Reunión en la zona del Sureste (Valencia 15-12-14)

No solemos faltar a la cita los del Sureste, pero esta vez parecía que teníamos más ganas, a pesar de la dificultad de algunos para desplazarse hasta allá… Ni sincronizados a golpe de reloj podíamos llegar más puntuales los de Cartagena y los de Albacete: eran exactamente las 11.30 de la mañana cuando los de ambas Comunidades estábamos llamando a la puerta de Monte Olivete… Tres miembros de cada Comunidad que, con los cinco de Valencia, hacíamos 11, grupo perfecto. Bueno, nuestro amigo Paulino Sáez se coló con los de Cartagena, camino de Madrid. Vino bien el arreglo, porque, como suele suceder, Paulino siempre anima la reunión donde quiera que esté… Los demás éramos Juan Bautista Iborra y Chema Ibero de Cartagena; Helios del Cerro, Martín Burguetee y este humilde servidor de Albacete…

La mesa estaba puesta y los suculentos aperitivos servidos, con buen vino y variadas infusiones a la mano… Con amigos a la mesa no hace falta que se nos invite, comenzamos la “faena” de inmediato, sin esperar a la llegada de los rezagados de la Comunidad… Pronto nos dimos cuenta de los buenos apetitos de algunos comensales, sin mencionar a nadie, que ya nos conocemos de pe a pa, entre nosotros. Así que, seguro que acertáis…

Ya decía mi madre, que en paz descanse, que, a veces, “no hay mal que por bien no venga”: el despiste de creer que el tema a tratar esta vez, no había llegado, que la comisión preparatoria se había dormido (en realidad se habían adelantado mandándolo internet…), nos llevó a elegir otro tema de actualidad. Y el tema elegido fue la reflexión de nuestro hermano obispo de Honduras, Mons. Luis Solé, sobre la ”Dimensión social de la evangelización”, a la luz de la Evangelii Gaudium. Está en el último Vicenciana, merece la pena leer este documento. El tema se las trae, y dio mucho juego en el diálogo; llevaría mucho tiempo y espacio repetir todo lo que comentamos y compartimos. Pero lo resumo, a mi manera, para que cada uno tome vela y aplique a su vida y a su pastoral lo que convenga. He aquí a las ideas madre.

La misericordia parte de la justicia; ambas se complementan, se exigen mutuamente.

El cariño, la cercanía, el saber escuchar al necesitado es, a veces, el mejor servicio que podemos hacer a los pobres, a los que nadie escucha, a los que todos discriminan. Es de suma importancia llamar a los pobres, a los ancianos de una residencia, a los que están solos, por su nombre…

Desde la fidelidad al carisma vicenciano, no podemos desvincular ni obviar la evangelización del servicio social a los pobres. Y se citó aquel texto famoso de San Vicente referido a los misioneros: “Si alguno cree que…, y no para servir materialmente a los pobres…”

Nuestro servicio pastoral implica estas realidades: a semejanza de Cristo, ser (y sentirnos) sacerdote, rey, profeta, siervo, y buen pastor… A nivel de comunidad creyente, nuestras comunidades de servicio evangelizador deben incluir las siguientes dimensiones: Comunidad de discípulos; de comunión; misionera; samaritana; pascual…

Los pobres deben ser agentes de su propio desarrollo; no dar solo el pez, sino la caña para pescar; de ahí la importancia de la mentalización, de la educción…

Debemos evangelizar a los pobres enseñándoles a descubrir el rostro de cristo, pero debemos también aprender a descubrir el rostro de Cristo en los pobres…

No son los aires de imponer, de exigencia estricta, sino de ofrecer, proponer, presentar…, los que deben soplar en nuestra tarea evangelizadora…

Debemos tener actitudes de colaborar con otros que están implicados en la misma causa, sean comunidades religiosas, movimientos o asociaciones; no ver en ellos competidores sino sembradores y segadores en el mismo campo…

Entre todos debemos hacer todo, pero no todos y cada uno puede hacer todo…

La evangelización no debe nunca violentar a las personas… Es precisamente la libertad, y la libertad de conciencia, en particular, en su recto sentido, la estrella que debe iluminar nuestra tarea evangelizadora…

Y con esto, y con las ideas implicadas en estos breves pensamientos, estábamos bien servidos… Nos habíamos ganado de sobra la buena mesa y el buen ambiente de cordialidad y de buen humor que animó nuestra abundante y variada comida fraterna….

Los abrazos y adioses de rigor y hasta la próxima… Que todos sepamos vivir la Navidad y hacer de cada día una Navidad viva y permanente…

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