Textos para la Historia de la CM en España (31 de mayo de 1777) (Nuevo)

ORDENANZAS DE LA CASA DE MALLORCA.  (31 mayo de 1777)[1]

Rafael Pi indigno sacerdote de la Congregación de la Misión, a nuestros carísimo consacerdotes y hermanos de la casa de Palma, salud en el Señor.

Habiendo en virtud de especial comisión que nos ha dado el muy Rdo. Sr. Antonio Jacquier, Superior General de la dicha nuestra Congregación, empezado la visita de esta casa a los 18 de mayo de 1777 y terminando a los 31 del mismo mes. Hemos juzgado dejaros las siguientes ordenanzas.

  1. Primeramente exhortamos a todos s ser muy fieles a los ejercicios de piedad, que os los medios para conseguir la perfección a que siempre hemos de aspirar corporalmente si la mente y el corazón no se aplican seriamente a cumplirlos in spiritu et veritate, todos harán lo posible de no perder un solo momento del preciosísimo tiempo de la oración, aplicándose a convencer el entendimiento con buenas y eficaces razones y motivos sobrenaturales de la verdad propuesta, y principalmente a excitar la voluntad al amor a la virtud o al aborrecimiento del vicio, sacando resoluciones prácticas de ejecutar el mismo día; si se padecen distracciones o sequedades, procurar humillarse delante de Dios, hacer algunas jaculatorias, aunque parezcan desabridas, excitarse a actos de contricción, de fe, de esperanza, de caridad, de conformidad con la divina voluntad.
  2. Y siendo la lectura espiritual, por lo que instruye, inflama y desengaña, tan provechosa, cada uno procurará emplear en ella, según la costumbre de la Congregación, por lo menos el tiempo de media hora, haciéndola con pausa y atención, levantándose si viene sueño, leyendo no por curiosidad, ni para aprovechar a otros, sino según la necesidad de la propia alma, como dice la Regla.
  3. En el rezo de las horas canónicas se acordarán todos que están alabando a Dios, haciendo oficio de ángeles, y por esto procurarán rezarlo con la mayor devoción que sea posible, no atropellándose jamás, rezándolo en común aun las Horas menores conforme a la Regla, excepto los que por imposibilidad o por decir misa o por otra precisa ocupación, no puedan hacerlo.
  4. Por ser las conferencias espirituales uno de los prin­cipales medios que tiene la Congregación para conservar su espíritu, por esto cada uno tendrá cuidado de aprovecharse de ellas, y los que son llamados para repetir, lo harán con un modo sencillo, humilde, devoto o edificante, sin decir jamás cosa que pueda traer directa o indirectamente a faltas de otros, por ser esto ocasión de escándalo e inquietudes; y el superior las hará con un modo instructivo, animando a la virtud, a la observancia de los votos y las Reglas, a la caridad y apartarse de las faltas contra ellas.
  5. Deseamos sumamente se mantenga el espíritu de pobreza, el cual no sólo nos llaga aceptar de buena gana lo peor, así en el victo con, en el vestido, sin lamentarse ni quejarse: mas también nos obligue a no recibir, dar ni prestar cosa alguna por pequeña que sea, sin la debida li­cencia del superior, quien procurará no dar licencias ge­nerales, no fuese caso viniese con eso a relajarse poco a poco el voto que hicimos. En cuanto a la castidad observa­remos fielmente todos los medios que nos prescribe la Regla y lo que se dice en las ordenanzas de la visita pre­cedente.
  6. Todos mirarán la persona de Dios en la del supe­rior, así inmediato como mediato, haciendo mucho caso de lo que ordena, poniéndolo en ejecución sin resistencia, juzgando que aquello es lo que Dios quiere de cada uno; le tendrán sumo respeto y veneración, jamás le responderán con altivez, sino que le representarán las cosas con grande humildad e indiferencia, aquietándose a lo que ordenase.
  7. No hay cosa que tanto edifique a los seglares y sea de mayor alivio a las comunidades religiosas como la per­fecta caridad que reina en ellas: por lo que cada uno pro­curará con todo el cuidado posible el conservarla y au­mentarla, amando tiernamente e igualmente a todos, ha­ciendo para los otros lo que quisiera se hiciera para sí, condescendiendo con todos en lo que no haya ofensa de Dios, sin contradecirles tratándoles con todo respeto sin decirles palabras pesadas, no criticar sus acciones, no mur­murar de nadie especialmente delante de externos, aunque sean amigos y aunque sea con pretexto de consolarle; porque con esto no solamente se perdería el buen nombre del compañero, sino aun de toda la Comunidad y Congregación y de aquí el no hacer aquel grande bien que hace en las almas, cosa que ha de mover a todos a vivir con grande cuidado sobre este particular y de que habrían de hacerles, si jamás sucediese, lo que no presumimos , grande escrúpulo los confesores.
  8. Siendo las misiones la primera y principal función de nuestro Instituto, cada uno se preparará para poder hacer todas aquellas funciones que según sus fuerzas y talentos pueda, y estará siempre preparado y dispuesto para ejercer tan santo ministerio, siempre que los superio­res lo ordenaren, según lo hemos ofrecido a Dios y nunca se excusará bajo pretextos frívolos, cuales serían el no poder soportar el genio del Director o de otros compañe­ros: pues sería gran confusión para hombres apostólicos no tener mortificación y virtud para poder trabajar con los demás en la viña del Señor. Procuren todos ser muy observantes del reglamento, vivirán muy unidos, retirados, silenciosos y modestos, pues de aquí viene el hacerse fruto en las misiones. Se guardarán de decir cosas para hacer reir, y de proposiciones que puedan tener algún mal sentido, porque esto echaría todo a perder.
  9. El superior, asistente y demás oficiales de la casa procurarán cumplir exactamente sus reglas, dependien­do de esto el buen orden de la casa. El superior procu­rará que todos hagan la comunicación a su tiempo, y to­dos la harán con el fin de adelantarse en la virtud con el método que prescribe la regla. Tendrá también el superior todas las semanas, y cuando sea menester, consulta con sus consultores, y si éstos son de distinto parecer en alguna cosa y la dilación no tuviese perjuicio, nada determine en aquel negocio hasta haber escrito y tenido respuesta del Visitador o Superior general: mas si el negocio no sufre dilación y con buena fe lo juzga útil a la casa, podrá de­terminar lo que en el Señor le parezca, exponiendo sin tar­danza la cosa con todas sus circunstancias al Visitador o Superior general.
  10. Para uniformidad de todas las casas de España, según la voluntad del Superior general, así en casa como en misión, todos los días de carne a la comida se dará a los nuestros un poco verdura con la misma pitanza; lunes y miércoles por la noche se dará verdura en lugar de la sopa, y asimismo el sábado por la noche en lugar de postre.
  11. A nuestros amados Hermanos encomendamos la limpieza, así en el refectorio como en la cocina y demás lugares de la casa, y el Superior y asistente vigilarán para que esto se cumpla debidamente. A los mismos Hermanos encargamos encarecidamente que vivan totalmente unidos en el Señor, que se traten con mucha afabilidad, que no haya contiendas entre ellos, que se ayuden mutuamente, que guarden silencio sin Ievantar jamás la voz, que tengan grande respeto al Superior, asistente y demás sacerdotes, que hagan lo que de parte del director les fuere ordena­do, sin réplica, y solamente propongan senciIIamente y con indiferencia las dificultades que en sus empleos tengan.

Finalmente, encargamos que cuando algún sacerdote fue­se enviado de parte del Ilmo. o Vicario general a hacer ejercicios, que se trate con toda suavidad y que se procure que se confiese, como se hace en las demás casas de la Congregación: que lo mismo se haga con las ordenanzas, por pocos días que estén, y se vigila que ningún externo vaya a sus aposentos que les traiga cartas o las reciba de ellos para llevarlas a algún puesto, antes advertirles que no escriban sin especial necesidad y en este caso que entreguen la carta al Director, quien cuidará de en­viarla.

Y para que las presentes órdenes sean con más fidelidad observadas, se leerán cada primer viernes del mes, hacien­do entonces el Superior las debidas reflexiones, cuando advierte que se ha faltado a ellas, y se tomarán por sujeto a de nuestras conferencias, siempre que sea menester.

Rafael Pi

[1] PARADELA, B. “Colección de documentos para la Historia de la Congregación de la Misión en España”. Madrid, 1931, pp. 172-177

 

Mitxel Olabuénaga, C.M.

Sacerdote Paúl y Doctor en Historia. Durante muchos años compagina su tarea docente en el Colegio y Escuelas de Tiempo Libre (es Director de Tiempo Libre) con la práctica en campamentos, senderismo, etc… Especialista en Historia de la Congregación de la Misión en España (PP. Paúles) y en Historia de Barakaldo. En ambas cuestiones tiene abundantes publicaciones. Actualmente es profesor de Historia en el Colegio San Vicente de Paúl de Barakaldo.

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