Federico Ozanam: un modelo para nuestro tiempo

(En el segundo centenario de su nacimiento: 23 de Abril de 1813)

El nombre de Federico Ozanam es sobradamente conocido entre nosotros por ser fundador, junto con otros seis amigos, de las Conferencias de San Vicente de Paúl. Su persona, sin embargo, es probablemente menos conocida. Conviene, por eso, en el segundo centenario de su nacimiento evocar su figura. Una figura, además, que resulta reveladora en este Año de la Fe.

Federico Ozanam nació en Milán el 23 de Abril de 1813. Se encontraba allí su familia circunstancialmente y ya en 1815 se trasladan a Lyon, de donde eran originarios y donde el cabeza de familia ejerce la medicina. Entre 1831 y 1836 se instala en Paris como estudiante de Derecho, obteniendo el doctorado en 1836, título al que añadirá el de doctor en Letras en 1839 con una brillante tesis sobre Dante. En lo sucesivo, su vida va a estar ligada a la enseñanza universitaria, primero en Lyon y después en La Sorbona parisina. Su matrimonio en 1841 con Amelia Soulacroux, hija del rector de la Universidad de Lyon, le hace extender sus relaciones en los medios universitarios. Será a la vez asiduo colaborador en la prensa de la época, publicando multitud de artículos sobre los más variados temas. Su temprana muerte el 8 de septiembre de 1853 truncó su admirable carrera, pero rubricó una vida de fe, caridad y coraje. Ozanam fue beatificado por el Papa Juan Pablo II en la catedral de Notre Dame de Paris el 22 de agosto de 1997 en el transcurso de la Jornada Mundial de la Juventud.

federico-ozaman3Si algo destaca en la vida de Federico Ozanam es el vigor de su fe confesante, lo cual viene bien resaltarlo en este Año de la Fe. Decían quienes lo conocieron que todo cuanto pensaba y hacía estaba marcado por su gran fe católica. Ya de estudiante se empeño en formar un grupo de amigos “que trabajaran juntos en el edificio de la ciencia bajo el estandarte del pensamiento católico”. Como profesor, confesaba y defendía su fe en presencia de una juventud numerosa y ante sus colegas mayoritariamente ateos. En aquella época tan difícil de la historia de Francia, Ozanam proclamó incansablemente su fe en las cátedras universitarias, en los periódicos, en los artículos de revistas, en las casas de los pobres, en su familia y en cuantos foros se le presentaban. Para Federico la fe resultaba la verdad vivida.

Curiosamente vivió con firmeza la fe cristiana desde su condición de laico. En aquella primera mitad del siglo XIX en la que el monje y el religioso representaban el modelo del cristiano, Ozanam estaba convencido de su papel como laico en la Iglesia. “La tierra se enfría y es a nosotros  a quienes nos corresponde la gran obra de la regeneración… Cada uno de nosotros lleva en su corazón un germen de santidad que la simple voluntad bastaría para hacerlo fructificar”. “Hay que mostrar a la juventud que se puede ser católico y tener sentido común, que se puede amar la religión y la libertad”. “Apresuraos a esta sagrada cita en la que el seglar se encuentra asociado al sacerdote en la obra de la redención universal”. Resuenan hoy con pleno valor esas palabras de Ozanam en nuestros oídos, empeñados como estamos en la tarea de la nueva evangelización.

La gran obra de Ozanam fue, sin embargo, su contribución al nacimiento de las Conferencias de San Vicente de Paúl. Un joven santsimoniano echó en cara a los estudiantes católicos el contraste entre la acción cristiana de la antigüedad y la debilidad del momento presente, vaticinando que se llegaría así a la extinción del cristianismo. La respuesta de Ozanam, junto con otros cinco amigos, fue la formación del primer grupo de caridad, germen de las Conferencias que se fundarían en 1833. Se trataba de “cerrar al mundo dentro de una gran red de caridad con el fin de mejorar la suerte del pueblo y aligerar el yugo de las necesidades de los pobres”. La chispa de aquella primera conferencia prendió rápidamente en Francia y se extendió enseguida a otros países con el nombre de Sociedad de San Vicente de Paúl y bajo el patrocinio de este gran campeón de la caridad.

La Sociedad de San Vicente de Paúl, auspiciada por Federico Ozanam y sus compañeros, abarca hoy a prácticamente todo el mundo, siendo más de 700.000 el número de sus miembros. La práctica de la caridad, la lucha por la justicia, el testimonio de una fe activa caracteriza a sus componentes. Su cifra en España está en torno a los 2.000 consocios, y conocemos las Conferencias en muchos de los ámbitos de nuestra Provincia: Bilbao y Pamplona, las tres capitales de Aragón, Cuenca y Albacete, Las Palmas y Tenerife, Honduras. Varios de nosotros trabajamos, además, con ellas desde nuestra labor de asesores religiosos. Merece la pena animar e impulsar el dinamismo de este movimiento de la Familia Vicenciana. ¡Ojalá el recuerdo de Federico Ozanam en este segundo centenario de su nacimiento vigorice los grupos de las Conferencias para que puedan aumentar su dedicación a los pobres! ¡Y ojalá la fe firme y confesante de este gran cristiano aliente nuestro coraje creyente en este Año de la Fe!

Santiago Azcárate Gorri, C.M.

David Carmona, C.M.

David Carmona, Sacerdote Paúl, es canario y actualmente reside en la comunidad vicenciana de Casablanca (Zaragoza).

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