DÍA DE LA PROVINCIA – ZONA CENTRO
Como cada año, el día uno de mayo nos reunimos las tres comunidades que trabajamos en Aragón para celebrar el día de nuestra provincia.
Encuentro fraterno y festivo en el que damos gracias a Dios porque “ha estado grande con nosotros y estamos alegres”.
Encuentro de hermanos en el que compartimos, un tema de formación permanente, experiencias de vidas acumuladas con los años, celebración de la eucaristía centro de nuestra fe y razón de nuestra unión en la Misión. Y para concluir una distendida gustosa, y bien preparada para la ocasión.
En el encuentro meditamos sobre el tema: la contemplación en la vida diaria. Tema propuesto este curso para el estudio y la profundización individual, por comunidades y por encuentros de zonas. Pudiendo reflexionar y dialogar las distintas sensibilidades de la vida espiritual que en la Iglesia nos hablan de la contemplación activa y pasiva. Centrando toda la reflexión en la contemplación original del Misterios Pascual de Cristo y en la propia espiritualidad de la contemplación vicenciana: la Mística de la caridad.
En la eucaristía celebramos tres efemérides eran motivo de acción de gracias a Dios este año: los setenta años de vocación de los Padres Ángel Paúl y Luis Carbó; y los sesenta años de sacerdocio Tomás Peribáñez.
Presidida la Eucaristía por el P. Ángel Pascual, por ser el mayor de edad, nos dirigió unas palabras cercanas y de tantos recuerdos de gratitud en la homilía. El recuerdo y la memoria del seminario interno que nos repetía: «recen por nosotros». Palabras que se han quedado marcadas en los corazones de los que con fidelidad y gracia abundante no han dejado de trabajar con ilusión por nuestra Provincia de Zaragoza, por la Congregación de la Misión y sobre todo, por los pobres.
Para finalizar el día concluimos el encuentro con la comida en la que pudimos disfrutar de manera más extendida dando gracias al Dios de la vida, por la vida.
José Miguel Ortega
Etapa Acogida
































San Vicente de Paúl (de ahí el nombre de “misioneros paúles”), a pesar de las comprensibles limitaciones propias del tiempo en el que le tocó vivir (siglo XVII), tuvo un gran aprecio por la comunicación: llegó a escribir más de treinta mil cartas (alguna llegó a su destinatario varios meses después de su muerte). 


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