Ejercicios espirituales en Ávila (6 -10 de marzo, 2017)

Ha dirigido los ejercicios el P. Aarón Gutiérrez Nava, Consejero general, que ha unido la profundidad a la sencillez, y ha abundado en amabilidad y cercanía. Ha expuesto los temas de forma amena, con pinceladas de sereno gracejo.

El primer día nos entregó un folleto, “La mística de la Caridad”, con los materiales didácticos para la reflexión personal, con un objetivo para cada día, y la ambientación, basada en la Sagrada Escritura, la Teología, y en textos vicencianos y de los últimos Papas. En cada uno de los temas aparecen los objetivos, la motivación y los materiales para la reflexión.

Asistimos a estos ejercicios 31, de los que 6 pertenecemos a la Provincia de Zaragoza. Nos correspondió a los de Zaragoza preparar la liturgia dos días. Liturgia, celebrada con sencillez, muy participada, adaptada siempre el estilo de cada celebrante.

El jueves, por la mañana, tuvimos la celebración penitencial, preparada, también, por el P. Aarón, con el tema: “Discípulos-misioneros: sal de la tierra y luz del mundo”.

El día quinto, viernes, presidió Laudes el Visitador de la Provincia de san Vicente – España, P. Jesús María González Antón, llegado el día anterior.

Las atenciones de los de la casa, en todos los aspectos, impecables.

Por si a alguien le interesa, aquí tiene un pequeño resumen de los contenidos de las charlas. Aunque, sin los contextos, sea poco ilustrativo.

 En el primer tema se adentró en el ser de los ejercicios, lo que se espera de unos ejercicios bien hechos y el modo vicenciano de hacerlos.

Desde la realidad del deseo del amor de Dios, se ve con claridad que es necesario ir sanando todo aquello que impida mantener vivo ese deseo. Para lograrlo, nada mejor que revisar el estado del corazón, para averiguar cuáles son los verdaderos deseos que anidan en él.

Buscar, “como la cierva busca las corrientes de agua”, poniendo los medios para esa búsqueda, ya que siempre es necesario el esfuerzo. Por ejemplo, ¿qué medios estamos empleando, cuando vemos que muchos, católicos de toda la vida, cuando caen en las redes de las sectas, suelen decir, a los dos días, que se han encontrado con Jesucristo? Y hasta se hacen predicadores en pocos meses, cuando antes estaban siempre mudos. ¿Qué estamos haciendo y cómo lo estamos haciendo? No vale estar permanentemente a la espera, es necesaria la salida; la búsqueda. Por ahora, estamos más a la espera que en salida y somos más aleccionadores que testigos de la misericordia de Dios.

Para la persona concreta, es posible que la búsqueda comience por curiosidad, pero, si  se busca Dios, él no se esconde para siempre. Este encuentro tiene que dar la felicidad, para que no aparezcan preguntas inquietantes: -¿Es usted feliz?… Como está siempre enfadado…

Un lugar de encuentro con Dios son los pobres. Es cierto que toda persona puede ser lugar de encuentro con Dios, pero, de manera especial, los pobres. Que no quiere decir que tengan todas las cualidades del mundo. Pero su presencia suele abrir las conciencias para obrar el bien, poniéndose de su parte.

Pero, el ponerse del lado de los pobres no significa tomar partido ideológico, sino ir a la raíz del compromiso por ellos. Este compromiso es de la Iglesia no de los partidos de izquierdas.

Seguimos avanzando para descubrir a la comunidad como lugar de encuentro con Cristo. Por supuesto, la comunidad no tiene la finalidad en sí misma, sino para ser enviada a la misión. Cabe el peligro de ser extraordinariamente cumplidores de todas las normas, olvidando de que la misión está fuera. Y lo que es peor, ser muy cumplidores de las normas, pero nada abiertos a la comunión. Los Apóstoles convivieron con Jesús, pero para ser enviados.

La comunidad, por razón de las limitaciones de los componentes, es lugar de encuentro y de desencuentro. La comunidad perfecta no existe; y, para tender a la utopía, es necesario mucho esfuerzo. Es necesario reconfigurarse a través del encuentro con los hermanos y, a través de los hermanos, con Cristo. Siempre basados en la espiritualidad propia de vicencianos, sin entremezclar otras espiritualidades entorpecedoras.

Tal vez haya falta de madurez, por lo que es necesario sanar la madurez, que consiste en dar todo lo que se pueda en el servicio a los demás. Sólo una comunidad sana puede ayudar a sanar a las personas. Por eso es necesario pasar de la observancia a la comunión. En la comunión se debe dar el conocimiento y, desde el conocimiento, se llega a la comprensión.

Es una pena, pero, a veces, sólo vemos lo negativo de los demás y olvidamos lo positivo. Desde la comunión, toda la comunidad sería testimonio de amor al prójimo, que es el verdadero síntoma del amor a Dios.

Para lograr la comunión es necesaria la conversión personal y, también, la comunitaria. Desde la comunión las personas se dignifican.

Entre nosotros, no podemos olvidar la conversión pastoral, si es que queremos que la nueva evangelización sea real. Esta nueva evangelización no será posible si no se da una nueva forma de ser pastores, ya que la Iglesia se está desplazando hacia situaciones muy complejas.

Entre nosotros, el individualismo es bastante manifiesto, porque estamos poco educados para trabajar en equipo. De ahí la necesidad de la formación permanente para la vida comunitaria, en función de hacer de la comunidad un equipo de trabajo.

Cierto que es necesario programar, pero la conversión no depende de los programas. Sin duda, para la nueva evangelización, para estar en salida, son necesarias comunidades más ligeras de equipaje, en lo material y en lo retórico. Se está volviendo, por necesidad sociológica y religiosa a lo más elemental, al kerigma, como primer anuncio. Para lo que es necesario vivir del Espíritu sin manipular al Espíritu.

Hay que estar atentos, con oído de discípulo, para profundizar en el misterio de la persona de Jesucristo, de su doctrina y, sobre todo, de su ejemplo, para madurar constantemente en el conocimiento, amor y seguimiento de Jesús, Pastor y Maestro.

Como la conversión no termina nunca, cada día descubrimos  gracias nuevas y fallos nuevos. Y, puesto que todos estamos llamados a la santidad, es necesario discernir constantemente para descubrir el significado de la contemplación en nuestra vida, tan llena de actividades, ya que la contemplación es la fuente de la caridad. Cada uno ha de poner todo su esfuerzo en lograr la contemplación de la vida de Jesús para seguirle, en función de la evangelización de los pobres.

¿Qué estamos haciendo para que a los pobres se les anuncie el Evangelio? Para nosotros se trata de la mística de la transmisión del Evangelio, envuelto todo en la misericordia divina, en la que estamos llamados a ser expertos. La actitud misericordiosa en la vida es el modo de reavivar la caridad sacerdotal. “Si me falta el amor…” todo queda diluido, aunque parezca perfecto.

Paulino Sáez López, C.M.

 

 

 

 

David Carmona, C.M.

David Carmona, Sacerdote Paúl y actual Visitador de la Provincia de Zaragoza. Es canario y actualmente reside en la comunidad vicenciana de Casablanca (Zaragoza).

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