Textos para la Historia de la CM en España (7 de abril de 1803) (Nuevo)

CARTA DEL P. SOBIES y SOR MANUELA LECINA (7 de Abril de 1803)[1]

«D. Felipe Sobies, Visitador General de la Congregación de la Misión de San Vicente de Paúl, en estos Reinos, y Sor Manuela Lecina Superiora de las Hijas de la Caridad siervas de los pobres enfermos, con el más profundo respeto … exponen:

Que por una copia que se les ha comunicado de la minuta de la Escritura de fundación de la Casa de Noviciado o Seminario de la expresada Congregación de las Hijas de la Caridad, que V.M. se ha dignado resolver se establezca en esta villa de Madrid, donde se formen las que en lo sucesivo puedan extender su Instituto, y el ejercicio de él a todos sus Dominios, han observado que al mismo tiempo que en ella se declara en los términos más expresivos ser voluntad de V.M. que en esta y las demás fundaciones se observen inviolablemente la regla y orden de su fundador San Vicente de Paul, en la forma y como lo disponen sus constituciones aprobadas por los Sumos Pontífices, y con toda la exactitud que hasta ahora se han guardado y cumplido, lo que dispone en la misma Escritura en el C.4., tratando de las obligaciones de los dos Capellanes que ha de haber en la Casa del Noviciado, y en el 8, donde los declara confesores fijos de las Hermanas, es enteramente contrario a las reglas de su Instituto, y por consi­guiente a las piadosas intenciones de V.M. y a los fines que se ha propuesto en tan útil establecimiento.

El Sto. Fundador así en las reglas que prescribió a las Hijas de la Caridad, como a las que dio a los Misioneros de su Congregación, ordenó expresamente que el cuidado y dirección espiritual de aquéllas, corriese a cargo de éstos, haciendo en ello una excepción de la prohibición general que les había hecho de encargarse del gobierno de otras Religiosas».

«… Por eso desde su primera institución siempre estuvo a cargo de los Superiores de la Congregación de la Misión, no solo el admitir a los votos a las Hijas de la Caridad, sino también el gobernarlas, dirigirlas y señalarles confeso­res … no ciñendo en las casas donde hay muchas Hermanas, su licencia a un solo confesor sino a dos o más, según lo exige su número y proporcionándoles en sus tiempos, confesores extraordinarios, a imitación de lo que la Iglesia tiene ordenado muy sabiamente para las Religiosas, aunque estas Hermanas no lo son, porque solo hacen votos simples … Esto fue lo que estableció el Sto. Fundador; y a su consecuencia … el Superior las confiaba a la dirección del mismo Párroco o de algún otro eclesiástico de conocida prudencia y gravedad, no habiendo siempre proporción de Sacerdotes de la Misión».

«No obstante esto, en la Casa del Noviciado de París que era el único para toda la Francia, como el de Madrid quiere S.M. que sea el único y general para todos sus Reinos, quiso el Santo y así lo hizo en su vida y así se ha conservado hasta los últimos tiempos, que la dirección espiritual de las Novicias, estuviese al cuidado de los Sacerdotes de la Congregación, de los cuales señalaba para confesores un cierto número de los más graves y recomendables por su doctrina y virtud. Y a la verdad este Noviciado único y general es como el Semillero donde se han de plantar, criar y formar todas las Hijas de la Caridad que después se han de extender por toda la España; aquí se las ha de formar y educar, según el espíritu de este Instituto de caridad, en todo lo que pide la perfección de la vida que han de abrazar y cumplir; aquí se las ha de instruir en sus obligaciones particulares y se les ha de inspirar las máximas e ideas características y propias de su destino, de que deben estar imbuidas y penetra­das toda su vida; aquí se ha de examinar las disposiciones del espíritu de cada una, formar acertadamente el juicio de su vocación, talentos y demás prendas que deben gobernar al Superior y a la Superiora para no errar en admitir a la Profesión a las Novicias; las cuales serán tales en los Hospitales y demás ministerios, cuales se hayan formado en el Noviciado».

«Esta obra, a la verdad, la más delicada y de tanto pulso y trabajo, es la que el Santo tomó sobre sí y encargó a sus hijos de la Misión y la que no es posible que el superior abandone en cualesquiera manos, habiendo de responder a Dios, a S.M. y al Estado, de la educación y conducta de las hijas de la Caridad; y espera que estas consideraciones, V.M. que tanto desea que en este estableci­miento se siga y ajuste todo al espíritu de San Vicente y a sus constituciones, querrá igualmente, que los confesores y directores del Noviciado sean personas graves y escogidas entre los Padres de la Congregación por su Superior, sin que esto impida el que él mismo, de acuerdo con el muy R. Cardenal Arzobispo de Toledo, señale algunos otros eclesiásticos de su satisfacción y aprobación, para que en sus tiempos y cuando lo pidan, puedan desahogar sus conciencias….

Igualmente suplican, que si a V.M. pareciese que se conserven las Hermanas como hasta aquí, en el espíritu de su Instituto, lejos de la exención de la jurisdicción ordinaria y de la Parroquialidad, mande V.M. que, conforme al estado en que estaban en París, el Noviciado cumpla con el precepto anual en su propia Parroquia o en su Oratorio con licencia del Párroco …

Y por último que siendo preciso para la sobredicha dirección y cuidado de este Noviciado, que existan en la Corte dos individuos por lo menos de la Misión, se sirva V.M. mandar que se consigne para su subsistencia y manuten­ción una pensión correspondiente … Madrid 7 de Abril de 1804.

Felipe Sobies Visitador

Sor Manuela Lecina Superiora».

[1] HERNÁNDEZ, MªC.: “Las Hijas de la Caridad en España. Documentos” 186-189

 

 

 

 

Mitxel Olabuénaga, C.M.

Sacerdote Paúl y Doctor en Historia. Durante muchos años compagina su tarea docente en el Colegio y Escuelas de Tiempo Libre (es Director de Tiempo Libre) con la práctica en campamentos, senderismo, etc… Especialista en Historia de la Congregación de la Misión en España (PP. Paúles) y en Historia de Barakaldo. En ambas cuestiones tiene abundantes publicaciones. Actualmente es profesor de Historia en el Colegio San Vicente de Paúl de Barakaldo.

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