Primer encuentro del curso 2012/2013 de los Misioneros Paúles, zona de Levante

Para que nadie diga que el sol suave de Levante, en este otoño primaveral que hemos tenido, nos hace perezosos, esta vez, los de Levante hemos roto esquemas y nos hemos reunido por primera vez en el curso 2012-13, con muchos días de adelanto sobre el horario previsto. El año pasado tuvimos el primer encuentro a mediados de Noviembre y esta vez lo adelantamos al 29 de Octubre. No es que queramos dejar mal a los cohermanos de otras zonas, echándoles en cara sus retrasos, sino que nosotros hemos asumido nuestras responsabilidades, animosos y entusiastas: el P. Félix marcha a la misión de Zaragoza el 5 de Noviembre y el P. Martín comienza sus tandas de Ejercicios a Hermanas por las mismas fechas; después vienen los triduos y novenas de la Milagrosa, mal podíamos demorar nuestra reunión hasta Diciembre…

Bueno, pues ahí fueron llegando, sonrientes y de buen humor, nuestros contertulios. Fue el primero Javi Aguinaco, que por no derrochar los euros en el Ave de Cuenca a Albacete, se cogió (perdón a los argentinos por esa palabrota) el autobús más madrugador y se plantó en nuestra capital casi a las 8.30: por poco nos saca de la cama. Después llegaron los amigos de Alicante, P. Pedro Torrent y P. Aser Ansia, conduciendo su descapotable con su carnet a punto de caducar por edades intempestivas. Por último, los tardanos de siempre, los de Cartagena, que casi se pierden el aperitivo de las 11.30: Felipe, Paulino, José Luis Indurain y Jesús Egüaras. De la comunidad solo faltaba el P. Jesús María Oses, por deberes ineludibles de servicio de capellán en el hospital, y el P Luis Sainz, trasladado recientemente a nuestra residencia de Pamplona. Sacando cuentas, hay que decir que rozamos el completo de asistentes posibles.

Dichas humildemente las disculpas por los retrasos y por las ausencias, embestimos el aperitivo de humeantes chorizos y buen vino de la Mancha, combinado con queso bien curado… A juzgar por los carrillos a punto de enrojecer, no de vergüenza sino de satisfacción, todo sabía a gloria. Los dimes y diretes de noticias frescas y los consabidos comentarios provinciales fueron animando más aún la fiesta recién estrenada…

Pero todo tiene su tiempo: en medio del ambiente que iba subiendo de tono, el P. Martín nos recuerda que había que comenzar la oración. Él la tenía bien preparada, con su sabiduría litúrgica de siempre. Y cambiamos drásticamente de decoración: en fugaces instantes pasamos de un ambiente bullanguero al de una luz tenue de oración meditativa, casi contemplativa. Tocaba el salmo 23, una de las preferencias sálmicas del P. Martín, como correspondía a su estreno entre nosotros. Y allá iban calando sus pensamientos, de forma cálida, insinuante: “Señor, nada me falta, porque Tú estás conmigo, me das seguridad y habito en tu casa…” “Hay que repetir con fe constantemente esta plegaria ante Jesús” “Es un salmo consolador, saludable; medicina para ansiedades, para buenos tiempos y para noches oscuras” “Es palabra definitiva: nuestro objetivo final es estar con el Buen Pastor, seguirle…” Después de estas reflexiones incisivas, la recitación colectiva del salmo tenía realmente un sabor especial, invitaba a remontarse a las alturas…

Ya no había barreras para pasar al tema de formación, que no era otro que la fe celebrada. También aquí el P. Martin supo llegar al fondo de la cuestión sin remilgos. Destaco sus líneas principales de desarrollo del tema, que encuadra en una doble dirección: relación entre fe y sacramento y celebración de la fe.

En cuanto a la relación entre fe y Sacramento estas son las ideas piloto:

  • “El catecismo de la iglesia católica afirma que la liturgia y los sacramentos son un encuentro de Dios con los hombres y de los hombres con Dios. Es un encuentro eclesial. La fe es indispensable para que pueda realizarse ese encuentro en profundidad. Preparar a la asamblea para este encuentro es obra del Espíritu Santo, de la asamblea y de sus ministros…
  • El Espíritu Santo suscita la fe a través de la catequesis y de la palabra proclamada, ya que el Espíritu Santo conduce a lectores y oyentes a una liturgia espiritual…”

En cuanto a la fe celebrada estas son los pensamientos a destacar:

  • “La expresión litúrgica es expresión viva de la fe eclesial. Celebrar la fe es celebrar el misterio de la salvación. La liturgia nos sitúa a nivel de hechos y de palabras. La fe celebrada debe conducirnos al compromiso. La ruptura entre liturgia y vida es una incoherencia”.
  • La iglesia es y vive como Iglesia creyente expresando su fe en la liturgia y la fe que celebra es la fe que cree y vive. Según San Agustín la palabra de la Iglesia aparece salvando, divinizando, purificando, porque es creída”

Escueta, directa y profunda fue la exposición del P. Martin Burguete en su estreno por tierras manchegas. Y todos apreciamos y agradecimos su intervención…

Aún hubo tiempo antes de comer para confraternizar e intercambiar nuestras cuitas personales y provinciales, antes de pasar al comedor improvisado de la sala de reuniones de antaño, el salón de la planta baja de siempre, convertido recientemente en almacén de alimentos de Cáritas. En la comida solo faltaron las jotas para retrotraer la nostalgia de nuestra perdida de juventud. Pero no hay mal que por bien no venga: los años idos los compensamos con creces en alientos y esperanzas de futuro: quien dijo miedo, aquí estamos nosotros para seguir caminado con hidalguía y disponibilidad siempre nuevas…

Y después de comer, el cabeceo dormilón para unos y la visita pastoral a nuestra parroquia de San Vicente, que algunos todavía no conocían, y había que hacer honor al patrón y a las nuevas perspectivas de nuestra parroquia, no siempre bien conocida ni comprendida.

Finalmente los adioses, achuchones y hasta luegos, que los que se quieren bien no se despiden, sino que se dicen hasta la próxima y que sea pronto.

Jornada plena, pletórica de recuerdos, cargada hasta rebosar de gratitudes y de buenos deseos para los presentes y para los ausentes.

A los que nos visitasteis, gracias por vuestra presencia y más aún por vuestra amistad sentida; y a todos, que no se apague la llama de las buenas sensaciones.

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