Reunión en la zona de Levante (7-03-16)

El día 7, en Albacete, amaneció mustio, tibio, indefinido: ni lluvia, ni niebla, ni frio, ni nieve… tan solo unas nubes claro-oscuro, lejanas, auguraban un día sin riesgos atmosféricos serios. Así que nos pusimos en camino de las Cartagenas, de tan gratos recuerdos para tantos de los nuestros… Con retraso, como suele ser habitual entre nosotros. Jesús Mari Osés, conocedor de los caminos, al volante, arropado por Helios, Martín y este humilde servidor.

Allí estaban los limoneros y naranjos de nuestro huerto de Cartagena, siempre en flor, esperando pacientemente las llegadas de los nuestros. Chema, el Superior de la casa, calmaba su impaciencia con su sonrisa siempre abierta. Y, aunque llegamos tarde, no fuimos los últimos: Pedro, el incombustible Pedro y Javi Serra, de Monte Olivete ambos, llegaron después. Seguro que sus ineludibles quehaceres pastorales les retuvo más de lo que les hubiera gustado… La comunidad en pleno de Cartagena arropaba la presencia de los 6 foráneos. Cuenca y Madrid, esta vez, hicieron fuchina, sin duda por razones pastorales ineludibles

Y comenzó la fiesta del encuentro con el refrigerio: sobre la mesa había de todo lo que podíamos esperar; en abundancia y variedad, a gusto de los más exigentes: vamos, para ponerse las botas, hasta los más glotones… Y el buen vino ayudó a saborear los embutidos. Sobró de todo, como es natural, para que nadie piense en los excesos de estos casos…

Así era fácil abrir la mente y el corazón a los impulsos del espíritu. Todo estaba a punto, tecnológicamente, a punto: solo hubo que apretar el botón de mando del ordenador para elevarnos en oración a la contemplación de la naturaleza, anticipo del tema que íbamos a tratar: “la encíclica Laudato si..”, siguiendo el esquema que nos había remitido nuestro equipo provincial de encuentros

A la proyección de la oración, siguió el “power-point” introductorio de la misma encíclica, elaborado por el equipo “cincopanes.com”, recomendado por nuestro hermano teólogo, Iván, de Baracaldo. La verdad que avalo dicha recomendación a cualquiera que vaya a hablar, de un modo didáctico y pedagógico, sobre el tema propuesto. Resultó muy esclarecedor, a la vez que sirvió de guía al amplio campo que abarca el tema.

El diálogo que siguió a la proyección fue intenso, apremiante, bajando al ruedo de nuestros hábitos e implicaciones comunitarias del día a día. Fue como una alusión al texto evangélico, de permanente actualidad: “que nadie tire la primera piedra” Si se quiere, incluyó, implícitamente, una alusión al poeta de estos días: “llorad, humanos, pues todos, en esta situación de degradación de la naturaleza, habéis puesto vuestras manos”. Y las alusiones fueron insistentes: qué hacemos con el agua en nuestras casas; y con las luces encendidas, a plena luz del día; y con los grifos a medio cerrar, y con los residuos sin reciclar; y con las sobras de las cenas y comidas…; y con ese largo etc., del que apenas somos conscientes… No echemos balones fuera: tomemos conciencia clara del problema que amenaza de derrumbe irreparable, sin paliativos, de la casa común de todos. Hagamos del tema de la ecología y de la conservación del planeta tierra, parte irrenunciable de nuestra pastoral de cada día…

Sería demasiado prolijo hacer un elenco, aunque sea resumido, de todo lo que tocamos en nuestro diálogo abierto; y no hay espacio en esta sucinta crónica… Por eso prefiero transmitiros, con preferencia, las alusiones personales y comunitarias, para que todos tomemos vela…

No obstante, permítaseme, al menos, hacer una alusión, de pasada, a los temas que hoy amenazan, seriamente, la existencia misma del planeta:

  • “La rapiación”: ese cambio veloz y constante, que no siempre implica calidad de vida.
  • La Contaminación, que afecta a las personas, y creada por la tecnología.
  • La Contaminación, generada por los residuos y deshechos.
  • La cultura del descarte, que renuncia al reciclaje sostenible.
  • El problema del agua, necesaria para la vida humana y para los ecosistemas terrestres y acuáticos.
  • La pérdida de selvas y bosques, que implica la desertización y la perdida de especies, de alimentos, de recursos naturales…
  • Crecimiento desordenado de muchas ciudades, insalubles para vivir.
  • Reducción drástica de la natalidad en zonas del planeta, provocada por un mal reparto de recursos y de bienes, que son de todos.
  • La iglesia tendrá que tomarse en serio, de ahora en adelante, estos temas, si quiere ser fiel a su misión evangelizadora.

Este podía ser el colofón ineludible de un tema tan apasionante y urgente.

La comida, pantagruélica y fraterna, distendida y jovial, animada en todo momento por un diálogo sin fronteras, fue el colofón de un encuentro fraterno inolvidable.

Félix Villafranca

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1 respuesta

  1. Mitxel dice:

    NO tengo ni idea del asunto pero, amigo Félix, no creo que «los limoneros y naranjos de nuestro huerto de Cartagena (estén) siempre en flor». Me imagino, sólo me imagino, que darán fruto. ¿Es por el limón la calidad de las fotos?… ¡A seguir en la brecha!… ¡Feliz Pascual de Resurrección!

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