COMIENZO DE LA CUARESMA CON EL MIÉRCOLES DE CENIZA EN LA PARROQUIA SANTIAGO APÓSTOL DE CUYAMEL
El pasado miércoles comenzábamos en la parroquia de Cuyamel un nuevo tiempo del calendario litúrgico. En este tiempo de la cuaresma todos los fieles católicos estamos llamados a vivir estos 40 días como preparación a la Pascua.
Con el Miércoles de Ceniza, los fieles comenzamos a vivir en un clima penitente para arrepentirnos de nuestros pecados y convertirnos de corazón. Esas son las dos palabras clave de este tiempo: arrepentimiento y conversión.
Algunos se preguntan ¿De dónde viene esta práctica de la ceniza y dónde su fundamenta? Antes de Cristo, judíos y Ninibitas utilizaban la ceniza como un símbolo de penitencia. Años más tarde, los fieles católicos comenzaron esta práctica para prepararse para la celebración de la Semana Santa y, ya en el siglo XI, aparece en el misal el rito del Miércoles de Ceniza.
Tuvimos tres celebraciones en nuestra parroquia Santiago Apóstol. También los Delegados de la Palabra pudieron celebrar este día en sus comunidades locales.
La Palabra de Dios de la liturgia de este día se concentraba en las tres prácticas tradicionales de la cuaresma: Limosna, oración y ayuno. Prácticas piadosas en su origen judías que nos ayudan a reconciliarnos con Dios, con uno mismo y con los demás.
La limosna nos ayuda a reconocer y fomentar la solidaridad con los más necesitados. Es un regalo que Dios nos hace poniendo en nuestros corazones la generosidad para compartir nuestros bienes con los más pobres.
La oración nos ayuda a entrar en la dinámica filial de amor con Dios, siendo el centro de nuestra vida, de lo que somos y tenemos. En el capítulo 6 del evangelista san Mateo, Jesús nos enseña a orar con el Padrenuestro.
El ayuno nos invita a dominar nuestros instintos y nos libera el corazón (CIC 2043). Jesús nos lo dice: “No solo de pan vive el hombre sino también de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mt 4,4).
Tanto en las comunidades que celebraron los Delegados como en las tres que hubo eucaristía se vivió de manera muy intensa con la participación abrumadora de nuestros fieles. Desde los más pequeños a los de más edad vivieron el comienzo de esta Cuaresma con ilusión y mucha alegría.
Félix Mariezkurrena, C.M.




























San Vicente de Paúl (de ahí el nombre de “misioneros paúles”), a pesar de las comprensibles limitaciones propias del tiempo en el que le tocó vivir (siglo XVII), tuvo un gran aprecio por la comunicación: llegó a escribir más de treinta mil cartas (alguna llegó a su destinatario varios meses después de su muerte). 


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