varios que exhiben los planos. La capilla de alumnos está en el peor sitio posible, sin más acceso real que una escalera; la su­presión de pabellones masifica, aglomera excesivamente el alum­nado, abruma las esperas y multiplica los ruidos. La calefacción de calor negro es muy cara y no ha sido autorizada la instala­ción en el Colegio, estando en trámite la solución del problema y dañando el prestigio de un centro flamante, en cuyos claus­tros el frío azota y el visitante se siente mal acogido. Apenas hemos podido desprendernos de albañiles, fontaneros, carpinte­ros y electricistas por algunas semanas, las reparaciones son constantes y sus efectos siempre afean la fina línea de un con­junto abierto y observable al primer golpe de vista.

* * *

Mientras el P. Orcajo llevaba la obra de construcción, el Pa­dre Aguirre y su equipo de gobierno realizaban los múltiples trá­mites que las autorizaciones, expedientes, compraventas y demás requisitos legales provocan en toda obra y especialmente en un colegio. Sobre el P. Aguirre recayó la preparación de documentos para intentar créditos del Ministerio. El mismo pidió la declara­ción de interés social de las obras del Colegio, y lo obtuvo el 4 de mayo de 1960; preparó la legalización de tres grados de pri­maria, que el Ministerio acordaría en 1963. Envió instancia de traslado del Colegio, instancia que hubo de renovar y acompa­ñar de planos, fotografías y memoria y que el Ministerio auto­rizó rápidamente. Le tocaron al P. Aguirre seis duros años de gobierno en Baracaldo; en su carta de saludo al nuevo Visitador, Padre Domingo García, pidió el P. Aguirre el relevo, y, al igual que el P. Orcajo, en septiembre de 1962, se despidió de la obra por la que tanto había sufrido y trabajado y en la que tanto soñó.

El 26 de agosto de 1962 designaba el P. Visitador la Comuni­dad que fundaría el nuevo Colegio en el barrio de Beurco. Once misioneros pertenecían a la Comunidad anterior; dos forma­ban en el equipo del P. Orcajo y cinco vinieron de diversas Ca­sas. La dirección recayó en cinco de los que subían de la resi­dencia baracaldesa: P. Francisco Carballo, Superior; P. José An­tonio Aguirre, asistente; P. José Avendaño, ecónomo, y los Pa­dres Manuel Gutiérrez y Jesús Sanz, consejeros; el P. Sanz tomó las riendas de la prefectura de disciplina y secretaría. El 27 de septiembre se comunica oficialmente la erección canónica de la nueva Casa, y toma posesión su primer Superior.

Toda fundación es dura y sus primeros pasos definitivos y arriesgados. La de este colegio se presentaba implacable: los alumnos doblaban la matricula del curso anterior, el edificio goteaba, carecía de puertas en muchas dependencias, incluso de algunas que daban al exterior, de luz suficiente, de agua, de pupitres, de muebles en las oficinas. Durante el primer trimestre la enseñanza rimaba con los martillazos; en el segundo podrán los niños servirse de los campos de recreo.

Contra viento y marea se inauguró el curso el día 3 de octu­bre, y el 13 todos los cursos y secciones tenían aula y mueblaje provisional. Un curso en el que se probaron soluciones, se obser­varon muchos aspectos de la educación que debían caducar y se consiguió una experiencia rica en posibilidades; sobre ella las teo­rías pueden hoy apuntar a blancos seguros y trabajar por una apertura de estructuras, de métodos y de reglamentación apta para nuestros tiempos.

El curso 1962-63 no tiene más crónica que la memoria esco­lar; de ella tomamos estos datos:

  • Número de profesores, 31; cuatro de ellos solamente daban tres o seis horas semanales de clase.
  • Número de alumnos, 970.
  • Alumnos presentados en junio a examen de grado elemental, 63; aprobados, 56.
  • Alumnos presentados al examen de grado superior en junio, 36: aprobados, 32.
  • Alumnos presentados al examen de grado elemental en septiembre, 13; aprobados, 10.
  • Alumnos presentados al examen de grado superior de sep­tiembre, 5; aprobados, 4.
  • Alumnos de preuniversitario del colegio, 30; presentados por colegio al examen, 25; aprobados, 21. De los cuatro suspendi­dos, tres han aprobado en enero de 1964.

* * *

La organización del colegio se basa en la Ley de Ordenación de la Enseñanza Media, en el reglamento para el régimen interior de los Centros no oficiales y en los 22 artículos del reglamento, del Centro incluidos en el expediente de reconocimiento. La Congregación de la Misión en España poseyó un reglamento para aun colegios de Enseñanza Media antes de la guerra de 1936. Tal reglamento no se adapta a las normas oficiales de hoy y se reducía a una serle de indicaciones didácticas. El carecer actualmente de una reglamentación uniforme es un handicap peli­groso.

La aplicación que intentamos en Baracaldo puede resumirse en cinco apartados.

1.° El equipo dirigente está formado por el P. Rector y su consejo. Se incluye la secretaría como dependiente de la Direc­ción. Hemos procurado que coincidiesen en las mismas personas la función directora dentro de la Comunidad y del colegio. El Padre Rector es director del Centro y de estudios. Su actuación utiliza los servicios médicos psicopedagógicos de personal técni­co. Los primeros quisimos montarlos según las indicaciones del doctor Burzaco y el asesoramiento del doctor Repáraz; la no coincidencia de los criterios de ambos lo ha retrasado y por ahora pedimos orientaciones médicas a través de la familia. Insistente­mente hemos recibido ofrecimientos para equipar el gabinete mé­dico y confeccionar las fichas médicas de varios equipos, y a pre­cios exiguos; los psicólogos del Centro no las han aceptado. Los hermanos Satue llevan, por ahora, los servicios psicopedagógicos. Sus métodos de trabajo, lentos y secretos, producen desazón fre­cuente. Posee la Dirección fichas psicológicas de un centenar de alumnos y diagnósticos de una treintena; la elaboración de las fichas psicológicas de toda la primaria está pactada para el cur­so. Marginalmente ha aplicado diferentes tesis, bajo el asesora­miento del equipo de psicotécnicos de Amurrio, el P. A. Matesanz, y sus resultados obran igualmente en la Dirección.

El P. Prefecto tiene a su lado dos inspectores y la colabora­ción de los Padres encargados de curso, sistema más utilizado en el curso pasado que en éste. En este curso hemos estructurado, a imitación de los Padres Jesuitas, los jefes de sección, quienes ayu­dan eficazmente en la ordenación de las clases; sus partes dia­rios contrastados con los dados por los profesores permiten cono­cer el aprovechamiento y comportamiento escolar y seguir a dis­tancia la metodología y eficacia del profesorado.

2.° La dirección espiritual todavía no ha cuajado en fórmu­las ni siquiera provisionales, aunque ha constituido la más per­manente preocupación. No contamos con un Director único. He­mos intentado diversas soluciones y, de momento, cuidan la es­piritualidad de los alumnos cinco profesores: los PP. Avendaño, Urbano, Matesanz, Benoit y Vacas. Para los de tercer curso en adelante es obligatorio que los directores los llamen personal­mente y la conversación en el despacho del P. Espiritual se ha observado necesaria y eficaz en la vitalización religiosa del esco­lar. Pero es todo el profesorado misionero el que colabora en la evolución litúrgica apta para estos muchachos, en la atención moral abierta a una vida y a un ambiente en el que más del 50 por 100 de los alumnos sufren la oposición o, al menos, la indi­ferencia de su familia hacia lo religioso. Por eso no coaccionamos con las misas dominicales, aunque procuramos convocarlos por todos los medios. Las misas de los días laborables no son obli­gatorias, solamente un día para cada curso. Por lo demás, el día, el mes y el año están inmersos en la liturgia cristiana: al día, oración de la mañana y de la noche; al mes, retiro para los ma­yores, a la semana, confesiones por grupos, con sus pláticas pre­paratorias: al año, ejercicios espirituales en internado los de preuniversitario y sexto, abiertos los restantes. En los días festivos especiales, Domund, Santa Infancia, San Vicente de Paúl, Sema­na de la Vocación, etc., hay paraliturgias, triduos o conferencias. El éxito no es pequeño. El ambiente religioso ha mejorado, el nivel moral también; para madurar es preciso la espera.

Nuestras próximas iniciativas se dirigen a la constitución de la asociación de Antiguos Alumnos, para realizar sobre ellos una tutela de que precisan, especialmente quienes abandonan en cuar­to los estudios; abandono que se eleva al 50 por 100. La lentitud en intentarlo obedece al deseo de rehuir la forma aquí normal de ambigú y la tradicional entre nosotros, que llevaba consigo una reunión anual, con todo el alegre y agradecido aire de las crónicas. Al lado de esa Asociación urge, todavía más, la de Pa­dres de Familia.

Sería injusto no consignar la existencia de la Congregación Mariana, de nuevo reverdeciendo sus laureles; publica una revista mural muy comentada, intenta otra impresa y es el fer­mento espiritual del colegio. Su actividad más eficaz es la cate­quesis en la Parroquia de San Vicente, en la que 20 alumnos en­señan el catecismo a más de 150 niños.

Fruto apetecido de la labor religiosa son las vocaciones. El curso 1963 vio el paso a Murguía de un grupito. Si los que por escrito o de palabra han comunicado al P. Superior su deseo de ser misioneros perseveran en ello, enviaremos próximamente grupos numerosos y otros esperarán la hora de ir al noviciado. ¿Cuál es el mejor sistema, dado el ambiente social, moral y re­ligioso de Baracaldo? Nosotros lo dudamos.

3º Los profesores trabajan por cursos en primaria y en prime­ro de bachiller; en segundo y en algunas secciones de primero he­mos procurado que un solo profesor lleve el mayor número de asignaturas. Creemos que así se mejora la educación del escolar y se asegura el rendimiento. De tercero en adelante los profesores se especializan por asignaturas. Al lado del profesor misionero trabajan 18 seglares, casi todos en jornada completa. En 1962 mantuvimos los cuadros del anterior colegio, por respeto a figuras venerables, pero la imposibilidad de adaptar nuestro horario a sus horas nos ha obligado a contratar profesores nuevos.

El profesorado seglar joven se adapta rápidamente a los métodos de la Congregación; el contacto personal con él en grupo o solo es suficiente para orientar su colaboración. El profesora­do de casa ama los consejos para cambiar impresiones sobre los alumnos a discutir procedimientos. El número de nuestros alum­nos imposibilita el conocimiento por todos de todos; por eso hay que añadir reuniones por cursos y por materias afines; aun así estas reuniones tienen poca eficacia si no las preceden estu­dios preparados concienzudamente, y no las acompañan índices sociométricos mentales, informes familiares facilitados por la Di­rección y un sistema ágil de recogida de datos. Nosotros estamos dando los primeros pasos.

4.° Las actividades docentes ordinarias se realizan en las lla­madas “unidades didácticas” de hora y cuarto. Su eficacia en los primeros cursos es evidente. En los cursos superiores no es tan segura y encarecen la enseñanza. El colegio no es apto para si­multanear las unidades didácticas y el sistema de horas de es­tudio; no obstante, es nuestro deseo el intentar para los cursos mayores algo distinto del horario infantil.

Los procedimientos modernos didácticos son muy utilizados por el profesorado: medios auditivos, magnetofones, tocadiscos, medios visuales y trabajo de laboratorio. Los profesores de Idio­mas, Arte, Ciencias Naturales y Química son los más afortunados. El laboratorio más beneficiado en fondos es el de Química, que en un solo pedido en 1964 aumentó sus depósitos con objetos por valor de 23.000 pesetas.

La jornada escolar de la primaria abarca de 9 a 12 y de 3 a 6. La de la media de 9 a 1,15 y de 3,30 a 6,30.

Las actividades docentes extraordinarias son pocas. En el cur­so pasado hubo dos veladas y varias conferencias científicas, aparte de algunas visitas a fábricas, museos, etc. En este curso el programa es más amplio.

5º Cuidamos la formación social. El Colegio, sumido en una deuda de cerca de 13.000.0000 de pesetas, no puede soportar el nú­mero de becarios que le correspondería por su declaración de in­terés social; el departamento correspondiente nos ha rebajado el porcentaje al 8 por 100 en la media y al 6 por 100 en la prima­ria. Aún con este porcentaje pasan de 60 los alumnos gratuitos y a unos cinco más hemos rebajado la cuota o perdonado a lo largo de los meses. A su lado cursan becarios del Estado, de las fábricas y uno del Ayuntamiento. Sefanitro paga a más de 70 alumnos.

Para los escolares de la zona minera disponemos de un auto­bús alquilado, que facilita sus transportes sin ganancia alguna para el Colegio. A partir de diciembre de 1963 hemos asegurado de accidentes y responsabilidad civil a los escolares que acepta­ron la póliza de la Compagnie D’Assurances Generales, con una cotización mensual entre cinco y siete pesetas. En tal seguro entra un grupo de becarios más necesitados, sin cuota. Las dos terceras partes del alumnado aceptaron la póliza.

* * *

Sobre estos presupuestos y en un Colegio de nueva planta, de soberbias perspectivas, grandes logros y algunas deficiencias, se desarrolla el curso 1963-64. La estadística nos ofrece estos datos:

Alumnos, 1.083, distribuidos en 25 aulas. Pertenecen a preuni­versitario, 32: a sexto, 45; a quinto, 49. Todos, menos dos, de Ciencias. Forman el bachillerato elemental 541; la primaria, 416. Profesores, 34; 16 de la Congregación, 18 seglares. De éstos, tres maestras, seis maestros, cuatro auxiliares de bachillerato, dos ins­tructores y tres licenciados en Ciencias Químicas.

La Comunidad está formada por 14 sacerdotes y tres Hermanos. Los sacerdotes son todos profesores y unen a esta apostólica tarea otros ministerios. Dirigen cuatro Centros de Hijas de Maria, uno de aspirantes varones; confiesan 16 Casas de Hermanas, predican, confiesan y dicen la santa misa en diversas iglesias los domingos ocho Padres, y a diario, cinco; los restantes apenas son suficientes para la atención espiritual de los alumnos en las mismas horas en que aquéllos salen. El libro de ministerios dio para el curso esta suma:

  • Misiones 4
  • Ejercicios espirituales 6
  • Pláticas y sermones 50
  • Novenas 2
  • Triduos 10

Suma consignada, pero que es un detalle insignificante al lado de la entrega en confesiones, homilía semanal por clases, catequesis, etc., a los 1.083 alumnos. Hecha la salvedad de esta dedicación sacerdotal de todos he aquí la Comunidad.

Llevan la dirección los Padres:

  • Francisco Carballo, Superior.
  • José Antonio Aguirre, asistente.
  • José Pérez Ruesta, ecónomo.
  • Manuel Gutiérrez, consejero;
  • Jesús Sanz, prefecto.

Sacerdotes profesores:

  • PP. José Avendaño, Máximo Agustín, Santos Castaño, Hilario Mata, Urbano Rodríguez, Agripino Matesanz, Antonio González, Marcelo Benoit y Antonio Vacas.

Hermanos profesores:

  • Jacinto Cuadrado y José Hervás..

Secretario:

  • Hermano Agustín Alvarez Gastón.

Si la actividad de los sacerdotes no se reduce al Colegio, tam­poco la de los Hermanos; ellos hacen efectivos los elogios vi­cencianos y cuidan la casa con el mismo cariño que sus oficinas de secretaría o administración de alumnos. A ellos se debe que los domingos por la tarde la Comunidad deje libre a todo su per­sonal de servicio y un silencio de cartuja caiga como rocío aca­riciante sobre el Colegio.

Baracaldo, 18 de febrero de 1964.
Francisco Carballo, C. M.

Mitxel Olabuénaga, C.M.

Sacerdote Paúl y Doctor en Historia. Durante muchos años compagina su tarea docente en el Colegio y Escuelas de Tiempo Libre (es Director de Tiempo Libre) con la práctica en campamentos, senderismo, etc…
Especialista en Historia de la Congregación de la Misión en España (PP. Paúles) y en Historia de Barakaldo. En ambas cuestiones tiene abundantes publicaciones. Actualmente es profesor de Historia en el Colegio San Vicente de Paúl de Barakaldo.

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