EL SIMPOSIO  EN ROMA Y ALGO MÁS

EL SIMPOSIO  EN ROMA Y ALGO MÁS

Los días 13, 14 y 15 de octubre de 2021 se ha celebrado, en Roma, el Simposio de la Familia vicenciana, con motivo de los 400 años del Carisma.

Como todos los acontecimientos importantes, éste, no sólo ha tenido sustancia; sino también algunos accidentes.

 Los tres hitos más importantes:

 1º. Un escalofrío recorrió la plaza. Había entrado el corazón de san Vicente, y, al aplauso atronador, largo, muy largo, le siguió un profundo silencio reverente, cuando fue entronizado en la plataforma al efecto.

La plaza estaba engalanada para las beatificaciones del día siguiente, pero un cuadro de san Vicente, demasiado a ras de suelo, presenciaba la celebración.

La procesión, o traslado, demasiado sencilla: sin cruz, ni velas, ni séquito… ningún acompañamiento.

 (Seguro que los entendidos dirán que eso era lo mejor y que los acompañantes éramos todos los presentes).

La espera, hasta la entrada del Papa Francisco,  se intentó llenar con mucha música, varios testimonios y alguna oración.

El tiempo avanzaba demasiado lentamente, con el miedo de que, después, corriera demasiado, cuando apareciese el Santo Padre.

Demasiado tiempo para llenar; mucho tiempo, cuatro horas, de 8 a 12. Pero la expectación hizo menos larga la espera. Por otro lado, el hecho de no estar lejos del estrado, hacía entretenida la mañana, atentos al desfile de personajes, que se iban situando en el lugar que les correspondía.

La música, muy entretenida. Aida Baladi, de JMV de Siria, comenzó las experiencias. Continuó Mark McGreevy, Administrador Delegado de la DePaul Internacional. Después intervino Clarence Gilyard, actor norteamericano. Y, por último, Antonio Gianfico, Presidente Nacional de la Sociedad de San Vicente de Paúl, y algunos beneficiados, italianos, por la caridad de la Sociedad de S.V.P.

(Todos los testimonios nos los habían entregado, traducidos a los seis idiomas oficiales, en el Libro del SYMPOSIUM.)

Se atendía a las intervenciones, pero, según iba avanzando el tiempo, la impaciencia, reflejada en las miradas al reloj y los casi malos modos al increpar a quienes, estando en primera fila, se subían a las sillas sin pensar en los de la segunda, hacían cada vez más densa la inquietud, ya no serena.

  1. Como el in crescendo de una orquesta, o como el galopar del corazón ante lo más deseado, rompió la plaza en clamor, cuando apareció el papamóvil por la puerta de la derecha, mirando hacia la Basílica. Entre el clamor, los vivas y el pasmo, el Papa fue recorriendo, sonriendo y saludando, por todos y cada uno de los pasillos en los que estaba dividida la plaza.

Subió al estrado y se hizo un profundo silencio. El Papa, de pie,  rezaba ante el corazón de San Vicente.

Cuando se sentó, breve, pero sonoro aplauso, y el saludo del General,  P. Tomaz Movric, C.M., al Santo Padre: Expuso el tema del Año Jubilar, “acoger al forastero”; y el comienzo del carisma, en el año 1617, al descubrir san Vicente la pobreza material y espiritual. Las ramas de aquella semilla de mostaza alcanzan, hoy día, más de 200 Asociaciones, con más de dos millones de miembros, en unos 150 países.

“Su liderazgo e inspiración, continuamente despiertan nuestros corazones, recordándonos con frecuencia el mensaje central de Jesús; y nos dan coraje y fuerza para entregar nuestras vidas en el servicio a los pobres”.

Recordó las palabras del Papa de “salir a las periferias”, “hacer ruido con los pobres y por los pobres y en el nombre de los pobres”.

Para terminar diciendo: “Santo Padre, es una gracia inimaginable estar aquí hoy, con usted. Damos gracias a Jesús por el don de su vida; por el regalo a la Iglesia y al mundo; por su regalo a los pobres. Así como pedimos su bendición, nos gustaría pedirle también que continúe orando por nosotros, como nosotros sinceramente le prometemos, seguir orando por usted”.

El Santo Padre, en su breve discurso, conectó perfectamente con el sentir y el pensar vicencianos, mediante tres verbos: Adorar, acoger, caminar. Entresaco algunas de sus ideas:

“San Vicente ha generado un impulso de caridad que dura siglos: un impulso que brotó de su corazón. Por eso hoy tenemos aquí el corazón de San Vicente”.

Adorar: Son innumerables las  invitaciones de San Vicente  a cultivar la vida interior y a dedicarse a la oración que purifica y abre el corazón… Esto es la adoración: ponerse delante del Señor, con respeto, con calma y en silencio, dándole el primer lugar, abandonándose confiados… El  que adora, el  que va a la fuente viva del amor no  puede por menos que  ‘contaminarse’, por decirlo así. Y empieza a comportarse con los demás como el Señor hace con él: se vuelve más misericordioso, más comprensivo, más disponible, supera sus durezas, su rigidez y se abre  a los demás”.

Acoger: Significa redimensionar el propio yo, enderezar la forma de pensar, entender que la vida no es de mi propiedad privada, y que el tiempo no me pertenece… El cristiano acogedor es un verdadero hombre y mujer de la Iglesia, porque la Iglesia es Madre, y una madre acoge y acompaña la vida”.

Caminar: El  que ama no se queda en un sillón mirando, esperando el advenimiento de un mundo mejor, sino que con  entusiasmo y  sencillez se levanta y se va. Lo decía San Vicente: ‘Nuestra vocación es ir,  no a una parroquia, ni solamente a una  diócesis, sino a toda la tierra. ¿Y para qué? Para inflamar los corazones de los hombres, haciendo lo que hizo el Hijo de Dios’…

Gracias por estar en movimiento por los caminos del mundo, como San Vicente os pediría hoy también. Os deseo  que no os detengáis, sino que prosigáis sacando cada día de  la adoración el amor de Dios y lo difundáis por todo el mundo a través del buen contagio de la caridad”.

 

Terminado el discurso que, aunque profundo, supo a poco, el Santo Padre saludó a los Cardenales y Obispos de la Congregación de la Misión, al P. Superior general, al Presidente del Parlamento europeo, a la Superiora general de las Hijas de la caridad, a la Presidenta internacional de la AIC, al Presidente internacional de la sociedad de san Vicente de Paúl… y a algunos más, no sé cuántos, y le fue entregada, por el Presidente Internacional de la Sociedad de San Vicente de Paúl, la biografía, recién presentada en París, de Federico Ozanam.

 

Como no hizo el recorrido de la entrada; todas las miradas le buscaban, desde cada rincón, por si era posible sentir, una vez más, su presencia cercana.

 

  1. La celebración de la Eucaristía final, día 15, programada para las 10.30, fue apoteósica. La Basílica de San Pablo Extramuros a reventar. No sé cuántas personas caben, ¿10.000? Estábamos todos los participantes en el Simposio. Y algunos más. Más de 500 sacerdotes, casi todos paúles, los tres padres generales vivos, bastantes obispos y arzobispos, incluido el maronita del Líbano, que destacaba por su llamativa vestimenta; y dos cardenales.

 

Presidió la concelebración el P. Superior general, acompañado, en el altar, por los PP. Robert Maloney y Gregory Gay.

Los Cardenales, arzobispos y obispos, no concelebraron, (por razón de presidencia) sino que asistieron a la celebración, sin concelebrar.

Comenzó la ceremonia con la entrada de las banderas de más de 150 países, en los que está establecida la Familia Vicenciana. El Himno “ENSÉÑANOS A AMAR”, del P. Juan Javier Iñigo Monreal, nos envolvió al principio, al medio y al final. En español y en los demás idiomas oficiales; pero, sobre todo, en español.

Desde el principio

El jueves 12, día del Pilar, salimos desde España en diversos vuelos hacia Roma. En el que fue el que suscribe, llegó a Fiumicino a las 5.15 de la tarde, con adelanto. El autobús nos trasladó al Leoniano donde, después de hora y media de espera, a la puerta, nos entregaron las acreditaciones. Nos dieron una mochila, en la que está estampado el anagrama del cuarto centenario, con el libro del Symposium, una pañoleta amarilla, un poncho, por si llovía, también amarillo, y la chartela para que escribiésemos el nombre. Esta espera hizo imposible la asistencia a la Vigilia en san Juan de Letrán.

Nos llevaron al hotel, ¡de cuatro estrellas! Seguramente serían de oropel. Imagínese el lector una pensión, como mejor parecido de lo que era en realidad.

Nada más abrir el libro, para curiosear e informarme, me di cuenta de que se habían olvidado de poner la programación en español. Un políglota me dijo después que las traducciones eran muy deficientes.

Pero la mayor sorpresa la tuvimos cuando vimos que en el apartado de la Eucaristía había desaparecido el Polaco, una de las lenguas oficiales, y había aparecido el catalán, como si, como solemos decir, una mano negra se hubiera encargado de que la Familia Vicenciana apareciese tomando partido en este asunto concreto. ¿Quién? ¿Con qué intención? ¿Con qué medios?

Las lenguas oficiales fueron: Inglés, Italiano, Francés, Español, Portugués y Polaco.

El día 13 tuvimos que madrugar, ya que el lugar de nuestro encuentro estaba bastante lejos. Nos dividieron por grupos lingüísticos, y a los de lengua española tuvimos que reunirnos en Palacavicchi. Grandes salones en los que, dependiendo del ponente, se oía mejor o peor. La megafonía era buena.

Sí se oyó, en una de las presentaciones, cómo la presentadora nos hizo recordar a algún personaje conocido, al decir que la conferenciante era “miembra” de…

Los organizadores tuvieron que cambiar el orden de las charlas, porque el primer ponente no llegó a tiempo.

Así que, la primera intervención correspondió a Margarita E. Henao, miembro de la Sociedad de San Vicente de Paúl en Medellín, Colombia, que dio la charla con el título:

Educación-comunicación para la movilización

Resumiendo, dijo: Se debe iniciar con el conocimiento mutuo, realizado desde nuestra naturaleza de católicos y vicentinos, buscando en nuestras fuentes: Las Escrituras y los escritos de San Vicente de Paúl, Luisa de Marillac y Federico Ozanam.

Y plantea lo en tres temas:

  1. Nuestro punto de partida.

Previa a la comunicación, tenemos que hacer claridad sobre la clase de persona que es el migrante y el análisis se hace desde las fuentes propuestas. Nos preguntamos si son invasores o personas que, guiadas por la necesidad buscan, con nuestra ayuda, reencontrarse de nuevo y recomenzar una nueva vida.

Un segundo paso debe ser el conocimiento integral del migrante en todas sus dimensiones. En este paso, el migrante será el emisor y los vicentinos permanecerán en actitud de escucha, con respeto y actitud abierta, sin emitir juicios.

El tercer paso es darnos a conocer al migrante. El objetivo es entregarle una información completa para facilitarle su adaptación al nuevo medio. 

El cuarto paso es acompañar al migrante en la búsqueda de su autopromoción, debe hacerse desde su necesidad y habilidades, no desde nuestro deseo, dándole prioridad a la relación interpersonal de respeto, valoración y comprensión.

  1. El itinerario de Emaús.

Se asimila el migrante a los caminantes de Emaús, quienes llenos de desesperanza  caminan hacia el exilio. El vicentino debe hacer lo mismo que Jesús con ellos, estableciendo una comunicación que les permita recuperar su historia en todas sus dimensiones y por medio de la educación abrirles los ojos, para que los migrantes y los vicentinos tengan el encuentro con Cristo en el prójimo.

  1. Cómo haremos esto.

Se describen los recursos técnicos que le permitirán al migrante un rápido aprendizaje de la lengua, las costumbres, las normas y el medio en que se desarrollará su vida y a los vicentinos las actividades que se deben proponer en esta nueva relación.

Segunda ponencia:

 “Espiritualidad Vicentina y Profecía: La sal nunca debe perder su sabor”. La impartió el Hno Alberto Mallorquín, C.M. guatemalteco.

Así como la sal está para dar sabor a la comida, así está la Espiritualidad Vicentina para dar  sentido a la vida de los pobres. Todo el ser y quehacer de la Familia Vicentina en el mundo está encaminado a generar espacios y tiempos que lleven a la vida en plenitud de los preferidos de Dios. En algunas ocasiones, nuestra espiritualidad puede verse distorsionada y apartarse de su fin, de su razón de ser. Esos momentos son peligrosos, pues así como la sal puede perder su sabor, así la Familia Vicentina puede convertirse en un grupo de personas que ocupan un espacio y un tiempo eclesial, pero solo están de adorno en un salero, perdiendo su sabor salado y su forma de granos. Por tal razón, dentro del contexto de la celebración de los 400 años de nuestro carisma y bajo el lema de “Fui forastero y me recibiste”, se hace una reflexión desde la base bíblica, sobre la experiencia de la persona creyente-vicentina y su compromiso profético con quien vive la experiencia de ser forastero.

Es una invitación a no perder nuestro sabor propio, nuestra Espiritualidad Vicentina, y buscar una reflexión y conversión continua para responder a las distintas realidades sufrientes en el mundo.

Después de los diálogos, de las aportaciones y recomendaciones, a las 12 del mediodía, tuvimos un tiempo para reponer fuerzas. Comida de picnic: Dos a modo de bocadillos, ninguno de prosciutto crudo, una manzana, un dulce y una botella de agua.

Como calentaba bastante, fuimos buscando acomodo en las pocas sombras que se ofrecían.

A las 13.30, estaba programada la tercera intervención. Casi fuimos puntuales.

Sor Ana Belén Pérez, Hija de la Caridad, que en la actualidad está de traductora en la Casa Madre de París, leyó, con mucho acierto, como si fuera propia, la ponencia de Sor Francoise Pettit, Hija de la Caridad, desde el año 2015 Asistenta general.

Título: ¿Hacia qué futuro?

Como San Vicente de Paúl, millares de hombres y de mujeres, hoy, se sienten impresionados por el sufrimiento y las debilidades del cuerpo, de la mente y del alma de los hermanos y de las hermanas que les rodean. ¿Cómo colaborar, con otros, en un futuro más humano? Una convicción, una llamada, una actitud. 

Los pobres están en el corazón de nuestras vidas. Esta convicción exige un cambio de comportamiento y de estilo de vida por medio del compartir y de la cercanía auténtica. 

Superar las barreras. Esta llamada es una invitación a ser más fraternos superando los obstáculos que existen en nosotros, entre nosotros y hacia el otro que es diferente. 

La acogida recíproca. Dar y recibir puede convertirse en una manera de ser, un signo de fraternidad evangélica, que pone en evidencia la misma dignidad de los hijos de Dios. 

A modo de conclusión, algunas invitaciones más concretas, puesto que el futuro depende de nuestra respuesta hoy. Si los pobres están en el corazón de nuestras vidas, si superamos las barreras, si vivimos la acogida recíproca, entonces «Brillará tu luz en las tinieblas, tu oscuridad como el mediodía» (Is 58,10).

A las 15 horas concelebramos la Eucaristía, que estuvo amenizada por el desfile de las legiones romanas, o eso parecía, ya que los jóvenes consagrados, a la misma hora, tuvieron un encuentro, justo encima del salón de la celebración. Parece ser que su celebración requería esa marcha.

Presidió el P. David Carmona, Visitador de la Provincia de Zaragoza (España), acompañado en el altar por el P. Jesús María González, Visitador de la Provincia San Vicente – España, y el P. Santiago Azcárate, C.M.

Al terminar el día, algunos comentamos: En este Simposio, la vieja Europa, a pesar de su ciencia y su experiencia, ha quedado relegada. Los vientos se han llevado al otro lado del mar los mandos de esta nave. Aunque, por ahora, se nota bastante la falta de experiencia.

Algunos, todavía tuvimos tiempo de pasearnos un buen rato por Roma. Guiados por el P. Jesé María Nieto, conocedor de la ciudad, de la cultura y de la historia, pudimos gozar, con sus explicaciones, de San Juan de Letrán, Santa María la Mayor, el Coliseo, el Arco de Constantino… y, el día 14, de San Pedro y San Pablo.

El sábado, día 14, amaneció espléndido. Nadie se quejó del madrugón; teníamos que llegar con tiempo a la plaza de san Pedro. Aunque por mucho madrugar no amanece más temprano, lo que sí constata la experiencia es que si entras pronto en la plaza de san Pedro, puedes situarte mejor que quien llega tarde. De esta manera pude ver de cerca el corazón de san Vicente y sacar un primer plano del Papa Francisco.

Arriba está narrado el acontecimiento.

Imposible entrar a la Basílica, después de  la celebración. Pero, como algunos no nos resignábamos, nada más terminar la comida, cerca del Vaticano, nos pusimos en la fila y, aunque larga, no se hizo pesada la espera. De esa manera pudimos saborear, algunos por no sé qué vez, esa maravilla. ¿Cuántos caben? Se podía andar, pero culebreando.

Este día, a las siete de la tarde, estábamos citados en San Pablo Extramuros, para la Vigilia, organizada por Juventudes Marianas Vicencianas, en la que pudimos venerar la reliquia de san Vicente, su corazón.

Una lástima: La megafonía, primero hacía un eco infernal y, después, se apagaron los altavoces. Como no es una iglesia pequeñita, no pudimos seguir la dinámica preparada. No se oía nada. Es de agradecer que durara menos de lo previsto. Los sentimientos acompañaron a los organizadores y la empatía hizo que sufriéramos todos ante las anomalías.

El día 15, pleno de sol, estábamos convocados a las 10´30, en san Pablo Extramuros para la celebración de la Eucaristía final. Grandiosa.

A la descripción de arriba, hay que añadir que fuimos registrados, uno por uno, para seguridad de todos, tanto el sábado como el domingo.

Como la celebración comenzó con 40 minutos de retraso, y se alargó bastante por el desfile de banderas, muy hermoso, algunos se tuvieron que salir a la comunión, porque el avión no iba a esperar, ya que no se trataba de diputados europeos.

Un pequeño fallo: No parece razonable que en una celebración con más de 500 sacerdotes tengan que subir, uno por uno, al altar para comulgar. Fuera de lógica, terminaron los fieles de comulgar y aún continuaba la larguísima fila de sacerdotes subiendo al altar.

Por lo demás, al pensar en Roma se piensa en la Ciudad Eterna. Las deficiencias, pequeñas o grandes, se subsanan dando una vuelta por el Foro Romano o, simplemente, contemplado, de entre las muchísimas bellezas, la Piedad de Miguel Ángel.

Paulino Sáez López, C.M.

 

                                                                                                                               

 

 

 

 

David Carmona, C.M.

David Carmona, Sacerdote Paúl, es canario y actualmente reside en la comunidad vicenciana de Casablanca (Zaragoza).

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