Solidaridad en Honduras y para Honduras

Después de la tormenta viene la calma

Este año 2020 pasara a los anales de la historia como un año lleno de calamidades en medio de una crisis sanitaria que tiene a los países de rodillas por muy grandes y fuertes que se crean (con millones de contagiados y muchos muertos, con las economías destruidas y con muchas personas sin trabajo). Pero como se suele decir, las calamidades no vienen solas y el miércoles 28 de octubre recibíamos la noticia que en breve tendríamos un invitado para Honduras ya que venía un Huracán llamado ETA. 

Tambores de guerra de otros tiempos que nos recordaban la fatalidad de otro huracán que hizo su presencia en tierras hondureñas llamado MITCH y que hacia su entrada en octubre del año 1998 destruyendo muchas infraestructuras y matando más de quince mil personas. 

Siempre en los meses de octubre y noviembre miramos de reojo al cielo porque es en esta época cuando aparecen los huracanes (en el calendario hay una X que nos recuerda que es un tiempo especial para los desastres ecológicos, aunque eso lo vivimos también en otros meses del año).

Y se hizo realidad lo que desde el centro de huracanes se predijo, lo que tenía que llegar. Desde el domingo 1 de noviembre comenzaron las lluvias que se intensificaron el miércoles 4 de noviembre. Destrucción de carreteras y caminos, más de un millón de personas afectadas, unas han perdido sus casas y sus terrenos, y hay personas desaparecidas. Y lo peor de todo también ahora aparecen personas que han muerto azotadas por este huracán inmisericorde.

Una semana más tarde, con la memoria atenazada por el miedo a todo lo que hemos pasado, se está intentando recuperar esa “normalidad”. Ayudando a algunas personas en la limpieza de sus casas. Otros, menos afortunados, viendo como escuelas, iglesias, gimnasios, edificios se convierten en sus casas, porque tuvieron que salir con lo puesto de sus viviendas para poder salvar sus vidas. 

Todos los padres vicentinos que estamos trabajando en estas latitudes estamos monitoreando las comunidades y pendientes de todos los acontecimientos. En lo que hace referencia a la parroquia Santiago Apóstol los daños han estado más centrados en la destrucción de los caminos de las comunidades, y algunas familias a las que el agua ha hecho estragos en sus casas.

Pero si desde nuestra parroquia Santiago Apóstol de Cuyamel nos vamos acercando a san Pedro Sula la cosa ha ido a peor, a mucho peor. Desde la parroquia Sagrado Corazón de Jesús, que ha sufrido mucho, las parroquias de Baracoa, Monterrey, La lima, La Planeta, Rivera Hernández y Chamelecón en San Pedro Sula, Villanueva, Pimienta y un largo etcétera. En otros departamentos del país muchas familias lo han perdido todo, y la reconstrucción material será lenta, muy lenta. Lo que ya no podremos recuperar será a los seres queridos muertos unos por el Cov19 y otros por el Huracán ETA, a los que tendremos presentes en nuestros corazones y oraciones.

¿Y ahora qué?, ¿Qué podemos hacer en medio de este drama?

La respuesta es bien sencilla: ayudar, con lo que podamos. Esa es la respuesta que muchas personas están haciendo en estos momentos. La SOLIDARIDAD de la gente, una movilización de miles de voluntarios para ayudarse unos a otros. Hace poco leía en un medio de comunicación como hace la gente que sin trabajar 8 meses (por culpa del Cov19) pueda ayudar a otros en estos momentos. La respuesta es bien simple: solidaridad. Nuestro obispo Monseñor Ángel Garachana lo decía así: estamos inundados por el agua, pero también estamos inundados por la solidaridad de tantas personas.

El papa Francisco nos habla que uno de los males que aqueja este mundo es la indiferencia. Y nuestros hermanos en Honduras en estos momentos viven la cercanía y el amor de tantos compatriotas dignos de admirar. Unos dentro de Honduras y otros que en la distancia siguen el devenir de los acontecimientos poniendo su granito de arena movilizándose bien para mandar cosas materiales o bien dinero con el que adquirir los productos de primera necesidad para los damnificados. También tenemos que agradecer a tantas personas que, desde los diferentes lugares del mundo desde una llamada de wasap, un correo electrónico, manifiestan su preocupación y sus oraciones por todos los damnificados. Uno tiene que ser agradecido y lo estamos con todos los que nos apoyan y acompañan en estos momentos. Las muestras de cariño, las oraciones por todo el pueblo de Honduras que está sufriendo esta desgracia nos alientan y confortan en estos momentos tan difíciles y complicados. 

¡Después de la tormenta viene la calma!

Félix Mariezkurrena, C.M.

David Carmona, C.M.

David Carmona, Sacerdote Paúl, es canario y actualmente reside en la comunidad vicenciana de Casablanca (Zaragoza).

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