
Nacida en Pozzaglia Sabina, (Rieti) Italia, el 27 de marzo de 1864. En una numerosa familia compuesta de once hermanos en la que ocupaba el segundo lugar. Fue bautizada el mismo día de su nacimiento y se le impuso el nombre de Livia. Su familia tradicional y de modestas condiciones económicas donde toda la autoridad la ejercía su abuelo Domenico.
En la casa reinaba la armonía y la paz y la fe se vivía concretamente. La infancia despreocupada de Livia fue muy breve ya que muy pronto le confió su madre pesadas responsabilidades que la convirtieron en la
niña en "quien se puede confiar ciegamente"
Aunque Livia no puso ir a la escuela, aprendió mucho gracias a las clases que le daba su abuelo Domenico. Pues además de ocuparse de la casa, los campos y los animales y, para ganar un poco de dinero y equilibrar el gasto familiar, desde los siete años participó en la construcción de la carretera a Poggio Maiano transportando piedra y arena por media lira al día, además de bajar a Tivoli con sus compañeras, de quienes se responsabiliza moral y religiosamente ante sus familias, para la cosecha de la aceituna.
Todo esto hace ver que tuvo una infancia y adolescencia caracterizadas por responsabilidades concretas y pesadas lo que le hizo adquirir una personalidad muy marcada: leal, decidida, respetuosa, obediente y con un gran sentido de la dignidad y la justicia, También muestra una decisión de seguir su camino hasta el fin sin vacilar; jamás rehuirá el sacrificio y aunque lleva una vida dura, es dulce y pacífica en todo y con todos.
Le gusta apartarse para orar pero se une con frecuencia a sus compañeras en una oración sencilla y espontánea. Fue confirmada a los cuatro años y tuvo que esperar doce más para hacer su primera comunión. Desde su adolescencia, deseaba ser religiosa y, en el otoño de 1885, ya no oculta su deseo y se prepara para entrar en el convento.
Llegada la carta de admisión, dejó su familia el 23 de marzo de 1886 y fue admitida en la Casa General de las Hermanas de la Caridad, donde hizo su postulantado y noviciado con gran empeño y sin que le costara mucho, ya que Livia era una mujer de temperamento sólido, templada por la vida laboriosa, acostumbrada a darse a los otros, con una sensibilidad y con un corazón grande, abierto al sufrimiento de los demás.
Convertida en Sor Agostina el 13 de agosto de 1887, fue enviada como enfermera al hospital "Santo Spirito" de Roma, primeramente en el departamento de niños pasando luego al de tuberculosos. El clima del hospital exigía mucha atención y prudencia porque a las hermanas se les ponía toda clase de dificultades ya que la consigna era secularizarlo pero a Sor Agostina no le hace falta la boca para "proclamar a Dios", le basta su corazón abierto al sufrimiento del prójimo.
No hace acepción de personas. Para ella sólo existe el hombre que sufre, bueno o malo, creyente o incrédulo, agradecido o ingrato, rico o pobre, a todos trata igual, las excepciones son para los más necesitados. Vive el servicio a los tuberculosos como una recompensa. No se deja impresionar sino que a las groserías y maldades responde con amabilidad, paciencia y atención. Ante los continuos ataques, insultos y amenazas de los enfermos ella adopta la táctica de la dulzura.
Tras un pequeño paréntesis para su profesión religiosa. Acaecida el 23 de septiembre de 1893. Sor Agostina reinicia su trabajo cotidiano en el hospital. Al descubrírsela tuberculosa suplica a su Superiora, que quiere cambiarle el trabajo, que la deje entre sus tuberculosos. De hecho, después de una breve convalecencia, regresa a si trabajo, poniendo todo su empeño en tener contentos a sus enfermos aunque son muy desordenados. En especial un tal Romanelli.
Una noche, Romanelli y dos compañeros suyos hacen una de sus fechorías y el Director los expulsa del hospital. Romanelli está convencido de que fue Sor Agostina quien le denunció y desde ese momento, madura su proyecto para matarla. El 13 de noviembre de 1894, cuando al llegar la hora de la visita a los enfermos y las hermanas por orden de la dirección, se retiran para evitar enfrentamientos con los parientes, llega también Romanelli, se aposta en un estrechísimo corredor, esperando que pasen las hermanas y le asesta varias puñaladas mortales. Todo intento de auxilio fue inútil y Sor Agostina apenas tuvo tiempo de perdonar a su asesino esbozando una sonrisa.
El 12 de Noviembre de 1972 fue beatificada por Su Santidad Pablo VI y canonizada el 18 de abril de 1999 por el Papa Juan Pablo II y por Decreto del 29 de abril del año 2003, proclamada Patrona de las enfermeras.