La C.M. en la España del Antiguo Régimen (2) La C.M. bajo el Antiguo Régimen

Intentos de San Vicente por fundar en España

Tres parecen ser los intentos, en tiempos de San Vicente, por establecer la Compañía en España. El primero de ellos en Cataluña,1 desconociendo el lugar concreto, según se desprende de sendas cartas escritas por el Santo al Sr. Bernardo Codoing, sacerdote de la Misión, los días 14 de Abril y 13 de Mayo de 1644. En el mismo sentido debemos interpretar la nota sobre la recomendación de San Vicente al Sr. Martin para que aprendiese la lengua española. El segundo corresponde a Toledo2 del que se habla en las cartas dirigidas al doctor Loeus en 1653 y al Sr. Edmundo Jolly, también sacerdote de la Misión y superior de la casa de Roma, los días 6 de Julio de 1657 y 27 de Septiembre, 29 de Noviembre y 27 Diciembre de 1658. El tercer intento se refiere a Plasencia (Extremadura) según consta en carta de San Vicente al mismo Sr. Jolly.3

– El intento en Cataluña debe enmarcarse en el contexto insurreccional catalán de 1640 en tiempos de Felipe IV. Puestos al amparo del rey francés, se entienden los intereses y ventajas que en esta fundación puede tener la corona francesa. No se citan lugares concretos pero no sería muy lejos de Barcelona, ciudad bajo control francés.

En carta de 14 de Abril de 1644 dice san Vicente: «No he recibido todavía las tres mil libras que nos había prometido la reina para Cataluña y no sé si nos las entregará. Haga el favor de retrasar el viaje a Barcelona de los que había que enviar, hasta que hayan llegado estos«.

La carta de 13 de mayo del mismo año dice: «Ya veremos y usted verá desde ahí junto con el padre Dehorgny lo que se puede con Cataluña. Todavía no hemos tocado los mil escudos, ni tenemos muchas esperanzas de conseguirlos».

– El intento de Toledo viene reflejado en varios documentos.

La carta al doctor Loeus (James Dowley, vicario general de Limerick. Cuando los protestantes se apoderaron de la ciudad buscó refugio en España y fue acogido por el Arzobispo de Toledo) de 1653, dice:

«La paz de Dios, que es sobre todo sentido, llene nuestros corazones y nuestras inteligencias.

La carta que vuestra señoría ha escrito al Sr. Brin la considero, muy reverendo señor, como una prueba de su buena voluntad hacia nosotros, sobre todo después que por el P. Artagast, jesuita, he sabido que vuestra señoría le ha hecho escribir varias veces para suplicarnos que tuviésemos a bien mandar a vuestra señoría un resumen de la natura­leza de nuestro Instituto, con el fin de que lo vea una perso­na muy excelente, cuyo nombre me ha manifestado.

Doy muchas gracias a vuestra señoría y le quedo obli­gado en gran manera, tanto por la naturaleza y condición del lugar de donde se digna poner los ojos en nuestra humilde Compañía, como por los excelentes fines que se propone. Ya he entregado el resumen de nuestro Instituto al reveren­do P. Artagast, quien me ha prometido hacerlo llegar a ma­nos de vuestra señoría; y ahora con el mayor respeto y reverencia entrego a vuestra señoría mi corazón para que le ofrezca a Dios Óptimo Máximo e implore para mí su gran misericordia. Yo, mientras viva, tendré presente a vuestra se­ñoría en mis oraciones, y pediré al Señor que se digne bendecir y dar buen éxito a todas las ocupaciones y empresas de vuestra señoría.

El Sr. Brin al presente no está en París, y se halla en Gascuña, 150 leguas distante de aquí, al frente de una de nuestras casas en un pueblo de la diócesis de Agen, llama­do Nuestra Señora de la Rosa. De manera que se halla más cerca de ahí que de aquí, y tiene andado ya más de la mitad del camino. Ya le haré saber cómo su encargo está cumplido.

Mucho deseamos que se ofrezca ocasión de prestar a vuestra señoría algún servicio señalado, para corresponder en algún modo a la buena voluntad que vuestra señoría nos tiene. Esto, reverendisimo señor, desea muy de veras el humilde y obediente servidor de vuestra señoría«.

La carta a Jolly de 6 de Julio de 1657: «Me habla usted en su carta del 5 de junio de nuestra fundación en España y del ofrecimiento que ha hecho ese buen sacerdote, que ha sido jesuita, marchar allá a las órdenes de la persona que enviemos; todavía no hemos destinado a nadie y no vemos a nadie capaz de llevar aquello más que al padre Martín; pero es necesario en Turín. Hemos pensado también en el padre Brin, aunque deja algo que desear. Seguiremos pensando en ello y esperando la última decisión del señor cardenal de Toledo. Hay motivos para dudar de si es conveniente recibir en la compañía a ese buen gentilhombre español, y mucho más emplearlo en esa fundación, suponiendo que se lleve a cabo, antes de haberle probado y examinado la calidad de su espíritu. Puede usted entretenerle sin disuadirle ni comprometerse con él para nada».4

La carta a Jolly de 27 de Septiembre de 1658: «Me parece que no cabe esperar ningún resultado de la propuesta de Toledo antes de que se firme la paz entre las dos coronas; creo que ha sido lo que ha querido decirle el señor de Loeus (Santiago Duley), sin decírselo claramente, con sus respuestas generales y evasivas».

La carta a Jolly de 29 de Noviembre de 1658: «Le digo lo mismo, ya que nos hemos metido en el tema de las fundaciones, para responder a lo que usted me indica de la de To­ledo, adonde yo no veo que nos haya llamado Dios. Es verdad que en alguna otra ocasión el señor de Loeus nos ha hecho alguna propuesta de parte del señor cardenal arzobispo, en quien reside la facultad de llamarnos allá en nombre de Dios; pero él no nos ha llamado para eso y nosotros no tenemos que dar ningún paso para que nos llame, a no ser el de testimoniar al señor de Loeus nuestras disposiciones para responder a la llamada de Dios, en caso de que nos llame. Yo no tenía ninguna otra intención cuando le dije a usted que hablara con él. Si dicho señor cardenal mandase que le enviáramos algunos sacerdotes y solamente hubiera el inconve­niente de los gastos del viaje, nosotros los pagaríamos de buena gana, y algo más si fuera necesario; pero no me gustaría adelan­tarme a ese ofrecimiento, hasta ver si parte de él la iniciativa de llamarnos. Le ruego que le exponga al señor de Loeus nuestra forma de actuar y que no dé ningún paso más allá».

La carta a Jolly de 27 de Diciembre de 1658: «Acabo de recibir su carta del 26 de noviembre y la del señor de Loeus, junto con la copia de la que escribió al señor cardenal arzobispo de Toledo; me parece que no hay nada que decir en contra de ella, ya que el contenido de la misma y la manera de redactarla demuestran una gran prudencia y discreción. ¡Bendito sea Dios, padre, por la benevolencia con que ese buen doctor nos honra y por el testimonio que da en nuestro favor en esta ocasión! Me tomaré el honor de escribirle el primer día que pueda para agradecérselo, si no puedo hacerlo hoy mismo, como temo. Entretanto puede usted darle en mi nombre un millón de gracias por todos sus favores y asegurarle que le quedaremos eternamente agradecidos».

El intento de Plasencia (Extremadura) surge en 1660 de la mano de su recién nombrado Obispo, D. Luis Crespo de Borja. Estando en Roma, con una embajada del Rey Felipe IV, fue informado por un «ordenando» de su diócesis del buen hacer de los misioneros de Monte Citorio. Queriendo enterarse más detenidamente se entrevista con el P. Jolly, superior de aquella casa, quien comunica a San Vicente el interés del Prelado por establecer a los misioneros en su diócesis.

«Esta misma mañana, escribe a San Vicente, he estado con él y he hallado un Prelado muy celoso, que ha dado muchas misiones en su diócesis casi de la misma manera que las hace nuestra Congregación, con sola la diferencia que el las hace un poco más cortas. Pero lo que más le llama la atención y más le encanta, es esta nueva invención de trabajar en la formación de buenos eclesiásticos. Ha dicho que vendrá a nuestra casa durante los ejercicios de la próxima ordenación; me ha preguntado si cuando regrese a España podrán ir algunos de los nuestros con él, y me ha pedido una instrucción de cuanto se hace en los ejercicios, para enviarla a su diócesis con el fin de que luego se ponga en práctica». (Abelly). San Vicente responde: «En cuanto a lo que usted me dice de ese buen Prelado, embajador del rey de España, advierto que debemos bendecir a Dios por los sentimientos que le comunica respecto de la ocupación y empleo de los ordenandos, y por el celo que tiene para las misiones; pero en nombre de Dios le suplico que no haga Usted nada para que nos busquen. Por mucho que manifieste que desea tener en su diócesis a nuestros sacerdotes, no se lo prometa usted; pero tampoco debe hacer nada para hacerle perder el afecto que nos tiene, sino lo que ha de hacer es oir con respeto y agradecimiento lo que dijere, sin que usted se comprometa a nada. Respecto de la instrucción que ha pedido, dilate el entregársela cuanto pudiere; porque si al fin se resuelve a llevar Misioneros, tendremos mucha dificultad para dárselos tales como conviene para aquel reino; y además debemos guardarnos de introducirnos por nosotros mismos en los lugares y empleos donde no nos hallamos aun».

En ninguno de los casos se realizó la fundación desconociéndose los motivos últimos que lo impidieron.5

Fundación (1704-1774)

Las fechas que delimitan este período corresponden al establecimiento de la Primera Casa de la Congregación en Barcelona y al año en que se erige la Provincia Canónica de España. Por su singular importancia nos detendremos en cada una de las primeras fundaciones.

2.2.1. BARCELONA (1704)

Las directrices del Concilio de Trento acerca de la formación del Clero y de la necesidad de misionar al pueblo impulsaron a muchos obispos y sacerdotes a fomentar la creación de Seminarios e Instituciones dedicadas al ejercicio de las misiones. Uno de estos casos es el de D. Francisco Senjust y Pagés, Arcediano de la Catedral de Barcelona. Fracasado en su empeño (entre otras causas por el estado de guerra que se vive en Cataluña),6 entra en contacto en Roma (Montecitorio) con los Sacerdotes de la Misión y encuentra en ellos la plasmación de lo que hasta entonces había pretendido. Allí concibió la idea de traerlos a España y, para ello, además de sus gestiones, dispuso del capital necesario (una renta cercana a 200 doblones por año y una casa apropiada), a una con el Canónigo D. Jerónimo Enveja7 y otras menores aportaciones que a la hora de la verdad quedaron muy reducidas.8

Superadas no pocas dificultades9 (la más importante la exención de la Congregación respecto a la jurisdicción de los Ordinarios) y conseguida la licencia real10 hizo escritura el 6 de Noviembre de 1703 y el mismo día fue aprobada por el Sr. Obispo de Barcelona, el benedictino de Montserrat Fr. Benito de Sala.11 El 10 de Noviembre lo hizo el Virrey y, como había algunas rentas en los Obispados de Gerona y Urgel, debieron también aprobarlo sus correspondientes obispos.

El 8 de Julio de 1704 desembarcan en Mataró los primeros misioneros llegados de las casas de Montecitorio y San Giovanni e Paolo de la Provincia de Italia12 a la que quedará adscrita la nueva fundación. Son los Padres Juan Domingo Orsese (como Superior), Juan Bautista Balcone (como director de novicios) y Luis Narváez (como ecónomo);13 junto a ellos, dos Hermanos Coadjutores, Jaime Bisso y Antonio Camino.14 Se establecen en la calle Tallers de Barcelona,15 que ya ocupaba el Sr. Senjust, situada delante del Colegio dominico de San Vicente Ferrer. El Superior General de la C.M. anuncia la fundación a toda la Congregación en la circular del 1 de Enero de 170516 junto al nombramiento del primer Superior que recae en la persona del P. Orsese.

Pronto comienzan a desempeñar las funciones para las que fueron llamados, es decir, Ejercicios generales17 (Septiembre de 1704), Ejercicios a Ordenandos18 y Eclesiásticos (20 de Noviembre de 1704), Conferencia de Eclesiásticos19 (28 de Diciembre de 1707) y Misiones (San Quintín del 1 al 15 de Mayo de 1717). En bastantes casos, como se refleja en el Libro de Misiones de la casa, se daban los Ejercicios a los sacerdotes durante el período de la misión. El primer Seminario para futuros misioneros se abre en 1704.20 En el «Libro de Ingresos» figuran como primeros los PP. José Jofreu y Jaime Barrera. Del primero se dice: «A 20 de Julio de 1704 fue admitido en el Seminario de la Casa de la Congregación de la Misión de Barcelona el primero de todos de orden del General, el Rdo. Sr. José Jofreu, sacerdote nacido y bautizado en la Episcopal ciudad de Barcelona». Una semana después lo hará el Sr. Jaime Barrera.

La casa y comunidad pronto adquirirán un gran reconocimiento civil y eclesial, basado tanto en la personalidad de Senjust (muerto el año 1708) como en los trabajos que desempeñan. Es precisamente la primera de ellas (que le llevará a ser nombrado Arcediano Mayor de la Catedral de Barcelona por el Papa) la que motivará algunos roces con el Superior General que no pasaron a mayores aunque las cartas cruzadas entre uno y otros muestran una profunda inquietud. De igual manera creó algunos conflictos el hecho de haber sido autorizada la fundación directamente por el propio Papa21 (competencias con el Superior General) y el hecho de tener al Superior General en Francia (en guerra con los partidarios del Archiduque Carlos, «poseedor» de la ciudad cuando se funda la casa).22 En esta misma línea apunta el conflicto jurídico-administrativo referente a su dependencia de la Provincia Italiana o de la Curia Generalicia. Solucionado éste a favor de la primera saldrá a flote el segundo problema cuando la Provincia de Italia se divida en Romana y Lombarda. De hecho permanecerá ligada a la Provincia Romana hasta el año 1736, año en el que queda incorporada definitivamente a la Provincia de Lombardía, tras la visita que realiza a Barcelona el P. Bernardo de la Torre, Visitador de la Provincia Romana.23

Sobre su comportamiento en la Guerra de Sucesión, dice B. Paradela «no sabemos a punto fijo la parte que los misioneros tomaron en estas contiendas; pero teniendo en cuenta que el Archiduque presentó para la sede de Vich a un hermano del fundador de la casa, los favores que a ésta dispensó y otras razones, todo induce a creer que los misioneros eran partidarios decididos de Carlos de Austria«.24 De hecho un par de sacerdotes (Orsese y Joffreu, verdadero fundador de la C.M. en Portugal) hubieron de abandonar el país;25 el P. Orsese el 29 de septiembre y el P. Joffreu el 4 de Octubre de 1714. En este momento forman la comunidad diez sacerdotes y tres Hermanos.

Finalizada la guerra (1714) las tensiones acerca de la existencia, costumbres, superior… de la casa son abundantes y sugieren alguna pregunta sobre su pertenencia a la Congregación en la Asamblea General de 1724.26 La Asamblea no determinó nada hasta que el Visitador de la provincia romana, a la que pertenecía la casa, pasase visita y examinase la cuestión. Sin embargo, las cartas de los superiores Generales a la Compañía de los años citados muestran una situación mucho menos conflictiva. «La comunidad de Barcelona, bajo la dirección del Sr. Salvador Barrera, marcha bien» (1 de mayo de 1719); «Nuestra casa de Barcelona está en el mismo estado que el año anterior: pobre, pero fervorosa y entregada por entero al cumplimiento de sus deberes» (1 de enero de 1723). Hasta tal punto es fecunda su obra que, al poco, se determina la construcción de un edificio más amplio y capaz. Por desgracia, las revueltas de los tiempos y la escasez de fondos, mitigada por las aportaciones de Felipe Manuel Bette, Mariscal de Campo de Felipe V y luego Hermano Coadjutor, retrasaron su inauguración hasta treinta y seis años después.

Esta casa de Barcelona, dependiente, como ya hemos señalado con anterioridad, de la Provincia de Roma desde su fundación, pasará en 1736 a la Provincia de Lombardía. El acuerdo lo toma la Asamblea General del mismo año a petición de la misma Provincia de Roma. En este momento forman la comunidad dieciséis Sacerdotes y siete Hermanos.

2.2.2. PALMA DE MALLORCA (1736)

Se debe la fundación a D. Miguel Sastre, Arcediano de la Catedral de Mallorca.27 El 5 de Febrero de 1722 comunica al Superior de Barcelona que había hecho testamento para que se fundase en Mallorca una casa de la Congregación. La insuficiente dotación fue pronto solucionada por el Sr. Sastre pero no así la autorización Real28 que, siendo en principio negativa, hizo al P. Salvador Barrera, Superior de Barcelona, presentar en Madrid un interesante memorial solicitando la citada autorización.29 Dice el memorial: «Señor: E1 Superior de la casa de la Congregación de la Misión de Barcelona, postrado a los pies de Vuestra Majestad, le hace conocer: que el Dr. D. Miguel Sastre desea fundar una casa de Misión en la isla de Mallorca, y ofrece para dotarla un local y rentas. Los Misioneros que compondrán dicha casa ten­drán por fin: 1.° Dar Misiones en los lugares de la campiña en que sea más grande la ignorancia; 2.° Dar Ejercicios espirituales e instrucción con­veniente a los jóvenes que aspiran al estado ecle­siástico; 3º Suministrar a los Sacerdotes, ya empleados en el santo ministerio., por medio de reuniones especiales, todos los socorros espirituales de que tengan necesidad para santificarse en su estado; 4.° En fin, tener siempre abierta la puerta de su casa para admitir a todos los ejercitantes que se presenten, ya sean seglares, ya eclesiásticos. La Congregación de la Misión, protegida, favorecida y propagada por los augustos ascendientes de Vuestra Majestad, y señaladamente por Luis XIV, de ilustre memoria, no espera menos protección de gra­cia y favor en España de la insigne piedad de Vues­tra Majestad.»

Superadas estas dificultades que, como se ve, retrasaron la fundación bastantes años, desembarcan en Palma el 21 de Octubre de 1736 los PP. Salvador Barrera, Gaspar Tella, Tomás Pinell y el Hermano Miguel Xuriach,30 enviados por el Visitador de la Provincia de Roma, P. Bernardo de la Torre,31 quedando erigida la fundación el día 9 de Noviembre. Ocupan una casa y parte de la contigua que había pertenecido al canónigo Barceló, a cuyos administradores testamentarios la había comprado el ilustre arcediano Sr. Sastre en el mes de abril de 1725.32 El Superior General lo anuncia a la Congregación en su Circular del 14 de enero de 1737 en los siguientes términos: «El Sr. Barrera ha comenzado la nueva fundación en Palma de Mallorca, cuyo funda­dor fue el Sr. Miguel Sastre, Arcediano de aquella Catedral. Apenas fue firmado el contrato y expedido por el Ilmo. Sr. Obispo el decreto de erección, nues­tros Hermanos empezaron a dar Misiones en los con­tornos. Recomiendo a vuestras oraciones al fundador de esta casa y a todos los que han procurado la eje­cución de su testamento, en lo que el Sr. Barrera se condujo con mucha sabiduría, sin apartarse de nues­tro espíritu».

La primera misión la dan en Sineu del 27 de Noviembre al 20 de Diciembre de 1736. Igualmente comienzan de inmediato los Ejercicios tanto a los ordenandos (en las cuatro témporas del año) como a toda clase de personas.33 De ambas realidades nos hablan con detenimiento los correspondientes Libros de Misiones y de Ejercitantes.34 Indica el P. Benito Paradela que «desde el año 1737 se dieron periódicamente ejercicios a Ordenandos en cada una de las cuatro témporas del año hasta mayo de 1835 inclusive. A cada tanda asistían, generalmente, de diez a veinte ordenandos. Además iban a hacerlos en particular algunos entre año«.35

2.2.3. GUISONA – LERIDA (1751)

La base del establecimiento está en el testamento de D. Antonio Granyó, Canónigo de Guisona, del 3 de Septiembre de 1731 en favor de la C.M. para que «en la misma villa de Guisona se fundara un seminario de los Padres Misionistas, como el que está fundado en Barcelona y por los mismos Padres Misionistas de dicha ciudad, de quienes espero que con buena voluntad vendrán a hacer dicha fundación, la cual ha de ser bajo la advocación de la Asunción y Coronación de María Santísima y del glorioso Arcángel San Miguel, mi singular protector«36 y atender algunas otras obligaciones, como hacer misión una vez al año en la villa o confesar en su propia iglesia y ayudar a bien morir.

El Acta de fundación es del 21 de Octubre de 1737; la licencia Real del 23 de Julio de 173937 y la admisión de la fundación por parte del Superior General del 15 de Marzo de 1740.38 El edificio que albergaba la casa y la Iglesia se inauguró en 1751, fecha en la que se trasladaron a él los misioneros. La primera comunidad la forman los PP. José Tort, Juan Masnou y el Hermano Francisco Vila. En carta del 1º de Enero de 1752 el P. De Bras, Superior General de la C.M., comunica que «el nuevo establecimiento de Guisona, felizmente comenzado en España, hace cada vez nuevos progresos por la reputación que van alcanzando nuestras funciones. El Sr. Obispo de Barcelona … ha mandado que en ella se hagan Ejercicios Espirituales …«.39

Su función fue dar Ejercicios Espirituales a todo tipo de personas, especialmente a los Ordenandos, y atender algunas misiones, aceptadas posteriormente, como Valle de Andorra, Castelló de Farfania y otros puntos.

2.2.4. REUS – TARRAGONA (1757)

El Acta de fundación del 27 de Enero de 1746 está suscrita por Don Pedro Copons y Copons, Arzobispo de Tarragona. Los fines de la misma serán instruir a los Ordenandos, dirigir los Ejercicios Espirituales, atender espiritualmente a los reusenses y predicar misiones.

Las dificultades para lograr la autorización real fueron numerosas. La respuesta negativa de 1748 se debió, según relata el P. Tomás Pinell, responsable de las negociaciones, a la oposición del P. Rávago, Confesor del Rey. No se desanimó por ello el P. Pinell y reinició sus gestiones en 1751. Todo fue inútil; sus diligencias quedaban sin resultado porque, como él mismo dice: «siempre se tropezaba con el P. Rávago, con quien nadie se atrevía, por saber que dominaba la voluntad del Rey, y con los Padres de la Compañía de Jesús, que le tenían tan prevenido».40 La oposición de los PP. Jesuitas debió ser más que anecdótica a tenor de lo escrito, de manera confidencial, por el Superior General al P. Tissot, residente en Roma a fin de prevenir a Su Santidad. Los puntos 6º y 7º del escrito dicen lo siguiente:41

«6°. Los Rdos. PP. Jesuitas, que hasta ahora se han opuesto al establecimiento de los Misioneros en España y particularmente en Reus, Arzobis­pado de Tarragona, aunque aprobada la fundación por la Audiencia de Cataluña y por el Supremo Con­sejo de Castilla, pero que el P. Confesor del Rey de España ha conseguido hacerlo mudar, nada omiten para deshacer la donación de la capellanía y el esta­blecimiento de los Misioneros en Barbastro. Para este efecto también han enviado una sección de Mi­sioneros aBarbastro con objeto de impedir que el Sr. Obispo dé su consentimiento a la donación de esta capellanía y solicitar del Sr. Millaruelo, sobrino del fundador, en cuya casa se han alojado durante el tiempo de la Misión, que cambie de parecer, y le han dicho que ellos trabajaban en Roma con el fin de conseguir se les traspasase la capellanía, y que los Misioneros jamás la obtendrían a causa de la oposi­ción de Su Majestad Católica a su establecimiento, añadiendo que en tal caso él les sacase la aproba­ción del Rey para establecerse ellos en el seminario de la Bella, para el cual les había llamado el Sr. Obis­po de Barbastro.

7°. Advierta usted que estos buenos Padres no buscan sino destruirnos y desacreditar por todas par­tes nuestras funciones. No tenían sección alguna de Misiones en Barcelona, y acaban de enviar allí cua­tro grupos de Misioneros este mismo año para ani­quilar las nuestras. La casa de la Misión de dicha ciudad ha dado el presente año unos ejercicios se­gún el plan de los de San Lázaro, de París, y ha ha­bido gran concurso de gente de todos los estados; mas estos buenos Padres han comenzado a construir en la misma ciudad de Barcelona un edificio desti­nado únicamente para ejercicios, y no ocultan los motivos de ello, diciendo que lo hacen para dar a entender al Rey de España lo que el P. Confesor ha dicho al Sr. Nuncio en Madrid: que España no tenía necesidad ninguna de nuestra Congregación; que su Compañía podía hacer lo que nosotros hacemos, y que, por tanto, era inútil el multiplicar nuestros esta­blecimientos».

La llegada, en 1755, de un nuevo Confesor Real, D. Manuel Quintano, parece decisiva en la agilización de los trámites. Por fin, la autorización Real fue firmada por el Rey el 23 de Julio de 1757. En el mes de Febrero de 1758 llegaron a Reus los PP. Pablo Canudas y José Dalmau con un hermano Coadjutor alojándose en una casa alquilada, en tanto no construyesen la propia, pero no se ha conservado noticia de cuándo comenzaron a habitarla.42 D. Cayetano Barraquer dice que «se levantaba al lado de un anchuroso paseo al Noroeste de la entonces villa que, de la misma casa, tomaba vulgarmente el nombre de Paseo de Seminarios. […]. No le faltaba a esta casa su huerta, la que caía tras de ella a su Noroeste y, además, extendía sus brazos por uno y otro lado del edificio«.43

2.2.5. BARBASTRO – HUESCA (1759)

El origen de la fundación está en el Seminario de Nuestra Señora de la Bella (Castejón del Puente -Huesca-). El Seminario estaba regido por los «Misionistas» (Institución sacerdotal, fundada por D. Francisco Ferrer Paúl, con los mismos fines que la C.M.) que viéndose con problemas de personal (en 1750 eran únicamente dos) ofrecieron la fundación a la Congregación de la Misión, a través de la última voluntad de D. Domingo de Torres. Muerto este en enero de 1751, el Obispo de Barbastro pidió dos Sacerdotes a la casa de Barcelona con el fin de entregarles el seminario. Tras el visto bueno del Superior General fueron y tomaron posesión del mismo el 11 de Abril de 1752, con obligación de atender el Seminario, los PP. Juan Justafré y Pedro Ignacio Rafols, aunque este se volvió pronto a Barcelona y, en su lugar, llegó el P. Narciso Jubert. Ambos tuvieron que mantener un duro pleito con los vecinos al alegar éstos que la cesión del Santuario había sido hecha a los Misionistas y no a la Congregación de la Misión. El asunto llegó a Roma y fue resuelto a favor de la Congregación. El Papa Benedicto XIV lo aprobó y confirmó el 21 de marzo de 1757.44 Además de atender el Seminario, seguramente que también daban misiones por los alrededores.

El 17 de Abril de 1759 se trasladaron a BARBASTRO, conseguida la aprobación episcopal y del Consejo Real de Castilla (1 de diciembre de 1758) merced a la protección de Fray Diego de Rivera, Obispo de la diócesis, y la aportación económica de la Sra. Marquesa de Aytona. Para establecer el Seminario se hicieron con el convento que había sido de las Capuchinas. Las razones del cambio vienen explicadas por el Sr. De Bras, Superior General de la C.M. en carta circular del 1º de Enero de 1760: «Siendo el clima de Nuestra Señora la Bella bastante malsano, nuestros compañeros, que allí moraban, han conseguido pasar a Barbastro, ciudad episcopal«.45 A esta causa, debemos añadir no pocos pleitos interpuestos por el pueblo de Castejón acerca de la titularidad de las tierras del seminario.

Su principal obligación en Barbastro será la atención del Seminario (cuyo nombre no será el de Nuestra Señora de la Bella sino de San Vicente de Paúl) y los Ejercicios Espirituales.46 Firmaron también algunas cláusulas con el pueblo referentes a las confesiones y atención a los moribundos. Tenían contrato para misionar Las Paúles (D. Gabriel Corbera aportó 100 libras), Gistain (200 libras jaquesas de parte de D. Francisco Pueyo), Pomar de Lérida (200 libras a cargo de D. Antonio Latorre) y varios lugares de la casa de Aytona (20.000 ducados de la Marquesa de Aytona). Aunque no conservamos el Libro de Misiones sí sabemos de ellas por las referencias encontradas en los Libros de Cuentas de la casa.47

A estas cinco fundaciones debemos añadir la frustrada del Seminario de Zaragoza, en torno a 1747, debido a la no concreción del destinatario en el testamento del donante. Los albaceas concedieron el Seminario a los «missionistas» de D. Francisco Ferrer.

Una preocupación temprana de los primeros misioneros fue la publicación de libros y folletos de carácter ascético. En 1709 editaron el «Manual de piadosas meditaciones» que sirvió de guía a la mayoría de tandas de ejercitantes. Singular importancia tuvieron algunas obritas de los P. Esteban Pinell y Vicente Ferrer.

2.2.6. AVATARES HASTA 1774

En un memorial enviado al cardenal Portocarrero el año 1747 a fin de que intervenga en la problemática fundación de Reus, se dice «La Congregación de la Misión tiene al presente en España tres casas: la primera en Barcelona, compuesta de 36 individuos, poco más o menos; la segunda en Palma de Mallorca, con siete individuos, y la tercera en Guisona, Obispado de Urgel, cuyo edificio está muy adelantado, pero que todavía no se habita. Estos tres establecimientos o casas se han fundado con la aprobación del Rey Felipe V, de gloriosa memoria«.48

Estas casas, a tenor de lo descrito en las Circulares del Superior General, tienen un desarrollo positivo tanto en su vida interna como en sus ministerios. Administrativamente dependen de Italia –primero de Roma y luego de Lombardía-. En la Asamblea General de 1759 se planteó, por vez primera, la conveniencia de organizar una Provincia. La propuesta fue hecha por las dos casas de Portugal (Lisboa y Guimaraes), dependientes directamente del Superior General, que solicitan formar una Provincia junto con las de Cataluña. Para estas fechas un buen puñado de misioneros había sido enviado a Lisboa para consolidar la fundación de la Congregación en el país. El primero, en solitario, fue el P. José Jofreu (1717) que acompañó al fundador, D. José Gómez de Costa, sacerdote portugués que ingresa en el C.M. a finales del siglo XVII. Posteriormente llegaron los PP. Pablo Pont (1739), Jaime Barrera, Pablo Solsona, Jerónimo Mateu y Manuel Clarasó (1743). Junto a ellos, otros varios italianos y franceses. La Asamblea General no lo creyó conveniente.

Consolidación (1774-1808)

En la Asamblea General de 1774 (julio) se decide la creación de la Provincia de España nombrando Visitador de la misma al P. Vicente Ferrer, Superior de la casa de Barcelona.49 Así se comunica, por parte del Superior General, a toda la Compañía en la Circular de 1.° de enero de 1775: «Encontrándose nuestras casas de Es­paña muy distantes de la provincia de Lombardía de la que antes formaban parte, nos ha parecido conve­niente, en vista de la dificultad de los recursos y de las visitas en uso entre nosotros, erigirlas en provin­cia aparte, nombrando por su primer Visitador al se­ñor Vicente Ferrer, Superior de la casa de Barcelona, hombre sabio, observante y lleno del espíritu de nues­tro estado».

En este momento existen en España cinco casas, cincuenta y seis Clérigos, veintiocho Hermanos Coadjutores y nueve Seminaristas.50 El género de vida debía ser de gran observancia tanto en las casas como en el desempeño de las funciones, tal como atestiguan las cartas de los Superiores Generales. Económicamente vivían con austeridad aunque con las suficientes rentas que permitiesen la gratuidad de las funciones. Los niveles de estabilidad del personal (bastantes ya sacerdotes cuando ingresan en la Congregación) son variables habiendo abundantes salidas (y no pocas expulsiones) tanto de Clérigos como de Hermanos.

La proximidad a la frontera francesa hizo que durante la Revolución de 1789 se refugiasen «muchos de los Paúles franceses»51 en sus casas. Ningún nombre se conoce de los llegados a Guissona pero alguno de los avisos del P. Rafael Pi, Visitador, a la casa en 1794 haciendo referencia a los «franceses que allí viven», nos muestra su estancia. El «Libro de misas» de Barbastro permite conocer los nombres de algunos franceses que estuvieron en la casa en períodos de tiempo comprendidos entre septiembre de 1792 y abril de 1802: PP. Begoulé, Cautenet, Chaudey, Delabry, Lamboley, Lafon, Mazaré, Nopcèque y Rambeau. En Barcelona encontramos, además de los PP. Lamboley y Chaudey, a los PP. Eustache, Vicherat, Joussouy y Mathelin y los Estudiantes Teodoro Bricet, Antonio Fromont, Agustín Jaffard y Bernardo Campllong. De la Casa de Reus únicamente se conserva la cita de «un misionero francés que estaba en Reus».

En el «Llibre micelàneo» del Archivo de Palma en el apartado «venidos» se cita a Monsieur Bro y Larand (llegados el 22 de diciembre de 1793) y el 6 de junio de 1798 a monsieur Lafont, mons. Claude (que será Asistente general a partir de 1806), mons. Chode, mons. Galtier, mons. Dalabi, mons. Petoquart, mons. Lamboley y lo Hº Guillem.52 De la marcha de algunos nos habla la misma fuente histórica. El Sr. Bro lo hace el 8 de agosto de 1796, el Sr. Larand el 1 de junio de 1797 y el Sr. Delabi el 29 de diciembre de 1798. Bastantes de ellos, en su estancia en la comunidad, darán ejercicios espirituales a sus compatriotas de los que se indica que, en la misma casa de Palma, había alojados veinticuatro. Aun en el año 1814 se consigna: «Acabaron de marchar a sus respectivos destinos los fugitivos de los franceses por causa de la guerra y que no eran individuos de esta casa. Esta nota se refiere no solo a los arriba anotados, sino también a otros que les siguieron en busca de refugio por la misma causa».53 Seguramente también llegaron a las casas de Guissona y Reus pero la pérdida de sus libros comunitarios no permite certificar nada.

La nueva Provincia, con los PP. Fernando Nualart (1781-1788), Rafael Pi (1788-1796) y Felipe Sobíes (1796-1814) como Visitadores, inicia un período de asentamiento en el que el aumento del personal es notorio (setenta y siete Clérigos y treinta y tres Hermanos en 1808). Un hecho importante en el período del P. Nualart es el envío a Francia (18 de marzo de 1782) de un grupo de jóvenes (Josefa Miquel, María Blanc, Manuela Lecina, Antonia Andreu, Lucía Reventós y Teresa Cortés) con el fin de enterarse de los deberes de las Hijas de la Caridad que regresaron a fines de mayo de 1790 para hacerse cargo de la Casa llamada de la Convalecencia en la ciudad de Barcelona. A su frente estaba Sor Juana David (francesa, asistente de la última superiora general anterior a la Revolución). El P. Rafael Pi, Visitador de los misioneros y Director de las Hermanas, autorizó, durante su mandato, las fundaciones de Lérida (Hospital e Inclusa), Barbastro y Reus.54

Los intentos de nuevas fundaciones se reducen a tres (Cádiz, Daimiel y Badajoz) teniendo como característica común el estar, por vez primera, fuera del ámbito de la corona de Aragón. Primero el de CÁDIZ que, en circular del 1 de Enero de 1798, se daba por hecho55 («Me olvidaba comunicaros que el establecimiento de Cádiz ha sido aceptado y nuestros hermanos no tardarán mucho en posesionarse de él. Hasta el presente nuestro Instituto era poco conocido en aquella parte de España que nos acerca a la capital. Hay esperanzas fundadas de que la Congregación se extenderá por el reino, si la Providencia multiplica los individuos y los conserva en el espíritu de regularidad que entre ellos reina actualmente») y que no se llevó a cabo, en palabras del Vicario general, P. Sicardi, «por falta de sujetos y más aún por las guerras y trastornos».56

Los trastornos se refieren a los derivados de la Revolución Francesa. Al no jurar el P. Cayla, Superior General, la Constitución Civil del Clero se vio obligado a exilarse. Al no conocerse su destino, el Papa nombró como Vicario General (1793) al P. Fenaya, Visitador de la Provincia de Roma que cesó a comienzos de 1794 al llegar el P. Cayla a Roma. A la muerte de éste (1800), y a instancias de la Santa Sede, se nombra Vicario general al Asistente, P. Brunet que vuelve a Francia en 1804, una vez restablecida la Congregación. Sin embargo, la Santa Sede nombró otro Vicario general para las casas de Italia, Alemania, Polonia, España y Portugal. Este conflicto de la duplicidad de Vicarios se prolongó hasta 1827 en el que, a petición del rey francés, el papa León XII nombró Superior general al P. De Wailly.57

El segundo de los intentos se refiere a DAIMIEL (Ciudad Real) derivado de una misión realizada en torno a 1798-1799. A pesar de estar todo dispuesto, la fundación no se llevó a cabo.58

Más éxito tuvo el caso de BADAJOZ. Fueron llamados los misioneros por el Obispo D. Mateo Delgado y Moreno para atender a los colegiales de San Atón. A pesar de la escasez de personal, y merced a la insistencia del Sr. Obispo, fueron destinados a la nueva fundación los PP. José Murillo (Superior de Barbastro), Francisco Camprodón (Superior de Guisona) y José Javier Zabalza y los hermanos Coadjutores Pedro Coll y Diego Urbistondo.

Llegaron a Badajoz el 24 de Diciembre de 1802 y, tras algunos días viviendo en el palacio episcopal, entraron en el seminario para encargarse de él, aunque no se verificó todavía la fundación.59 Durante cuatro años vivieron de esta forma arrostrando dificultades de todo tipo. En vista de ello y de las varias ocasiones en que «amenazaron» con dejarlo, el Sr. Obispo se decidió a levantar un edificio próximo al seminario que sirviese como casa de Ordenandos y residencia de los misioneros. Se la entregó a los Padres en usufructo perpetuo el 1 de octubre de 1807 y a ella se trasladaron el 19 del mismo mes los PP. Pedro Vallhonesta, como Superior, y José Javier Zabalza y el Hermano Pedro Coll. La escritura definitiva60 se firmó el 14 de Febrero de 1810 con obligaciones similares a otras casas: atención al Seminario, Ejercicios Espirituales a todo tipo de personas y Misiones.61 La instrucción y educación de los Ordenandos fue una de sus preocupaciones importantes y no cejaron hasta que el Sr. Obispo no aprobó unas Constituciones propias de aquella casa. Lo lograron el 26 de noviembre de 1828.62

Transición (1808-1835)

La situación socio-política de España va a quedar reflejada de forma clara en la vida y desarrollo de la C.M. cortando su lenta pero progresiva expansión, especialmente importante tras la llegada de las primeras Hijas de la Caridad.63

La guerra de la «independencia» (1808-1812) va a tener desigual incidencia en las comunidades y sus actividades. La casa de Badajoz sobrevivirá a duras penas al saqueo a que fue sometida la ciudad (ocupada durante trece meses por los franceses tras un feroz bombardeo) por las tropas inglesas y portuguesas el 7 de Abril de 1812. Así lo expresa uno de los miembros de la comunidad: «Luego de ganada la plaza, los ven­cedores empezaron el bárbaro saqueo, robando, matando y cometiendo las más sacrílegas barbarida­des. Todas las iglesias fueron despojadas y pro­fanadas; las esposas de Cristo violadas; las sagradas Hostias echadas por el suelo; muchos paisanos muer­tos y los demás desnudos, y muchos heridos por las calles y tejados, sin probar un bocado de pan en todo aquel tiempo. No se puede ponderar la conster­nación de los habitantes en aquellos tristes días… Sólo esta casa se vio libre de aquel universal estrago, lo que se tuvo por un milagro visible del Todopode­roso, que quiso hacer brillar su infinito poder sobre ella y sus moradores. En este lastimoso tiempo del cruel saqueo estábamos nosotros muy retirados y ocupados únicamente en pedir a Dios nos librara de tantas desgracias».

Durante estos años de guerra, las comunidades de Barcelona (Visitador, Estudiantes y demás miembros) y Reus deberán huir a Mallorca. La primera se verá privada de la casa (convertida en Hospital militar) y no la recuperará ya nunca, yendo a vivir, provisionalmente a otra cercana, llamada «Matamoros». «Esta tarde (10 de febrero de 1809) han ocupado por sorpresa los franceses la Casa-Misión de los PP. Paúles-Barcelona- para hacer de ella otro Hospital militar… Se ponen centinelas en todas las puertas que dan a la calle para impedir que saquen nada de la casa, pues a los que salían de ellas los registraban»; «se van a casa Matamoros«(cercana a la anterior y situada entre la casa Paúl y el huerto de la Misericordia) ; «el Comisario general de Policía (11 de marzo)[…] previene a las Comunidades de Presbíteros y Religiosos que, a no ser por razón de su ministerio, no salieran de sus casas, y que evitasen reuniones o tertulias»; «algunos de los sacerdotes de la misión (26 de marzo) confiesan en la iglesia de Belén»; «los sacerdotes de la casa misión (julio) deben decir misa y confesar en la casa Matamoros, donde habitan, puesto que los franceses les han quitado lo único que les quedaba de su propia casa, que era la Iglesia. Han tomado por pretexto que los paisanos iban allá para conspirar»; «Ha ido (1 de diciembre) la comisión francesa a la Iglesia de los Sacerdotes de la Misión, en la que han hallado cinco cálices, muchas lámparas y varios adornos de plata; todo se lo llevaron, a excepción de tres cálices, copón y custodia».64

La casa de Palma, por el contrario, no pasó ningún apuro (salvo los económicos derivados del número de refugiados que soportó) al igual, según parece, que las de Guisona y Barbastro (donde quedó un pequeño grupo de estudiantes). A la casa de Palma, efectivamente, llegaron misioneros de todos los lugares.65 El 2 de septiembre de 1808, desde Reus (a donde se habían trasladado desde Barcelona), los PP. Juan Sendra y José Roca con los estudiantes Ignacio Santasusana, Felipe Barragán, Antonio Pla, Ceferino Cráber, Antonio Larroya, Jaime Vehil y Carlos Roca; el 15 de marzo de 1810 los estudiantes de origen francés, pero incardinados en la Provincia, Bricet y Formón (que a los dos meses saldrán para Oriente); poco después llegarán de Barcelona, tras haber dejado la casas de Tallers y el «refugio de Matamoros», los PP. Felipe Sobíes, Visitador, Juan Vilera, Fortunato Feu, Salvador Prat, Buenaventura Codina y José Sintes, junto con los Hermanos Juan Valls, Antonio Balvey y Francisco Farell; de Reus, el P. Francisco Camprodón; de Barbastro, el P. Juan Carreras y de Guisona el P. José Escarrá. Todos ellos comenzaron inmediatamente a ejercer los ministerios de la casa y la abandonaron en 1815, año en el que únicamente quedó la comunidad.

La situación, no obstante, hizo que el Nuncio, Don Pedro Gravina, nombrase desde Cádiz el 6 de octubre de 1810 como Vicario General para España al P. Felipe Sobíes concediéndole toda autoridad del Superior General (que residía en París) y con poder para elegir a dos sacerdotes como asistentes y autorización para elegir a su sucesor, previa la licencia del Nuncio para proceder a la elección. A su muerte (18 de marzo de 1815) fue nombrado Vicario general para España el P. Antonio Segura y, a comienzos de 1817, de nuevo como Visitador, el P. Francisco Camprodón.

Hasta 1815 no se recuperó la normalidad. En Julio de este año se abre la Asamblea Provincial en Guissona, a la que asisten los PP. Fortunato Feu, José Escarrá, José Roca, Pablo Pi, José Morera, Alejo Davíu, Jaime Janer y Juan Carreras. Los diputados de Badajoz no asistieron por imposibilidad de pagar los gastos del viaje. Las casas se rehicieron, pero el personal quedó reducido a cincuenta y cinco Clérigos y veinticuatro Hermanos. Debe tenerse en cuenta que el Seminario fue cerrado durante toda la guerra y los aspirantes enviados a sus casas. No se emitieron votos desde 1808 hasta 1817. El Seminario se abrió, provisionalmente, en Guissona el 2 de diciembre de 1815. El primer novicio fue Juan Pujol, ya sacerdote cuando ingresó. El 16 de septiembre de 1816 se trasladaron los nueve seminaristas junto con su Director, el P. Francisco Camprodón, a Barcelona ocupando de nuevo la Casa. Aquí el primer ingresado fue el joven José Ferrer.

El mismo año 181566 se hicieron cargo de la dirección del Seminario de Jarea en Sesa (Huesca), perteneciente también a los «misionistas» de Francisco Ferrer Paúl, aunque parece que por poco tiempo.67 El 2 de Febrero de 1819 el Vicario general, P. Baccari, afirma que «en España tenemos seis casas. La principal es la de Barcelona, cuya comunidad se compone de 13 Sacerdotes y 12 Seminaristas. Se está tramitando el establecimiento de otra en Valencia: solo falta la aprobación real que se da por segura… Las casas de España siempre se han distinguido por una minuciosa y fiel observancia de las Reglas y lo propio sucede actualmente».68

El trienio liberal (1820-1823) no les dejó indemnes aunque únicamente sufrieron los miembros de la casa de Barcelona. La comunidad estaba compuesta en 1820 por 13 sacerdotes, 11 estudiantes, 13 novicios y 13 Hermanos. Total: 50 personas. El Decreto de 16 de mayo de 1821 no menciona para nada a los Paúles, por lo que debieron continuar en pie. De los buenos servicios prestados a la población barcelonesa durante la peste o epidemia de la fiebre amarilla de 1821 nos hablan los Libros de acuerdos del Ayuntamiento de la Ciudad de los meses de septiembre y octubre.69 La casa, poco a poco, quedó convertida en «Hospital de apestados» y la comunidad, excepto cuatro o cinco Sacerdotes y algunos Hermanos que se quedaron atendiendo a los enfermos, se trasladó a vivir al Colegio Tridentino o Colegio Episcopal o Seminario conciliar (que todos los nombres tenía el mismo edificio). Cesada la epidemia pudieron regresar todos a la casa de Tallers a últimos de enero de 1822 para reemprender los oficios propios de la Congregación.

Sin embargo, las mayores dificultades estaban por venir. El 7 de Septiembre de 1822 el Visitador, P. Francisco Camprodón, fue desterrado a Mallorca70 y arrestado allí según expresa el P. Baccari, Vicario General, en su circular de 6 de febrero de 1823: «Después de escrita la presente, recibí una carta del Sr. Francisco Camprodón, Superior de Barcelona y Visitador de las casas de España. Me escribe desde Palma de Mallorca, y me dice que, arrestado por las tropas el 7 de septiembre a media noche, fue puesto en prisión con otros muchos eclesiásticos, paisanos y militares de todas clases, y que luego fueron expuestos todos juntos en la plaza a la vergüenza pública, no sin peligro para sus vidas, siendo silbados y escarnecidos por el populacho revolucionario».71 El 4 de marzo de 1823 el Ayuntamiento de Barcelona aprueba que la Casa de los Padres Paúles sea convertida en presidio aunque acabó en Hospital militar. La Comunidad fue forzada a abandonar el edificio y pasó a ocupar, provisionalmente, el convento o colegio de Trinitarios calzados, situado en las calles de los Ángeles y Peu de la Creu. En 1824 debieron abandonar este establecimiento y se instalaron en la casa de campo «La Virreina», situada extramuros de Gracia. Aquí vivirán desde mediados de 1824 a diciembre de 1833, cuando se trasladen a su segunda casa, levantada «con una parte de los fondos entregados por el Estado a título de compra de su primera casa en un nuevo edificio situado en la esquina de las calles Amalia y Lealtad».72 El traslado de la Comunidad a su nueva casa empezó el 25 de noviembre de 1833 y terminó el 7 de diciembre. Las obligaciones de la nueva casa fueron las mismas que tenían en la Casa de la calle Tallers.

En torno a estos años, como ya se indicó, se dan los primeros pasos de la fundación en VALENCIA. El 5 de Mayo de 1818 el Arzobispo de la diócesis, D. Veremundo Arias Teixeiro, eleva al Rey, Fernando VII, un «memorandum»73 en el que, después de describir la declinante vida que han seguido en SOT DE CHERA (Valencia) unos eclesiásticos dedicados desde 1687 a las misiones y a la atención del Eremitorio, asegura que «resultó la aniquilación completa del tal Eremitorio, no habiendo subsistido en él más que un solo individuo, que al mismo tiempo lo era del Clero de una Parroquia de esta capital, quien, convencido de la incompatibilidad de su beneficio en Valencia con la plaza del Eremitorio, acaba de renunciar ésta para siempre, quedando con ello vacante todas las plazas de residencia y, en el Eremitorio, solas las paredes». Como conclusión solicita aprobación para sustituirlos por miembros de la C.M.74 El 20 de Junio de 1819 el Sr. Arzobispo, mediante Decreto y con aprobación de diversas instituciones de la Diócesis, los establece; la Cédula Real aprobando la fundación es del 11 de Diciembre del mismo año. Inmediatamente fueron a la nueva fundación los PP. José Morera, Juan Pujol y Juan Bautista Figuerola. El 30 de Abril de 1820 se firmó la Escritura Pública75 y el 5 de mayo toman oficialmente posesión de la casa los misioneros enviados. Las obligaciones contraídas son las habituales de misionar los pueblos designados por el Prelado, dar Ejercicios a Sacerdotes y Ordenandos, atender las confesiones en el Eremitorio y algunas cargas de Misas.

– Durante la llamada «Década Ominosa» (1823-1833) tienen lugar algunos importantes acontecimientos. El 19 de Diciembre de 1825, a petición de los misioneros, la fundación de SOT DE CHERA se traslada a la Ermita de Nuestra Señora de Monte Olivete, ya próxima a VALENCIA. A tal efecto, el nuevo arzobispo, Don Simón López, expide el 19 de diciembre de 1825 el decreto que autoriza el traslado, aduciendo como razón principal que «aunque los Sacerdotes de la Congregación se hayan aplicado con el celo que acostumbran a las Santas Misiones en varios pueblos, no han podido explayarse en dar Ejercicios espirituales así a los eclesiásticos como a los seglares a causa de hallarse dicho Eremitorio en el extremo de nuestro Arzobispado y aun en desierto poco menos que inaccesible«.

Como, al mismo tiempo, el señor Cura y Ayuntamiento de Ruzafa ofrecen el santuario de Nuestra Señora de Monte Olivete, cercana a la capital, manda «que se trasladen los tales Sacerdotes desde el Eremitorio de Chera al santuario de Monte Olivete». La Junta Parroquial de Ruzafa hizo oficial cesión de la Ermita a favor de la Congregación el 24 de Diciembre de 182576 y la Real Cédula aprobando el traslado tiene fecha del 12 de Julio de 1826.77 Forman la comunidad los PP. José Morera, Juan Costa, Tomás Mata, Juan Domingo y José Miranda. Las obligaciones son prácticamente las mismas que en Sot de Chera.78 Junto a la Ermita se levantó muy pronto un edificio para acoger a los ejercitantes. Iniciado en 1827, se finalizó dos años más tarde. De hecho, el 28 de marzo de 1829, se celebró en la nueva casa la Asamblea Provincial. Acudieron a ella los siguientes misioneros: Juan Roca, Vicevisitador (por haber renunciado el Visitador a causa de sus achaques) y Su­perior de la Casa de Madrid, José Morera, Superior de la Casa de Valencia; Alejo Davíu, Superior de la Casa de Guisona; Juan Vi­ver, Superior de la Casa de Palma de Mallorca; Juan Vilera, Superior de la Casa de Barcelona; José Escarrá, Superior de la Casa de Barbastro; Jaime Vehil, Superior de la casa de Reus; Gaspar Torres, Diputado de la Casa de Barbastro; José Roca, Diputado de la Casa de Palma; Ignacio Santasusana, Diputado de la Casa de Valencia; Eusebio Fantoba, Diputado de la Casa de Madrid, y Juan Bautista Figueroa, Diputado de la Casa de Barce­lona. Faltaron los diputados de Badajoz, Guissona, Reus y Valencia.

Mayor significación tendrá la nueva fundación de MADRID79 no sólo por ser la capital de la nación sino por el motivo principal que los mueve: la atención a las Hijas de la Caridad, presentes en Madrid desde 1800. De tiempo atrás eran conocidos los misioneros en la Corte madrileña por las diversas gestiones que con motivo de las fundaciones (tanto las de la Congregación como, sobre todo, de las Hijas de la Caridad) debían allí realizarse. Es notoria, por ejemplo, la gestión (1797) y presencia en Madrid (1804) del P. Murillo relacionada con el establecimiento de las Hijas de la Caridad. Tan es así que el 18 de Julio de 1815 se expide una Real orden en lo siguientes términos: «Accediendo el Rey a los deseos que ha manifestado la Comunidad de las Hijas de la Caridad, establecidas en la Real Inclusa de esta corte, se ha servido S.M. consignar, sobre los fondos de vacantes eclesiásticas, la cantidad de cuatrocientos ducados anuales para la manutención de un Clérigo de la Congregación de la Misión que debe venir a esta corte y ocuparse en el ministerio de dirigir sus conciencias con sujeción a las Reglas de ambas Congregaciones».80

Esta determinación no parece se cumplió tal cual porque «hallándose en 1826 en esta capital visitando las Casas de las Hijas de la Caridad, el Sr. Fortunato Feu, Visitador de la Congregación de la Misión, las Superioras de dichas casas, que entonces eran cuatro, a saber: Real Noviciado, Inclusa, Incurables Mujeres y Hospital General, dirigieron al Rey Don Fernando VII una solicitud, rogándole mandase al Sr. Feu les diese algunos misioneros como Directores. Agradó a Su Majestad la petición de las Hermanas y él mismo habló al dicho Sr. Feu, pidiéndole destinase algunos Misioneros para la dirección de las Hermanas de la Caridad existentes en Madrid. Con mucho respeto respondió el Sr. Feu al Rey, diciéndole: Que era muy peligroso que viviesen en Madrid algunos Misioneros separados de sus Comunidades. A esto contestó el Rey: Si es así, fúndese aquí una casa: discurra usted el modo cómo se debe ejecutar».81 El Visitador, P. Fortunato Feu (1824-1829), propuso entonces que la Real Hacienda comprase a la Congregación la casa de la calle Tallers (Barcelona) que desde 1808 venía desempeñando (salvo algún corto espacio) funciones de hospital militar. Aceptada la propuesta, la casa pasó a la Real Hacienda en la tasada cantidad de 1.909.879 y 26 maravedíes. Con la mitad de este dinero se compró, en Madrid, la casa (y posesiones contiguas) llamada «Jardín de la Primavera», propiedad del Marqués del Salar, en la calle Real del Barquillo.82 La otra mitad se destinó a la compra de un nuevo terreno en el que edificar una nueva casa para la comunidad de Barcelona.83

Concedida la autorización real para establecerse, por Real Cédula de Fernando VII84 del 6 de Julio de 1828 y la aprobación del Sr. Cardenal de Toledo, lo hacen oficialmente el 17 de Julio del mismo año. Forman la primera comunidad los PP. Fortunato Feu, Buenaventura Codina, Felipe Barragán, Julián González de Soto, Juan Costa, Pedro Castán, Eusebio Fantova, José Miranda y Francisco Buil; cinco Hermanos coadjutores (José Comerma, Jaime Serinanell, Mariano Bauliri, José Ayneto y otro), cinco estudiantes (Jaime Borrell, José Marimón, Pablo Planas, Gabriel Ángel y Manuel Barrio) y Antonio Far (subdiácono novicio).

Sus obligaciones son, además de atender a la Dirección de las Hijas de la Caridad, la atención al Seminario Interno (la Asamblea General de 1829 determinó que existiesen tanto en Madrid como en Barcelona «por exigirlo así el bien de la Congregación y la paz entre el Visitador y Superiores»), los Ejercicios a todo tipo de personas (el primer ejercitante comienza el 8 de Mayo de 1829) aunque fueron más numerosas las tandas dedicadas a los Ordenandos y las Misiones por los pueblos (se inician en Las Rozas del 22 de Abril al 11 de Mayo de 1830).

El 8 de Julio de 1834 la Junta de Sanidad, con motivo de la invasión del cólera morbo, designó la casa para Hospital militar de coléricos. El Superior, P. Buenaventura Codina, respondió al día siguiente que «aceptamos con satisfacción esta disposición de S.E. y pueden venir cuando gusten los Sres. Comisionados por S.E. para ver la localidad que necesitan, la que se pondrá inmediatamente a su disposición. A más de esto, sin embargo de ser solo siete los Sacerdotes y encargados de la dirección de todas las Hijas de la Caridad de Madrid, y del gobierno de todas las del Reino, se ofrece la Comunidad a prestar todo el servicio espiritual que fuere necesario a favor de los coléricos […]. No puede esta Comunidad, por su mucha pobreza, ofrecer caudales para cubrir parte de los gastos que deberán hacerse para la curación de los pobres enfermos; pero, desde luego, ofrece una porción de tablados de cama y jergones correspondientes de que puede disponer». Afirma B. Paradela que quizá esta buena disposición y esta caridad espléndida libró a los Paúles de Madrid de ser envueltos en la horrible matanza de religiosos que tuvo lugar pocos días después.85

Síntesis del período 1704-1835

Podemos caracterizar la época como de progresiva constitución de la C.M. en España sobre las bases del antiguo régimen: doble licencia real y episcopal, dotación a cargo del erario público, imitación en el régimen interno de las costumbres de San Lázaro en París y ubicación (salvo Badajoz y Madrid) en los límites de la Corona de Aragón.

Las funciones que van a desarrollar, aunque en bastantes casos se entremezclan, son fundamentalmente cuatro: atención al Clero (Barbastro, Guisona, Reus, Madrid, Valencia y Badajoz), Ejercicios Espirituales (Barcelona, Palma, Madrid y, seguramente, el resto de las casas), Misiones (Barcelona, Palma de Mallorca, Valencia y Madrid) y formación de los suyos (Barcelona, Madrid). La de Madrid tendrá, además, la dirección de las Hijas de la Caridad.86

La evolución del número de casas y de personal es lenta aunque progresiva no tanto por la falta de candidatos sino por la exigencia en ser admitidos e incorporados. El aumento neto fue de una unidad anual. La aportación italiana (matriz original) fue escasa y, de hecho, en 1714 no quedaba en España ninguno de los primeros misioneros. Solo en 1733 se recibieron refuerzos italianos: los PP. Policarpo Ferrari y Elías de Negri, que regresaron pronto a su país. Atendiendo a las fechas significativas de los subperíodos encontramos los siguientes datos:87

AÑO CASAS CLÉRIGOS HERMANOS SEMINARISTAS
1704 1 6 4 5
1774 5 54 28 9
1808 6 77 33 5
1834 8 96 33 6

Los rasgos personales más significativos que definen a los miembros de la Misión en el Antiguo Régimen son: 1º Es una Institución con el personal relativamente joven; 2º El aumento del personal es constante aunque sólo a partir del último tercio del s. XVIII es cuando comienza a ser importante (cortado en seco por la supresión de Comunidades del año 1835); 3º un buen número de quienes acceden a ella lo hacen siendo ya sacerdotes o clérigos. Esta tendencia baja a medida que penetramos en el siglo XIX; 4º Entre sus miembros destaca un buen número de Hermanos Coadjutores; 5º Abrumadora mayoría de catalanes y, entre ellos, de la provincia de Barcelona, con pequeñas aportaciones baleáricas y aragonesas; 6º La permanencia en la Misión es notable aún cuando es significativo el número de quienes la dejan bien por propia voluntad o bien porque son expulsados; 7º Notorio grupo de misioneros que mueren antes de cumplir diez años de vocación; 8º pero el rasgo más distintivo, según el P. Román, fue «la austeridad de vida, la observancia y el fervor espiritual».88

Desde el reconocimiento de la Provincia de España hasta 1835 se convocan cinco Asambleas Provinciales. El P. Vicente Ferrer en 1780; el P. Fernando Nualart en 1786 y 1788; el P. Antonio Segura (Vicario para España) en 1815 (aunque no fue estrictamente una Asamblea) y el P. Juan Roca en 1829.89

  1. SAN VICENTE DE PAUL: «Obras Completas» II, p.383 y 387; «Notices sur les Prêtres, Clercs et Frères défunts de la Congrégation de la Mission» I, p.310.  
  2. Id.: VI, p.327; VII pp.239-240, 329, 357. También Anales Madrid 1893, pp.374-378.  
  3. ABELLY, L.: «La vie du vénérable serviteur de Dieu Vincent de Paul» II pp. 310-311. También Anales Madrid 1893, pp.378-382  
  4. SIERRA, L.: «Historia de la Congregación de la Misión en España». En Anales Madrid, 1893, pp.375-376.  
  5. PARADELA, B.: «Resumen histórico de la C.M. en España» pp. 4,6 y 9.  
  6. Enrique Rivas en «La Congregación de la Misión en España: 1704-2004» pp. 20-25 aporta datos de sumo interés acerca de la influencia del conflicto en el asentamiento de la Congregación.  
  7. Jerónimo Enveja (1642-1709), canónigo de Barcelona, doctor en ambos derechos, tenía similar inquietud que Sentjust. Le frece todo su apoyo y una cuantiosa parte de sus bienes aunque al final, por problemas familiares, no fueron tantos.  
  8. TORRES, M.:»Vida y virtudes del señor Francisco Sen-Just y Pagés». En Anales Madrid, 1904, pp. 48ss y 208ss; BARCELÓ. J.: «Francisco Senjust y Pagés. Un gran desconocido». CM, Salamanca, 2003, p.86.  
  9. BARCELÓ. J.: «Francisco Senjust y Pagés. Un gran desconocido». CM, Salamanca, 2003, Id.: pp.16-28; Anales Barcelona, 1943, pp.70ss.  
  10. La Orden Real, expedida por Felipe V, concediendo la licencia de fundación, es del 30 de junio de 1703.  
  11. Su posición primera (por la exención del Ordinario) fue totalmente negativa. Las exhortaciones de Senjust, de sacerdotes expertos, del cardenal Portocarrero, del propio Clemente XI… movieron su voluntad convirtiéndose, desde el momento, en un incondicional protector.  
  12. Vide «Orígenes italianos de la Congregación de la Misión en España». Anales Madrid, 1974, pp.8-19. También puede verse «La Congregación de la Misión en España: 1704-2004» pp. 26-28 y el influjo del Papa Clemente XI. Es Visitador de la Provincia el P. Lázaro Mª Figari que apoyó con entusiasmo la iniciativa de Senjust.  
  13. En el Archivo de la Corona de Aragón se hallan todos los «Libros de Cuentas» de la casa de Barcelona hasta 1835. Sorprende la existencia de la relación económica desde el primer día de la ubicación de la Comunidad. El Libro aparece firmado, efectivamente, por el P. Narváez.  
  14. El P. Orsese, natural de Génova, permanece en Barcelona hasta 1714 en que es expulsado de la ciudad por sus simpatías con el Archiduque Carlos. Murió en Cremona en 1735. El P. Balcone, nacido en Pavía (Milán), morirá en Barcelona el 6 de junio de 1710. El P. Narváez (nacido en Córdoba) regresó a Italia en 1705 y murió en la casa de Florencia el 10 de enero de 1749. El H. Bisso estuvo apenas unos meses en Barcelona y el H. Camino (natural de Santiago de Compostela) murió en la misma ciudad de Barcelona el 2 de febrero de 1710.  
  15. En esta casa permanecieron hasta que Napoleón les echó en 1808 convirtiéndola en Hospital Militar. Aunque los misioneros vuelven a ella en 1816 será definitivamente adquirida por el Estado para Hospital Militar. Una breve descripción de la casa puede verse en Anales Madrid, 1901, pp.255-256; en Anales Barcelona, 1960, pp.428-433, el P. Juan Padrós adjunta, dentro de un más extenso artículo, una buena Bibliografía para el estudio de esta primera casa. Otro buen artículo (quizá el más completo), sin nombre del autor, puede verse en Anales Barcelona, 1971, pp. 21-36.  
  16. «Recueil des principales Circulaires des Supérieurs Généraux 1625-1874» I, p.241.  
  17. Esta práctica de Ejercicios a seglares nunca tuvo el relieve de los impartidos a los Eclesiásticos aunque paulatinamente fue ascendiendo el número de ejercitantes: 32 en 1719, 46 en 1755…  
  18. Singular importancia tiene, en este pronto inicio, el Decreto episcopal del 15 de Noviembre de 1734 por el que se obliga a hacer diez días de Ejercicios a todos los Ordenandos. Cada año solían darse media docena de tandas.  
  19. Las reuniones de eclesiásticos se tenían cada quince días y duraban una hora aproximadamente. Se iniciaban con quince minutos de lectura espiritual y, tras otros quince de oración personal, había una pequeña charla de media hora. El acto finalizaba con las Letanías del Nombre de Jesús.  
  20. HORCAJADA, M.: «Reseña histórica de las casas de la C.M. fundadas en España desde 1704 hasta nuestros días». Anales Madrid, 1909, pg.69.  
  21. Enrique Rivas analiza este asunto con algún detalle en «La Congregación de la Misión en España.1704-2004» CM. 2005, pp. 26-28.  
  22. Puede verse con más detalle y abundantes textos en «Resumen histórico…», pp. 79-88. Un buen análisis está en Anales Madrid, 1988, pp. 289-290. Un amplio estudio de esta casa la hace el P. Juan Padró en Anales Barcelona, 1960.  
  23. Anales Madrid, Nov-Dic. 1974, pp. 8-10. En este artículo el P. Jacinto Fernández estudia con mucho detenimiento estos conflictos.  
  24. PARADELA, B.: o.c. p.92.  
  25. Sobre los avatares de las casas de la C.M. en Barcelona vide «Las Casas de la C.M. en Barcelona». Anales Madrid, 1970, pp.19-36 y 113-130.  
  26. Pueden verse estas dificultades en «Orígenes italianos de la Congregación de la Mision en España». Anales Madrid, 1974 (11-12) pp.12-14.  
  27. El estudio más completo de la historia de esta casa, aunque no abarque sino los siglos XVIII y XIX, puede verse en Anales Barcelona, 1972 y 1973, obra del P. José María Perelló. También lo hace el P. José Barceló en «121 Mallorquins», Palma, 2003. En esta opúsculo se incluyen algunos datos biográficos acerca de D. Miguel Sastre.  
  28. Anales Madrid, 1931, Apéndice, pp. 74-76.  
  29. HORCAJADA, M.: o.c. 1909 pp.199-200.  
  30. Por ser el primer Hermano de la Congregación admitido en España, indicamos algunos datos de su biografía. Nació el 17 de octubre de 1682 en San Boi de Llusanés (Barcelona). En 1698 acompañó al Sr. Sen Just en su largo peregrinaje por España e Italia. Hizo, posteriormente, los votos el 4 de octubre de 1707 y murió en Barcelona el 30 de abril de 1768.  
  31. HORCAJADA, M. en Anales Madrid, 1909, pg.202 Nota 1, aclara: «Por este tiempo dependía aún Barcelona de Roma; mas en este mismo año de la fundación de Palma -1736- se celebró la décima Asamblea general, en la que los diputados romanos pidieron que se agregasen a la Provincia de Lombardía las casas de España». El Superior General debió aprobarlo aquel mismo año.  
  32. La descripción de esta casa y su posterior evolución puede verse en Anales Barcelona, 1972, pp. 212-236.  
  33. La casa de Palma es la única que, excepto pequeños momentos, ha permanecido siempre en manos de la Congregación en España. La calle en la que está enclavada la casa lleva el significativo nombre de Calle Misión.  
  34. Los ministerios desarrollados en los dos primeros siglos de existencia por los misioneros de esta casa pueden verse con algún detenimiento en Anales Barcelona, 1973, pp. 74-90.  
  35. PARADELA, B.: «Resumen histórico…», p. 115.  
  36. Archivo Provincial de Madrid. Casas: «Guisona». Testamento del Sr. Granyó.  
  37. Anales Madrid, 1931, Apéndice, pp. 81-82.  
  38. HORCAJADA, M.: o.c. 1909, p.378.  
  39. «Recueil des principales Circulaires…» II, p.562.  
  40. La relación de las dificultades puede verse en HORCAJADA, M.: o.c. 1911, pp.385-401; también en PARADELA, B.: o.c. pp.163-168. En carta del Marqués de Villadarias al P. Pinell de 31 de Mayo de 1757, que incluye el P. Horcajada en página 393, se indica: «que habiendo conferenciado con el P. Rávago, le había dicho éste: que el haberse opuesto él fue por haber venido la instancia por extranjeros y temer no introdujeran alguna cosa que no fuera útil». Sobre este tema puede también verse Anales Madrid, 1988, pp.367-368.  
  41. PARADELA, B.: «Resumen histórico…», pp. 179-180.  
  42. En 1767 Carlos III dio el dominio de la casa al Ayuntamiento aunque éste defendió a los Paúles y éstos se quedaron; de 1811 a 1815 fue Hospital; de 1820 a 1824 de nuevo convertida en lazareto; desamortizada en 1835 fue convertida definitivamente en Asilo o Casa de Caridad el 17 de Abril de 1836. HORCAJADA, M.: o.c. 1911, pp.407-408.  
  43. BARRAQUER, C.: «Las casas de Religiosos en Cataluña durante el primer tercio del siglo XIX», tomo II, p. 593.  
  44. El P. Horcajada en Anales Madrid, 1909, pp. 564-570 adjunta la carta de los misioneros y la respuesta del Sr. Obispo.  
  45. «Recueil des principales Circulaires…» I, pg.636. El nuevo establecimiento se llamará Seminario de San Vicente de Paúl.  
  46. HORCAJADA, M., en Anales Madrid, 1911, pp. 24-26 recoge las «Obligaciones de esta Casa y misiones que le estaban encargadas con especialidad».  
  47. Archivo Provincial de Madrid. Carpeta «Barbastro».  
  48. PARADELA, B.: «Resumen histórico …» p. 174  
  49. Recueil des principales Circulaires…» II, pp.99 y 108.  
  50. ROMAN, JM.: «Documentos», Mes Vicenciano 1991. Salamanca  
  51. PARADELA, B.: o.c. pg.212  
  52. Citado por el P. Nicolás Pascual en Anales Barcelona, 1939, p. 419.  
  53. ROMÁN, JM.: «Una página olvidada de la Historia de la Congregación». Anales Madrid 1993, pp. 374ss.  
  54. ROMAN, JM.: «La llegada de las Hijas de la Caridad a España y su contexto histórico». Anales Madrid, 1990, pp. 292-314.  
  55. «Recueil des principales Circulaires …» II, p.267.  
  56. «Recueil des principales Circulaires…» II, p.325.  
  57. Una síntesis del conflicto de los Vicarios Generales puede verse en ROMAN, J.Mª. «Lecciones de Historia General de la Congregación de la Misión», Anales, 2005, pp. 396ss.  
  58. A. Orcajo («Historia básica de la C.M. en España: 1704-2004», p. 148)indica en la Nota 169 que este dato se debe al P. Pedro Junquera y que el Documento fundacional se encuentra en el Archivo Provincial de Madrid.  
  59. Parece ser que ya estuvieron en los últimos años del s.XVIII, pero en vista de los obstáculos que surgieron no pudo hacerse la fundación y se volvieron. M. Horcajada, o.c. 1911, pg.352; Anales Madrid, 1987, pp. 41-45.  
  60. HORCAJADA, M.: o.c. 1911, pg.360-365; Anales Madrid, 1985, pp. 334-341 inserta varios de los documentos fundacionales.  
  61. Vide «Labor de los PP. Paúles en Badajoz en el S.XIX». Anales Madrid, 1986, pp. 609-622.  
  62. El interesante documento lo trascribe íntegro el P. Horcajada en Anales Madrid, 1911, pp. 370-380.  
  63. Pueden consultarse las obras de HERNANDEZ, Mª C.: «Las Hijas de la Caridad en España»; y MAS, N.:»Notas para la Historia de las Hijas de la Caridad en España» en las que se aporta abundante Documentación.  
  64. BARCELÓ, J.: «Pasos de nuestra casa primera», 2004. Mecanografiado, pp.38-40. También en Anales Madrid 1931, pp. 431ss. La más completa visión puede verse en Anales Barcelona, 1971, pp. 29-31.  
  65. PASCUAL, N.: «La casa-misión de Palma y los refugiados», en Anales Barcelona, 1939, p. 421ss.  
  66. SANTAEULARIA, J.: «Documentos históricos para la casa-misión de Guissona», Anales Madrid, 1987, p.379.  
  67. PARADELA, B.: o.c. p.247: «Por el Libro de Personal de la Casa de Barbastro, se sabe que allá por los años de 1815 y antes, tenían los nuestros el Seminario de Jarea en Sesa (Huesca), que había sido fundado por los discípulos del Dr. Francisco Ferrer y Paúl, fundador del Seminario de Nuestra Señora de la Bella; pero parece que estuvieron poco tiempo». M. Horcajada señala que «el Sr. Alejo Davíu…fue Superior, en 1817, del Seminario de Jarea en Sesa, cerca de Sariñena, provincia y diócesis de Huesca» M. Horcajada, o.c. 1909, p.204.Nota 1.  
  68. Recueil des principales Circulaires…» II, p.351.  
  69. Pueden verse estos acuerdos en Anales Barcelona, 1971, pp. 31-32.  
  70. Anales Barcelona, 1939, pp.427-428.  
  71. Recueil des principales Circulaires…» II, p.387.  
  72. ROMAN, JM.: «La CM ante la Revolución liberal en España» p.156.  
  73. PARADELA, B.: «Resumen histórico…» pp.254-260.  
  74. HORCAJADA, M. en Anales Madrid, 1913, pp. 52-58 inserta varias cartas dirigidas por diferentes instituciones mostrando su parece favorable a la fundación; Anales Madrid, 1991, pp. 135-145.  
  75. PARADELA, B.: «Resumen histórico…» pp. 261-263.  
  76. HORCAJADA, M.: o.c. 1913, pp.75-78.  
  77. HORCAJADA, M.: o.c. 1913, pp.78-79.  
  78. «Fundación de la Casa-Misión de Valencia», Anales Madrid, 1991, pp.135-145.  
  79. En el «Libro del Centenario de los PP. Paúles en Madrid. 1828-1928» hay un extenso y documentado artículo del P. Paradela (pp.89-109) acerca del tema.  
  80. PARADELA, B.: «Resumen histórico…». En la página 273 (Nota) indica que el texto proviene del Archivo de la Inclusa.  
  81. HORCAJADA, M.: o.c. 1915, p.409.  
  82. Una breve descripción de la casa puede verse en Anales Madrid, 1901, pp. 257-258.  
  83. En 1832 el P. Juan Vilera, superior de Barcelona, inicia la construcción de esta segunda casa en las calles Lealtad-Amalia, frente a la Ronda de San Pablo. Allí irá la numerosa comunidad (24 padres, dieciocho estudiantes y cuatro Hermanos) el año 1833 aunque, tras los acontecimientos de 1835, debieron abandonarla. Una síntesis documentada de esta casa puede leerse en Anales Barcelona, 1971, pp. 113-130.  
  84. PARADELA, B.: o.c. pp.274-281.  
  85. PARADELA, B.: o.c. p.298.  
  86. Resumen más amplio en ROMAN, JM.:»La CM ante la Revolución liberal en España» pp. 152 y 156.  
  87. ROMAN, JM.: «Documentos», Mes Vicenciano, 1991. Salamanca.  
  88. ROMAN, J.M.: «Lecciones de Historia General de la C.M.». Anales Madrid, 2005, p.378. También ORCAJO, A.: «La Congregación de la Misión en España: 1704-2004», CEME, 2005, pp. 210-212.  
  89. Anales Madrid, 1947, p. 239.  

Mitxel Olabuénaga, C.M.

Sacerdote Paúl y Doctor en Historia. Durante muchos años compagina su tarea docente en el Colegio y Escuelas de Tiempo Libre (es Director de Tiempo Libre) con la práctica en campamentos, senderismo, etc… Especialista en Historia de la Congregación de la Misión en España (PP. Paúles) y en Historia de Barakaldo. En ambas cuestiones tiene abundantes publicaciones. Actualmente es profesor de Historia en el Colegio San Vicente de Paúl de Barakaldo.

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