50 aniversario de la Provincia de Zaragoza

En la repetición de oración del 25 de Enero de 1655 sobre los orígenes de la Congregación de la Misión, San Vicente acababa señalado las razones por las que habían de comulgar en ese día: “Para dar gracias a Dios por la fundación de la Misión, para pedirle perdón por las  faltas que la Compañía en general y cada uno en  particular hemos cometido hasta el presente, y para pedirle las gracias de corregirnos y realizar cada vez mejor las ocupaciones que le conciernen” (XI, 96) Desde ese mismo espíritu de acción de gracias, perdón y proyecto podemos  celebrar el 50 aniversario de nuestra  Provincia de Zaragoza.

Puede parecer, a primera vista, que cincuenta años son pocos en la vida de una institución. Suponen mucho ciertamente en la existencia de una persona, prácticamente todo el tiempo de una vida activa, pero quizá no tanto en una Provincia. Y, sin embargo, casi toda nuestra vida está ligada a estos cincuenta años. Resulta, por eso, una buena ocasión para detenernos a la altura de este cincuentenario y otear el horizonte hacia atrás y hacia adelante: mirar nuestro recorrido, lo que nos ha traído hasta aquí; y mirar hacia lo que intuimos más allá, todo ese camino por hacer, con metas a proyectar y etapas a quemar.

Es muy importante este ejercicio en la vida de una persona o, en este caso, de una Provincia. «Recordar es volver a ser, ¿no somos acaso nuestros recuerdos?», se pregunta el protagonista de la novela «El primer día» del mexicano Luis Spota. Al fin y al cabo, añade D. Aurelio Gómez Anda, «estar vivo es recordar que se tuvo un pasado y que se guarda algo de vida todavía para después». Y es que vivimos el presente enriquecido s por un pasado que nos ha constituido y tensionados hacia un futuro con sus problemas, proyectos y preguntas.

La velocidad de los cambios vertiginosos en nuestros días puede llevarnos a pensar que el mirar hacia atrás es un peso muerto que retrasa nuestra marcha; pero no debemos olvidar que el desdén por nuestra historia nos condena a usar nuestro pasado sin entenderlo, lo cual limita nuestra libertad. Necesitamos conocer para comprender, y comprender para tomar decisiones y para actuar. Es fundamental, por eso, evocar periódicamente nuestro pasado, antes de que la pasión por innovar nos impida pensar sobre lo que debe permanecer y sobre lo que tenemos que proyectar.

Nos damos cuenta, en este contexto, de lo mucho que ha cambiado todo en este tiempo vivido. La Provincia nació hace cincuenta años en el marco de una España en profunda efervescencia política ya casi al final del franquismo. Nació envuelta en la atmósfera de una Iglesia en pleno post-Concilio con la ilusión de una espiritualidad y una eclesiología evangélicamente renovadas. Y nació en el seno de una Congregación todavía creciendo entre nosotros y con una media de edad joven. La mayor parte de los misioneros de hoy, entonces jóvenes, han acompañado y protagonizado el nacimiento, el desarrollo y la maduración  de la Provincia en estos cincuenta años. Y muchos otros se han ido incorporando a su vida  y se han ido identificando con su estilo carismático y su vitalidad misionera.

Porque es un hecho que la Provincia de Zaragoza tiene su identidad y su estilo. Se fue configurando, desde el principio, alentada por un espíritu conscientemente vicenciano que ha ido moldeando el ser de cada misionero en la vivencia de la espiritualidad, la seriedad de la formación y la orientación de las opciones evangelizadoras. De manera que han cambiado muchas cosas en nuestro país, en la Iglesia y aun en la Congregación; hemos cambiado nosotros mismos por razón de la edad y las circunstancias vividas, pero hemos mantenido constantes las líneas fundamentales de nuestro ser como Provincia de la Congregación de la Misión.

Son esa misma constancia y fidelidad que nos han traído hasta aquí, las que garantizan la viabilidad de nuestro proyecto. Habremos de cambiar mucho todavía, es verdad, porque vivir es cambiar y porque para llegar a la perfección hay que cambiar muchas veces. Pero lo habremos de hacer alentados siempre por el radical espíritu vicenciano que nos inspira y motivados por el ardor misionero que nos inflama.

De todo ese espíritu y ese ardor son expresión los misioneros, las comunidades, las casas y los ministerios que aparecen reseñados en esta publicación. Se hace su presentación de modo sobrio y sencillo, como ha sido siempre nuestro estilo. Pero es precisamente esa sobriedad la que hace más claro el perfil de nuestra Provincia y la significación de nuestro trabajo.

No me queda sino sintetizar en tres palabras el sentido de este Cincuentenario: gracias, felicidades y ánimo. Gracias a los misioneros que ya no están con nosotros, pero que protagonizaron en los años pasados el fortalecimiento y la historia de nuestra Provincia de Zaragoza. Felicidades a los misioneros presentes, que, aun habiendo sido también actores principales del pasado vivido, seguís enriqueciendo nuestra tradición y nuestro ministerio. Y ánimo a los más jóvenes y a los que están por venir. Que sepan que asumen no un programa agotado, sino un proyecto a profundizar y a vivir. Porque es un proyecto evangélico, es un proyecto siempre radical. Porque es un proyecto vicenciano, es un proyecto siempre actual. Y porque es un proyecto profundamente humano, es un proyecto siempre vivo. 

¡Merece la pena que nos entreguemos a él con inteligencia y con pasión!

Santiago Azcárate Gorri, C.M.,  (Visitador Provincial)

CARTA DEL SUPERIOR GENERAL: CARTA SUPERIOR GENERAL-21-10-2020

David Carmona, C.M.

David Carmona, Sacerdote Paúl, es canario y actualmente reside en la comunidad vicenciana de Casablanca (Zaragoza).

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1 respuesta

  1. Mitxel dice:

    ¡Excelente! Me quedo con una expresión: «porque vivir es cambiar»… Y añado «cambiar para mejorar»…

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