Formación permanente – Provincia

REUNIÓN DE MINISTERIOS
(Casablanca, 10 y 11 de diciembre)

EM'15

De bien nacidos es ser agradecidos, reza el refrán. Viene a cuento por las muchas atenciones que recibimos en cada uno de los encuentros, que, no por repetidas, se deben olvidar. Muchas gracias.

Una reunión más, pero distinta. Las reuniones, por razón del formato, parecen iguales, pero no son iguales. Cada una tiene su propia identidad. A pesar de que de los asistentes, 23 en esta ocasión, suelen repetir, el ambiente que se crea en cada una es distinto. Por las fechas, por el tema, por lo que sea. Y eso sí, en todas, si se tiene interés, se aprende; unas veces más y otras, menos. En ésta, mucho.

Esta reunión de MINISTERIOS, los días 10 y 11 de diciembre de 2015, en Casablanca, he resultado muy interesante. No porque el tema fuese nuevo. Seguro que todos habíamos leído y reflexionado mucho sobre la Evangelii Gaudium, pero, cuando se escucha a otro, aunque exponga las mismas ideas, se hace nueva. Ese otro punto de vista enriquece lo reflexionado personalmente e ilustra los conocimientos por aquello de las distintas perspectivas.

Esto es lo que ha sucedido en esta ocasión. D. Fernando García Cadiñanos, sacerdote de la diócesis de Burgos, delegado episcopal de Cáritas, en cuatro sesiones, muy bien preparadas, ha hecho su relectura de la Evangelii Gaudium, y nos ha ilustrado y confirmado en muchos aspectos.

Voy a destacar algunas de las abundantes ideas, expuestas durante casi seis horas, entresacadas de los contenidos de la E.G.

Partiendo del mundo en que vivimos, se constata, tristemente, que el drama radica en la injusticia y la increencia. La injusticia, que causa la pobreza, por la “inequidad” de los seres humanos, y que, a la vez, genera las grandes diferencias sociales. Con el agravante de que la pobreza y la marginación pueden y suelen generar violencias, nunca justificables, pero, a veces, comprensibles.

Al considerar la economía como el único absoluto, se rechaza la ética económica. No se puede jugar con las migajas que caen de la mesa, -comida de los pobres-, como en la parábola, porque, a mayor crecimiento económico, para que no se derramen, se ponen más medios que lo impidan. De esta manera, nunca llega a los más necesitados.

Si añadimos que la competitividad desconoce el bien común, encontraremos la ley del más fuerte, cuyo absoluto es: ganar, gastar, gozar.

Este modelo económico se sustenta en el modelo cultural. La economía produce exclusión y el modelo socio-cultural actual se basa en el “descarte”. Es decir, que se echa a la gente, se tira a la gente. Razón: Falta de compromiso comunitario. Desde la cultura del bienestar, felicidad, aquí y ahora, no se puede llegar al drama de los demás, de los que más sufren; porque la cultura del bienestar anestesia los sentimientos.

Tanto el modelo económico, como la globalización de la indiferencia, que insensibilizan, conducen a la deshumanización; de ahí la crisis de “lo humano” y la falta de responsabilidad en lo relacionado con el otro.

En el fondo de estas realidades, constatadas, está el drama de la muerte de Dios. Y, como el que no cree en Dios, -como decía Chesterton-, puede creer en cualquier cosa, se hace que sea dios, lo que no lo es. Y se actúa como si Dios no existiera. Pero, cuando Dios muere, cuando desaparece, el hombre se esclaviza. Por estar arrodillados ante el tener y el poder, se van reduciendo los derechos humanos y el hombre se hace esclavo de sí mismo. Frente a los intentos de privatización de la fe, es necesario recuperar la dimensión social de la fe para profundizar en el propio ser.

Con base en la Evangelii Gaudium, la dimensión social de la fe es fundamental, ya que la fe intimista, como bienestar individual, no lleva al compromiso. Lo importante no es que yo sea bueno, sino que haga bueno a nuestro mundo. La fe auténtica nunca es cómoda ni individualista, sino que implica un deseo profundo de cambiar el mundo.

Este mundo en el que es necesaria una nueva etapa evangelizadora, porque, en el ateísmo, el indiferentismo y el paganismo, lo religioso está abandonado.

Desde esta dimensión social de la fe se ve con claridad que lo caritativo-social no es periférico ni accidental en la evangelización, sino parte constitutiva.

A la vez, aparecen muchas preguntas: Entre otras, ¿qué mundo queremos dejar a los que vienen detrás de nosotros? Para el creyente, la respuesta está en el Evangelio, ya que la Iglesia nace a los pies del Crucificado. Y se repasa la misión sanadora de Jesús, y el “dadles vosotros de comer”, el pan material y el pan de Dios. Es decir, la evangelización integral, que lleva a la promoción y al desarrollo integral del hombre. A todo el hombre y a todos los hombres, teniendo como base la doctrina social de la Iglesia.

No es que la doctrina social de la Iglesia tenga que hacer proyectos concretos, pero sí debe iluminar los proyectos concretos. Y, por supuesto, sirve para orientar el comportamiento social de los cristianos. De tal manera, que la doctrina social de la fe debe llevar a una pastoral misionera, en contraposición a la pastoral de conservación.

La pastoral de conservación está replegada sobre sí misma y sin contacto con la sociedad. Centrada en el culto, con una espiritualidad intimista. Y, con relación a los pobres, es asistencial, de forma puntual. Parece claro que, en esta pastoral, se da poca inquietud social.

La pastoral misionera se asienta en lo esencial, rehabilitando la caridad como experiencia fundamental, que, según el Papa, consiste en la salida a las periferias, geográficas y existenciales. Caridad que es la plenitud de la justicia, que no atonta, sino que defiende derechos. Si no se da esta caridad comprometida, se puede caer en los sentimentalismos. Toda la pastoral de la Iglesia debería ser profundamente social. Tarea de todos los creyentes, no solo de personas especializadas. Esta tarea lleva incluida la dimensión política, que no es otra que la denuncia de las injusticias.

Esta tarea de despertar la fe social verdadera lleva, por necesidad, a la centralidad de los pobres; sabiendo que pobre, en definitiva, es el que depende de otro. Las distinciones entre pobreza y miseria; pobreza material, moral, espiritual, son válidas. Lo cierto es que hay que vivir la pobreza, pero rechazar la miseria.

El deseo del Papa. “iglesia pobre y para los pobres”, se complementa con una Iglesia que evangeliza y se deja evangelizar por los pobres. Realidad que debe plantear la forma de pensar, de sentir y de vivir.

Es difícil acercarse al pobre y hacer que él se acerque. Habrá que emplear los mejores medios para atraerlo: la escucha, la solidaridad, el acompañamiento. Con gestos concretos, pero pensando siempre en el cambio de las estructuras injustas, como medio de liberación.

A la sencillez y profundidad del ponente, hay que sumar el diálogo y las aportaciones, siempre interesantes, de los asistentes.

La Eucaristía concelebrada cerró el día primero.

El día segundo comenzó, según costumbre, con el rezo de Laudes y la concelebración de la Eucaristía.

El trabajo estuvo centrado en LAS MISIONES POPULARES.

El P. José María Ibero, en nombre de la Comisión que coordina, fue exponiendo el proceso que están llevando a cabo para llegar, al final, a configurar un Equipo, con el fin de misionar donde sea más conveniente, según el estilo vicenciano.

Durante toda la mañana fue desgranando las abundantes respuestas recibidas, y, en diálogo abierto, sumando las muchas aportaciones de los asistentes, sobre los tres apartados propuestos: IDENTIDAD, EQUIPO, DESTINATARIOS, con bastantes apartados.

Como vamos a ir conociendo los pasos que vayan dando en la Comisión, hasta llegar al final, les ahorro explicaciones.

El P. Visitador dio las gracias, las sugerencias pertinentes y los deseos de felicidad para todos los presentes y para cada uno de los misioneros de la Provincia.

Paulino Sáez López, C.M.

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David Carmona, C.M.

David Carmona, Sacerdote Paúl, es canario y actualmente reside en la comunidad vicenciana de Casablanca (Zaragoza).

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