Ordenación de Hernán

El domingo 21 de octubre fue un día para celebrar dentro de la Congregación de la Misión, y más concretamente, para la Provincia de Zaragoza. El motivo, cómo no, fue la ordenación de presbítero de Hernán Ramos CM por parte del Arzobispo de Zaragoza, Monseñor Manuel Ureña.

Durante toda la semana anterior la parroquia de San Vicente de Paúl, en Casablanca, donde iba a ser ordenado, y la propia comunidad de Casablanca estuvieron ultimando todos los detalles para este gran acontecimiento. Todo tenía que estar en orden para la celebración, para que Hernán, que ya vivió unos años en la ciudad del Ebro, disfrutara como merecía esta nueva etapa de su vida que iba a comenzar. Así pues, todo se preparó con mucho cariño, desde las flores hasta los carteles, sin olvidar los ornamentos. La parroquia estaba volcada y poco a poco se iba acercando el gran día.

Los dos o tres días anteriores a la ordenación llegó la familia de Hernán de México, haciendo un gran esfuerzo para estar cerca de él en un momento tan importante en la vida del misionero. Poco a poco vinieron también padres de las casas más cercanas de la Provincia de Zaragoza y también amigos de Hernán de la Orotava.

Hasta que llegó el domingo. La pequeña iglesia de San Vicente de Paúl estaba llena hasta rebosar. Aparte de los propios feligreses, acompañaron a Hernán una multitud de Hijas de la Caridad y bastante gente de JMV. En momentos como este se ve reflejada la unión de la Familia Vicenciana. La ordenación de un nuevo presbítero de la CM es también motivo de celebración para el resto de ramas de nuestra gran familia. Reinaba, por tanto, un clima de fraternidad y de alegría. Y comenzó la celebración. Como decía antes, la presidió Don Manuel Ureña, Arzobispo de Zaragoza que, según confesó él mismo, se había acercado de muy buen grado hasta Casablanca para ordenar a Hernán porque este le había causado la mejor de las impresiones en la entrevista que habían mantenido. Quizá y muy probablemente por eso, se mostró en todo momento muy cercano con el ordenando y su familia. Fueron dos horas las que duró la ceremonia, pero (ya a título personal) se me pasaron volando. Tal vez sea porque es el primero de todos los compañeros que he tenido que ha sido ordenado de presbítero. El caso es que para mí fue una celebración bonita, especial, alegre y que disfruté mucho. Al terminar, toda la gente estaba muy contenta, en general, por lo bien que había salido todo y por ver cómo un largo camino de formación como el de Hernán continúa, pero esta vez como sacerdote.

Después de la ceremonia y del ágape que hubo al terminar, los más allegados fuimos a comer al restaurante Rogelio’s, cerca de Casablanca. La comida fue muy buena y en todo momento reinó la alegría.

Por la tarde, ya todos volvimos a nuestras respectivas casas con la sensación de satisfacción por haber compartido este acontecimiento tan importante con Hernán y su familia y con el deseo de que continúe siendo el gran misionero que hasta ahora ha sido.

¡Muchas felicidades Hernán! Zorionak!

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