Comunicación al Sínodo de los Obispos para la Nueva Evangelización de Gregory Gay, Superior General de la C.M.

Momentos de Presencia, Escucha, Servicio y Acción:
Claves para la Nueva Evangelización

Una comunicación al Sínodo de los Obispos para la Nueva Evangelización

G. Gregory Gay, C.M.
Superior general, Congregación de la Misión

P. Gregory Gay, C.M.

P. Gregory Gay, C.M.

El documento Instrumentum Laboris para la Nueva Evangelización ofrece una verdad central: “Esta tarea de anuncio y proclamación no está reservada sólo a algunos ni a pocos elegidos. Es un don hecho a cada hombre que responde a la llamada de la fe.” (IL, # 92)

Esta verdad se hizo viva para mí hace unos treinta años cuando fui llamado a nuestra misión Vicenciana en la República de Panamá. Allí experimenté una Iglesia viva; una iglesia que hacía sinceros esfuerzos para adaptar las enseñanzas del Vaticano II a la realidad de la vida en América Latina. La formación de los laicos se llevaba a cabo con los esfuerzos de congregaciones religiosas, clero diocesano y obispos. Al experimentar la Palabra de Dios viva en las Comunidades Cristianas de Base, fui testigo de la entusiasta vivencia de su fe por las gentes sencillas.

Entonces, yo dije, “Esta es la Iglesia de la que deseo formar parte. Esta es la Iglesia imaginada por el Vaticano II”. Fui privilegiado al trabajar durante más de dos décadas en aquella parte del mundo. Trabajar colegialmente con obispos, clero diocesano, hombres y mujeres religiosos y laicos, para conseguir un bien común, en el servicio de la Iglesia y del mundo, ha sido no sólo la promesa sino también el don del Vaticano II para mí. La Iglesia de América Latina continúa inculturando el Evangelio, como se puede ver en sus documentos desde Medellín a Aparecida, este último el más reciente y más citado en este Sínodo. Estos tiempos me han dado energía y vida como misionero perteneciente a una congregación religiosa y ahora como su Superior General.

Para proclamar el don de la fe y fortalecer la renovación de la Iglesia, hay que considerar tres momentos de encuentro y dos caminos cruciales para la nueva evangelización.

  • Un momento de presencia: La presencia tiene dos dimensiones: la primera es esa presencia que llamamos Dios y la otra es la presencia que encontramos cuando nos abrimos a los demás. Los que Dios pone en nuestro camino nos revelan la persona de Jesucristo, especialmente los pobres, los marginados y los abandonados. En la Presencia de Dios, conseguimos fuerza para estar presentes a todos los miembros del Cuerpo de Cristo de una forma valiente y profética.
  • Un Momento de escucha: La escucha tiene también dos momentos contemplativos: uno interior y otro exterior. El momento interior se da en la Palabra de Dios, en la Eucaristía, la oración de la Iglesia y en la experiencia de los pobres. En esta “morada interior” de nuestra alma, acogemos la persona de Jesús que entra en el silencio de nuestros corazones para acompañarnos en nuestro camino diario. Esto nos lleva a espacios de relación más profunda con el mundo y entre nosotros. Antes de enseñar y predicar, tenemos que escuchar.
  • Un momento de servicio: La presencia y la escucha permiten que la gracia de Dios nos guie hasta el servicio. La Nueva Evangelización nos llama y nos une con un elemento indeleble de nuestra fe: el amor de Dios y el servicio del prójimo. “Que os améis los unos a los otros como yo os he amado”. (Jn. 13:34) El servicio en nombre de Jesús es acción y promoción, no sólo en nombre de los pobres, sino juntamente con los pobres. En el crisol del servicio, la Iglesia encuentra su verdadera identidad y salvación.
  • Un camino para el servicio por virtud: Evangelizamos cuando entramos en el mundo de los pobres y crecemos en las virtudes de humildad, sencillez, caridad y justicia. Esto está en el corazón de nuestra herencia Vicenciana. La opción preferencial por los pobres es fundamental para la nueva evangelización. En la experiencia de la comunidad, hacemos visible y creíble la persona de Jesús, promoviendo una civilización del amor. Al vivir estas virtudes, nos acercamos a Dios, entre nosotros y a los pobres, nuestros señores y maestros.
  • Un camino para la acción: Con el amor a Dios y al pobre que representa a su Hijo Jesús, podemos realizar la nueva evangelización revitalizando las misiones populares. Colaborando con los religiosos, el clero y el laicado, evangelizamos con nuestra presencia, escuchando y sirviendo al estilo de Jesucristo, el primer evangelizador. Siguiendo los caminos de la virtud, la acción y la promoción, no sólo predicamos y enseñamos la Buena Nueva, sino que nos hacemos Buena Noticia para el mundo. Las palabras de Jesús al joven que ha curado serán también verdaderas para nosotros: “Vete a tu casa y a los tuyos y cuéntales cuanto el Señor ha hecho contigo y cómo ha tenido misericordia de ti.” (Mc. 5:19)

En este Sínodo, confío humildemente estos pensamientos y nuestros esfuerzos a Jesucristo, Evangelizador de los pobres y a María, su Madre, Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa.

G. Gregory Gay, C.M.
Roma, octubre de 2012

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