Novena a la Virgen Milagrosa 2013: Día cuarto

Milagrosa_Pamplona_2013Ayúdanos a DEJARNOS TOCAR por el amor de Jesús,
para que podamos tocarlo en la fe.
(Las visiones y apariciones a Santa Catalina)

MONICIÓN DE ENTRADA

En este cuarto día de la Novena, contemplaremos, siguiendo la carta del Papa Francisco, cómo el amor de Dios toca nuestras vidas. La fe, que juntos profesamos, ayuda a esa cercanía divina. La Palabra que se va a proclamar, nos invitará a aceptar los planes de Dios en la vida, del mismo modo que María Madre aceptó ser la fiel sierva de Dios. Santa Catalina se apoyó en las rodillas de María para sentir su cercanía y ayuda. Esperando que nuestra fe produzca frutos de amor comenzamos nuestra celebración.

ORACIÓN COLECTA

Oh Dios,
que en tu bondad has hecho a tu Hijo
puerta de salvación y de vida,
concédenos, por la acción previsora de la Virgen María,
permanecer fieles en el amor de Cristo
y que se nos abran las puertas de la Jerusalén celeste.
Por nuestro Señor Jesucristo.

LITURGIA DE LA PALABRA

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses (3, 12-17)

Hermanos:

Como elegidos de Dios, santos y amados, vestíos de la misericordia entrañable, bondad, humildad, dulzura, comprensión. Sobrellevaos mutuamente y perdonaos, cuando alguno tenga quejas contra otro. El Señor os ha perdonado: haced vosotros lo mismo.

Y por encima de todo esto, el amor, que es el ceñidor de la unidad consumada. Que la paz de Cristo actúe de árbitro en vuestro corazón; a ella habéis sido convocados, en un solo cuerpo.

Y sed agradecidos. La palabra de Cristo habite entre vosotros en toda su riqueza; enseñaos unos a otros con toda sabiduría; corregíos mutuamente.

Cantad a Dios, dadle gracias de corazón, con salmos, himnos y cánticos inspirados.

Y, todo lo que de palabra o de obra realicéis, sea todo en nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él.

Palabra de Dios.

Salmo responsorial (Is 61, l0 a-d. f. 11; 62, 2-3)

R/. Tú, María, eres la tierra nueva en que habita la justicia.

Desbordo de gozo con el Señor,
y me alegro con mi Dios:
porque me ha vestido un traje de gala
y me ha envuelto en un manto de triunfo,
como novia que se adorna con sus joyas. R/.

Como el suelo echa sus brotes,
como un jardín hace brotar sus semillas,
así el Señor hará brotar la justicia
y los himnos ante todos los pueblos. R/.

Los pueblos verán tu justicia,
y los reyes tu gloria;
te pondrán un nombre nuevo,
pronunciado por la boca del Señor.
Serás corona fúlgida en la mano del Señor
y diadema real en la palma de tu Dios. R/.

Aleluya (cf. Lc 2, 19)

Dichosa es la Virgen María,
que conservaba la palabra de Dios,
meditándola en su corazón.

+ Lectura del santo evangelio según san Juan (20, 24-29)

En aquel tiempo, Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Los otros discípulos le decían: «Hemos visto al Señor». Pero él les contestó: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos y no meto mi dedo en el agujero de los clavos y no meto mi mano en su costado, no creeré».

Ocho días después, estaban otra vez sus discípulos dentro y Tomás con ellos. Se presentó Jesús en medio estando las puertas cerradas, y dijo: «La paz con vosotros». Luego dice a Tomás: «Acerca aquí tu dedo y mira mis manos; trae tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo sino creyente». Tomás le contestó: «Señor mío y Dios mío». Le dice Jesús: «Porque me has visto has creído. Dichosos los que no han visto y han creído».

Palabra del Señor

TEXTO PREVIO A LA HOMILÍA

“… la luz del amor se enciende cuando somos tocados en el corazón, acogiendo la presencia interior del amado, que nos permite reconocer su misterio. Entendemos entonces por qué, para san Juan, junto al ver y escuchar, la fe es también un tocar, como afirma en su primera carta: «Lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros propios ojos […] y palparon nuestras manos acerca del Verbo de la Vida» (1Jn 1,1). Con su encarnación, con su venida entre nosotros, Jesús nos ha tocado y, a través de los sacramentos, también hoy nos toca; de este modo transformando nuestro corazón, nos ha permitido y nos sigue permitiendo reconocerlo y confesarlo como Hijo de Dios. Con la fe, nosotros podemos tocarlo, y recibir la fuerza de su gracia”. (LF, 31)

SUGERENCIAS PARA LA HOMILÍA

1) A todos nosotros Jesús nos ha tocado, como dice el Papa, “y a través de los sacramentos, también hoy nos toca; de este modo, transformando nuestro corazón, nos ha permitido y nos sigue permitiendo reconocerlo y confesarlo como Hijo de Dios” (LF 31). ¿Dónde podemos encontrarnos con Jesucristo hoy? ¿Cuándo nos dejamos tocar por su mano que cura y perdona? ¿En qué mesa podemos comer con Él? ¿A qué aguas hemos de acudir para saciar nuestra sed? ¿Sabemos tocar a Jesucristo en la comunidad de hermanos, en su presencia oculta y sacramental en los pobres?

2) La fe en Cristo nos salva y produce en nosotros frutos de amor. La fe es capaz de transformar nuestras vidas. Hace de nosotros hombres y mujeres nuevos. Ese cambio, no nace de nosotros, nos viene del encuentro con Jesucristo. La fe es apertura a algo que nos precede y abriéndonos a este don que origina la vida, somos transformados. Una transformación que se convierte en salvación y que hace fecunda la vida en frutos de amor. Dirá san Pablo: “Por gracia estáis salvados, mediante la fe. Y esto no viene de vosotros: es don de Dios”. (Ef 2,8s).

3) Nuestra vivencia mariana es mirada de fe, soporte de esperanza, compromiso de amor.

– María entra en los procesos personales de fe y mueve a las respuestas generosas. Nos sitúa en el proyecto de Dios y abre nuestro horizonte a un futuro sugerido por el Señor.

– María fue peregrina en la fe. Así la presenta insistentemente Juan Pablo II en la “Redentoris Mater”: “fue la primera discípula y seguidora de Cristo”. Ella avanzó y nosotros avanzamos en la medida en que nos enraizamos en Cristo.

– Para María el seguimiento de Jesús no fue fácil. María como Madre lo había visto crecer y madurar y tuvo que dar el salto de la fe. Tuvo que costarle necesariamente entender a Jesús, como hemos escuchado en el evangelio. Con san Agustín podemos reconocer ¡que tan difícil le fue concebirlo en su mente (ser discípula) como concebirlo en su seno (ser Madre). Es más importante, dirá san Agustín, su condición de discípula de Cristo que la de madre de Cristo. Llevó en su seno el cuerpo de Cristo, pero más aún guardó en su mente la verdad de Cristo. Y es más importante lo que está en la mente que lo que se lleva en el seno.”

4) María, aún sin entender las cosas, las guarda en su corazón y las contempla en su Hijo hasta ir poco a poco avanzando. Se apasionó por Jesús, su hijo y maestro, su hermano en la fe y objeto de su amor entrañable. Por la fe, y no sólo por amor, se había entregado del todo a Él y hecho su discípula.

ORACIÓN UNIVERSAL

Sacerdote: Con María Inmaculada te rogamos, Padre, por tu Iglesia, por nuestra sociedad, por los pobres

Lector/a: Por la Iglesia, enviada a anunciar la misericordia y la paz de Dios: para que con valentía presente el mensaje liberador de Cristo Jesús. Roguemos al Señor.

Asamblea: Te rogamos, óyenos.

Lector/a: Para que la vida de todos los hombres sea respetada desde su inicio hasta su muerte natural, y nadie se vea privado de expresar con libertad su fe, de tener lo necesario para vivir con dignidad y de gozar de bienestar y de paz. Roguemos al Señor.

Asamblea: Te rogamos, óyenos.

Lector/a: Por los que son invitados a seguir más de cerca a Jesucristo: para que lo hagan con decidida generosidad. Roguemos al Señor.

Asamblea: Te rogamos, óyenos.

Lector/a: Para que los que sufren, unidos a Cristo paciente, encuentren alivio, esperanza y paz. Roguemos al Señor.

Asamblea: Te rogamos, óyenos.

Lector/a: Por todos nosotros, para que por medio de María, alcancemos de Dios el don de la sabiduría, gustemos su bondad y demos testimonio de fe, esperanza y caridad. Roguemos al Señor.

Asamblea: Oh María, sin pecado concebida (cantado)

Sacerdote: Padre Santo, de quien proviene la misericordia y el perdón, concede a tu pueblo que te suplica, vivir según la fe que Tú nos concedes y amar con tu mismo amor. Por Jesucristo nuestro Señor.

ORACIÓN SOBRE LOS DONES

Te ofrecemos, Señor, este sacramento
de unidad y de paz,
celebrando la gloriosa memoria de la Virgen María,
puerta luminosa de la vida,
por la que apareció la salvación del mundo,
Jesucristo, nuestro Señor,
que vive y reina por los siglos de los siglos.

PREFACIO: LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA ABRIÓ LA PUERTA QUE HABÍA CERRADO EVA

V. El Señor esté con vosotros.

R. Y con tu espíritu.

V. Levantemos el corazón.

R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.

V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.

R. Es justo y necesario.
En verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación
darte gracias, Padre santo,
siempre y en todo lugar,
y proclamar tu grandeza
en esta celebración en honor de la Virgen María.
Ella es la Virgen Madre,
representada por la puerta oriental del templo:
por ella pasó el Señor
para él sólo se abrió y permaneció intacta.
Ella es la Virgen humilde,
que nos abrió por su fe
la puerta de la vida eterna
que Eva había cerrado por su incredulidad.
Ella es la Virgen suplicante,
que intercede continuamente por los pecadores,
para que se conviertan a su Hijo,
fuente perenne de gracia
y puerta del perdón siempre abierta.
Por él,
los ángeles y los arcángeles
te adoran eternamente,
gozosos en tu presencia.
Permítenos unirnos a sus voces
cantando tu alabanza:

Santo, Santo, Santo…

TEXTO DE SANTA CATALINA LABOURÉ (antes de la oración final)

“Fue entonces cuando me habló el niño, pero no como un niño, sino como un hombre, en voz alta y con palabras más fuertes. Entonces mirando a la Virgen di como un salto hacia ella, de rodillas sobre las gradas del altar, con las manos apoyadas en las rodillas de la santísima Virgen.

Así pasaron unos momentos, los más dulces de mi vida. Me sería imposible decir lo que sentí”. (René Laurentin, o.c., p. 61)

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Animados, Señor, por los sacramentos
y por el gozo del espíritu,
te pedimos, por intercesión de la santísima Virgen,
de quien recibimos al Salvador del mundo,
que desciendan sobre nosotros los dones de tu gracia
y se nos abran las puertas del cielo.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

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