Profeta en su tierra (P. Muneta)

Fotos 2014 (2) 058El pasado 11 de marzo, con la solemnidad de las grandes ocasiones, se celebró en el salón del trono del Palacio de Navarra la entrega de la Cruz de Carlos III el Noble, concedida por el Gobierno Foral  a cinco personalidades navarras representativas de los más  variados ámbitos: el abogado Ángel Ruiz de Erenchun, la restauradora y empresaria Atxen Jiménez, las joteras María Victoria y Encarnación Flamarique y el organista, musicólogo y compositor Jesús María Muneta, nuestro padre Muneta.

La condecoración fue creada por el Ejecutivo Foral en 1997 con el fin de resaltar y reconocer públicamente los méritos de personas y entidades que han contribuido de forma destacada al progreso de Navarra o a su proyección exterior.

Jesús María Muneta fue el primero en recibir el galardón de manos de la presidenta del Gobierno de Navarra. En su breve laudatio, Yolanda Barcina resaltó  su condición de misionero paúl, que ha hecho de la música su peculiar forma de interpretar el carisma de la Congregación; su vinculación con Larraga, a la que no olvida y a la que vuelve todos los años para pasar unos días con la familia y dirigir el ciclo de órgano Diego Gómez; y los muchos premios acumulados en su trayectoria vital, especialmente los recibidos de Teruel y la Comunidad de Aragón.

No es Muneta persona a la que le pueda el miedo escénico, acostumbrado como está a los galardones y a la actuación de cara al público. De ahí que, con aplomo y tranquilidad, no exenta de una contenida emoción, desgranó desde el atril unas ideas que reflejan bien su sobria personalidad. Destacó la larga serie de clérigos navarros dedicados a la música religiosa a lo largo de la historia y su impagable labor musical y artística. Los coros parroquiales y los órganos de nuestros pueblos son el mejor ejemplo de una tradición que, lamentablemente, está a punto de fenecer. Todavía quedan algunos en ejercicio, pero son los menos y Muneta quiso compartir su premio con todos ellos. Recordó al niño inquieto que jugaba con el órgano de su pueblo, rememoró a sus maestros de música y dio las gracias a todos los que han hecho posible su dedicación a la música. Finalmente agradeció el galardón, especialmente querido porque se le entregaba en su tierra y entre los suyos.

Y pese a la limitación del aforo, familiares, compañeros de Congregación y amigos, quisimos sumarnos al homenaje. La familia de Larraga, en primer lugar. Pablo Domínguez y Carmelo Maeztu, superiores de las dos comunidades de Pamplona, fueron la representación de la Congregación, junto con el primo del P. Muneta, Antonio Ibáñez, destinado en Cartagena. El antiguo abad de Leire, Luis María Pérez, vinculado también a la Congregación antes de su  profesión como benedictino y el actual abad, Juan  Manuel Apesteguía, representaron al mundo de la música religiosa, al que Muneta proporciona abundante material. Y, finalmente, algunos amigos procedentes de Teruel y de la asociación Diego Gómez. Todos felices porque al final, tras algún esfuerzo, se reconocía la trayectoria de un navarro, misionero paúl, que nunca ha olvidado ni a su tierra ni a los suyos.

No es esta la primera vez que la familia vicenciana recibe el reconocimiento de la sociedad y del Gobierno de Navarra. Durante decenios, la presencia de las Hijas de la Caridad, con aquellas tocas tan espectaculares como incómodas, fue muy frecuente en las ciudades y pueblos de Navarra. Hospitales, residencias, colegios y escuelas fueron las actividades más comunes. Ellas fueron también, básicamente, las personas encargadas de reclutar vocaciones para la Congregación. De ahí que, con cierta sorpresa para muchos, el Gobierno de Navarra les concedió el año 1990 la máxima distinción de la Comunidad, la primera comunidad religiosa que la recibía.

El padre Muneta, que comenzó su trayectoria en Pamplona, recibe al fin el reconocimiento de sus paisanos. Y lo agradeció de la mejor manera que lo puede hacer un músico: dando gracias a Dios por los dones recibidos y componiendo una pieza para la ocasión: «Desde la torre del castillo», un dúo para flauta y piano. Misión cumplida.

Román Felones Morrás, miembro de la familia vicenciana

Mitxel Olabuénaga, C.M.

Sacerdote Paúl y Doctor en Historia. Durante muchos años compagina su tarea docente en el Colegio y Escuelas de Tiempo Libre (es Director de Tiempo Libre) con la práctica en campamentos, senderismo, etc… Especialista en Historia de la Congregación de la Misión en España (PP. Paúles) y en Historia de Barakaldo. En ambas cuestiones tiene abundantes publicaciones. Actualmente es profesor de Historia en el Colegio San Vicente de Paúl de Barakaldo.

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