Proyecto Provincial 2003/2006

CONGREGACIÓN DE LA MISIÓN

PROVINCIA DE ZARAGOZA

PROYECTO PROVINCIAL

2003-2006

CONGREGACIÓN DE LA MISIÓN

PROVINCIA DE ZARAGOZA

A los misioneros de la Provincia

Queridos Padres y Hermanos:

La gracia del Señor esté siempre con nosotros.

En estos días previos a la celebración de la solemnidad de San Vicente de Paúl, me complace enviaros el Proyecto Provincial 2003-2006. Ha sido redactado por el Visitador y su Consejo, teniendo en cuenta las aportaciones de las comunidades en sus respuestas al Cuestionario de preparación a la Asamblea y las indicaciones de la misma Asamblea Provincial.

El Proyecto Provincial 2003-2006 es una propuesta sencilla, realista. Recoge como hilo conductor la llamada de la próxima Asamblea General a profundizar nuestra identidad como misioneros, seguidores de Jesucristo Evangelizador de los pobres, y la urgencia de la Misión a la que constantemente nos está convocando la Iglesia para ser testigos creíbles del Evangelio en nuestro tiempo. Para responder a estos desafíos, la formación permanente, más necesaria que nunca, resulta condición irrenunciable.

En el Consejo hemos vivido la elaboración del Proyecto Provincial como un tiempo de discernimiento: Provincia de Zaragoza, ¿qué quiere en esta hora el Señor de ti? Desde esta perspectiva han sido formulados los objetivos y las líneas de acción.

mso92DF1Corresponde ahora a las comunidades y a cada uno de los misioneros de la Provincia concretar las líneas de acción de este Proyecto. Os invito a hacerlo desde la misma actitud, preguntándonos sinceramente: ¿Cómo podemos hacer vida esta línea de acción en nuestra comunidad? ¿Qué tiene que pasar en cada uno de nosotros y en nuestra comunidad para lograr este objetivo? ¿Qué nos está pidiendo el Señor en este Curso?

Para llegar a compromisos concretos y evaluables, necesitamos en cada comunidad partir de la realidad en la que nos encontramos en relación con cada uno de los objetivos y ponernos en actitud de escucha y de fidelidad.

A cada uno de nosotros, miembros de la Provincia de Zaragoza, que vivimos y trabajamos en los diversos ministerios de Europa o de América, parecen dirigidas las palabras de Juan Pablo II en su reciente exhortación Ecclesia in Europa (n. 18): “¡Iglesia en Europa, te espera la tarea de la «nueva evangelización»! Recobra el entusiasmo del anuncio. Siente, como dirigida a ti, en este comienzo del tercer milenio, la súplica que ya resonó en los albores del primer milenio, cuando, en una visión, un macedonio se le apareció a Pablo suplicándole: «Pasa por Macedonia y ayúdanos» (Hch 16, 9). Aunque no se exprese o incluso se reprima, ésta es la invocación más profunda y verdadera que surge del corazón de los europeos de hoy, sedientos de una esperanza que no defrauda. A ti se te ha dado esta esperanza como don para que tú la ofrezcas con gozo en todos los tiempos y latitudes. Por tanto, que el anuncio de Jesús, que es el Evangelio de la esperanza, sea tu honra y tu razón de ser”.

Encendidos en este entusiasmo, construyamos una fecunda trayectoria de evangelización en los próximos años: así lo pido junto con vosotros al Señor de la Misión, por intercesión de San Vicente de Paúl y de Santa María, Estrella de la Evangelización.

Fraternalmente,

Corpus Juan Delgado Rubio, c.m.

Visitador

OBJETIVO GENERAL

Fortalecer nuestra identidad de misioneros y potenciar la dimensión evangelizadora de nuestros ministerios, en el tiempo y circunstancias que nos toca vivir, en fidelidad al proyecto de Dios que nos llama a continuar la misión de Jesucristo Evangelizador de los pobres.

“Son muchas en nuestro tiempo las necesidades que interpelan la sensibilidad cristiana. Nuestro mundo empieza el nuevo milenio cargado de las contradicciones de un crecimiento económico, cultural, tecnológico, que ofrece a pocos afortunados grandes posibilidades, dejando no sólo a millones y millones de personas al margen del progreso, sino en condiciones de vida muy por debajo del mínimo requerido por la dignidad humana … El cristiano, que se asoma a este panorama, debe aprender a hacer su acto de fe en Cristo interpretando el llamamiento que él dirige desde este mundo de la pobreza. Se trata de continuar una tradición de caridad que ya ha tenido muchísimas manifestaciones en los dos milenios pasados, pero que hoy quizás requiere mayor creatividad. Es la hora de un nueva «imaginación de la caridad», que promueva no tanto y no sólo la eficacia de las ayudas prestadas, sino la capacidad de hacerse cercanos y solidarios con quien sufre, para que el gesto de ayuda sea sentido no como limosna humillante, sino como un compartir fraterno.

Por eso tenemos que actuar de tal manera que los pobres, en cada comunidad cristiana, se sientan como «en su casa». ¿No sería este estilo la más grande y eficaz presentación de la buena nueva del Reino? (Novo Millennio Ineunte, 50).

OBJETIVOS ESPECÍFICOS

OBJETIVO PRIMERO: FORTALECER NUESTRA IDENTIDAD DE MISIONEROS, SEGUIDORES DE CRISTO EVANGELIZADOR DE LOS POBRES

“También hoy el Espíritu Santo pide disponibilidad y docilidad a su acción siempre nueva y creadora. Solo Él puede mantener constante la frescura y la autenticidad de los comienzos y, al mismo tiempo, infundir el coraje de la audacia y de la creatividad para responder a los signos de los tiempos. Es preciso, por tanto, dejarse conducir por el Espíritu al descubrimiento siempre renovado de Dios y de su Palabra, a un amor ardiente por Él y por la humanidad, a una nueva comprensión del carisma recibido” (Caminar desde Cristo, 20).

Líneas de acción:

1.- A nivel personal y local

1.1. Esforzarnos por transformar nuestras personas con la fuerza inspiradora de la identidad vocacional propuesta en las Constituciones.

1.2. Cultivar el sentido comunitario de nuestro apostolado y sentirnos todos corresponsables en la misión común.

1.3. Concretar en el Proyecto Comunitario los cauces para comunicarnos la experiencia de fe y promover la animación fraterna.

1.4. Esforzarnos por expresar en la vida nuestra experiencia espiritual vicenciana: viviendo como seguidores de Cristo, manifestando un estilo marcado por las cinco virtudes, cultivando la oración personal y comunitaria, asumiendo gozosamente las exigencias de los votos, mostrándonos disponibles para la misión, acercándonos cordial y sencillamente al clero diocesano y a los laicos.

1.5. Reavivar el fuego de nuestra vocación, superando toda forma de mediocridad.

2.- A nivel provincial

2.1. Profundizar en los encuentros de los misioneros en la identidad de nuestra vocación, comunión y misión.

OBJETIVO SEGUNDO: POTENCIAR LA DIMENSIÓN EVANGELIZADORA DE NUESTROS MINISTERIOS

“¡Caminemos con esperanza! Un nuevo milenio se abre ante la Iglesia como un océano inmenso en el cual hay que aventurarse, contando con la ayuda de Cristo. El Hijo de Dios, que se encarnó hace dos mil años por amor al hombre, realiza también hoy su obra. Hemos de aguzar la vista para verla y, sobre todo, tener un gran corazón para convertirnos nosotros mismos en sus instrumentos… El Cristo contemplado y amado ahora nos invita una vez más a ponernos en camino: «Id pues y haced discípulos a todas las gentes, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo» (Mt 28,19). El mandato misionero nos introduce en el tercer milenio invitándonos a tener el mismo entusiasmo de los cristianos de los primeros tiempos. Para ello podemos contar con la fuerza del mismo Espíritu, que fue enviado en Pentecostés y que nos empuja hoy a partir animados por la esperanza «que no defrauda» (Rm 5,5) (Novo Millennio Ineunte, 58).

Líneas de acción:

1.- A nivel personal y local

1.1.      Vivir más atentos a las realidades de nuestro mundo que afectan a los intereses de los pobres.

1.2.      Comprometernos con más entusiasmo, dedicación y creatividad para salir al encuentro de las necesidades de los pobres.

1.3.      Hacer nuestras comunidades más acogedoras, abiertas, sensibles y solidarias para con las personas que se nos acercan.

1.4.      Potenciar en cada una de nuestras comunidades servicios de apoyo efectivo a los inmigrantes.

1.5.      Dedicar tiempo e imaginación para el encuentro con los jóvenes, acompañándolos en sus procesos de maduración personal y en la fe.

1.6. Estimular la responsabilidad de los laicos en la misión y abrir nuestras casas, ministerios y comunidades a experiencias de encuentro, oración, convivencia y trabajo, de modo que nuestro carisma y forma de vida puedan ser conocidos y compartidos por otros.

1.7. Fortalecer la coordinación de los grupos de la Familia Vicenciana e implicarnos más decididamente en proyectos comunes.

1.8. Dejarnos interpelar por las necesidades de los pobres y trabajar en la promoción de la caridad y de la justicia en nuestro entorno.

2.- A nivel provincial

2.1. Promover la colaboración con los miembros de la Familia Vicenciana.

2.2. Revisar nuestras comunidades y ministerios a la luz de la espiritualidad misionera que inspiran nuestras Constituciones

OBJETIVO TERCERO: CUIDAR NUESTRA FORMACIÓN

“El tiempo en que vivimos impone una reflexión general acerca de la formación de las personas consagradas, ya no limitada a un periodo de la vida. No sólo para que sean siempre más capaces de insertarse en una realidad que cambia con un ritmo muchas veces frenético, sino también porque es la misma vida consagrada la que exige por su naturaleza una disponibilidad constante en quienes son llamados a ella. Si, en efecto, la vida consagrada es en sí misma «una progresiva asimilación de los sentimientos de Cristo», parece evidente que tal camino no podrá sino durar toda la vida, para comprometer toda la persona, corazón, mente y fuerzas (cf. Mt 22, 37), y hacerla semejante al Hijo que se dona al Padre por la humanidad” (Caminar desde Cristo, 15).

Líneas de acción:

1.-  A nivel personal y local

1.1.           Asumir, personal y comunitariamente, la necesidad de la formación como expresión de nuestra fidelidad a la vocación

1.2. Cultivar la formación especializada para atender nuevos campos apostólicos relacionados con los más pobres.

1.3. Responsabilizarnos de la invitación a los jóvenes y del acompañamiento en sus itinerarios.

1.4. Esmerarnos en la preparación y realización de los ministerios y servicios que se nos confían.

1.5. Participar en los encuentros provinciales e interprovinciales por ministerios.

1.6.     Sentirnos urgidos en cada una de las comunidades a ofrecer un testimonio vocacional que resulte significativo.

1.7.     Compartir con los demás nuestras investigaciones y trabajos (Boletín, página web…).

2.- A nivel provincial

2.1. Urgir la aplicación del Plan de Formación Permanente con fidelidad, seriedad y compromiso.

2.2. Promover la preparación especializada de los misioneros.

Mitxel Olabuénaga, C.M.

Sacerdote Paúl y Doctor en Historia. Durante muchos años compagina su tarea docente en el Colegio y Escuelas de Tiempo Libre (es Director de Tiempo Libre) con la práctica en campamentos, senderismo, etc… Especialista en Historia de la Congregación de la Misión en España (PP. Paúles) y en Historia de Barakaldo. En ambas cuestiones tiene abundantes publicaciones. Actualmente es profesor de Historia en el Colegio San Vicente de Paúl de Barakaldo.

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