Orígenes de la Congregación de la Misión

Vicente de Paúl, nacido en la aldea de Pouy el año 1581, ya desde su niñez vivió con los pobres y participó de sus condiciones de vida. En 1600 fue ordenado Sacerdote. Si bien por algún tiempo anduvo rehuyendo la pobreza de su origen, dirigido luego por sus maestros de vida espiritual, sintió la urgente inquietud de adquirir una santidad más profunda. A través de los acontecimientos de su vida, la Divina Providencia lo llevó a tomar finalmente el firme propósito de dedicarse a la salvación de los pobres.

Descubrió, en efecto, la apremiante necesidad de evangelizar a los pobres mientras ejercía el ministerio en Gannes y, el 25 de enero de 1617, en Folleville. Y esto fue, según su propio testimonio, el origen tanto de su propia vocación como de la Congregación de la Misión.

Por fin, cuando en el mes de Agosto del mismo año, funda en Châtillon-les-Dombes las “Caridades” para socorrer a los enfermos desprovistos de todo recurso, comprendió y expuso la íntima relación que existe entre la evangelización de los pobres y el servicio que se les presta.

Su experiencia espiritual fue configurándose poco a poco en la contemplación y servicio de Cristo en la persona del pobre. Más aún, la misión de Cristo enviado por el Padre a evangelizar se convirtió en centro de su vida y de su trabajo apostólico.

Atento a las interpelaciones del mundo y de la sociedad de su tiempo, que aprendió a leer a la luz de un amor cada vez más acendrado hacia Dios y hacia los pobres oprimidos por cualquier clase de calamidades. Vicente se sintió llamado personalmente a aliviar todo tipo de miserias.

En medio de actividades muy diversas procuró siempre una especial dedicación a la Misión. En efecto, los primeros compañeros que en torno a sí había reunido por contrato (acordado el 17 de abril de 1625, para atender con ellos a la evangelización de los campesinos) se obligaron por el Acta de Asociación (que firmaron el 4 de septiembre del año 1626) a formar una Congregación, en la que, viviendo en comunidad, se dedicaran a la salvación de los pobres en el campo.

Vicente y sus compañeros, mientras se entregaban a la evangelización de los pobres, vieron con claridad que los frutos de la misión no podían conservarse en el pueblo sin cuidar a la vez de la formación de los sacerdotes. Dieron comienzo a esta obra el año 1628 en la ciudad de Beauvairs, cuando, a instancias del obispo, se ocuparon de los ejercicios espirituales en ayuda de los clérigos aspirantes a las Órdenes.

Para mejor socorrer toda clase de necesidades, Vicente convocó a cuantos pudo, ricos y pobres, humildes y poderosos, se sirvió de todos los medios para inspirarles el sentido del pobre -imagen privilegiada de Cristo- y les impulsó a ayudar a los pobres directa e indirectamente. Esta voluntaria y generosa dedicación la hicieron suya y la siguieron tanto la Comunidad de Hijas de la Caridad y las Asociaciones de Caridad fundadas por el mismo Vicente.

Su celo por los pobres alcanzó una nueva meta con la empresa de las Misiones “ad gentes” al enviar en 1648 los primeros misioneros a la isla de Madagascar. Mientras crecía la Congregación como Instituto, iba definiendo poco a poco su vocación, su organización y su vida fraterna, afirmando cuidadosamente su índole secular, a pesar de que sus miembros confirman su estabilidad en la misma con un voto peculiar y con la práctica de la pobreza, la castidad y la obediencia. Tales rasgos constituyen, aún en nuestros días, el patrimonio de la Congregación.

También te podría gustar...

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *