FIESTA DE SANTA LUISA DE MARILLAC EN TERUEL
La festividad de Sta. Luisa de Marillac, este año, nos reunió a toda la Familia Vicenciana de Teruel celebrando dos eventos que resultaron entrañables.
Por un lado la Asociación de Caridad de S. Vicente de Paúl, durante los días 8, 9, y 10 montaron un pequeño mercadillo para recaudar fondos para sus proyectos, donde colaboraron los Misioneros Paúles, las HH. de la Caridad, la Sociedad de S. Vicente de Paúl, la Asociación Medalla Milagrosa y por supuesto las socias voluntarias de AIC y varias de sus beneficiarias, mediante su colaboración y aporte. A pesar de que el tiempo no nos acompañó demasiado, estamos muy contentas, porque siempre encuentras a nuestro lado «Alguien» que nos acompaña y «otros» que animan a los que pasarían de largo sin el menor atisbo de generosidad.
El día 9, festividad de Sta. Luisa, a las 12 del mediodía, celebramos una misa solemne en su honor, que presidió el P. J. Julián Díaz Catalán, junto con el P. Jesús Mª Muneta, en esta ocasión, concelebrando, dejando su órgano en manos de Nacho Belenguer.
La comunidad de Hijas de la Caridad al completo, y muchos miembros de AIC, la Sociedad de S. Vicente y la Asoc. de la Medalla Milagrosa, participamos de ella, en las lecturas propias de ese día y en la entrega de las ofrendas al celebrante. La comunidad parroquial, que fue testigo del evento, pasaron y colaboraron por el mercadillo de AIC, que se instaló en la parroquia.
Estos días de encuentro, que la Familia Vicenciana tiene en Teruel, deberían ser más frecuentes y por cualquier motivo, para que nos enriquezcan y motiven a conocernos mejor. Las diferentes ramas, tienen un mismo espíritu misionero y de entrega a los pobres, pero la vorágine, el ruido y la rapidez de los acontecimientos, entre otros, nos impiden enriquecernos, precisamente, de lo más nuestro.
Mª Isabel Sánchez
Presid. AIC Teruel











San Vicente de Paúl (de ahí el nombre de “misioneros paúles”), a pesar de las comprensibles limitaciones propias del tiempo en el que le tocó vivir (siglo XVII), tuvo un gran aprecio por la comunicación: llegó a escribir más de treinta mil cartas (alguna llegó a su destinatario varios meses después de su muerte). 


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