PARROQUIA SANTIAGO APÓSTOL DE CUYAMEL, HONDURAS
MISIÓN EN LA COMUNIDAD DE TEGUCIGALPITA
Del 24 de agosto al 06 de septiembre, la comunidad de Tegucigalpita ha recibido y participado de la Santa Misión, en el tiempo de siembra. Este es un territorio que abarca una gran extensión geográfica, por lo mismo, hay una buena cantidad de personas comprometidas en la iglesia.
Este tiempo de misión, que fueron dos semanas, fue algo que diría, inolvidable para los misioneros externos e incluso más para la gente que los recibe. Desde muy temprano, con sueño todavía, se reunían para rezar y poner el día, la misión, las visitas a los hogares y todo lo demás, en las manos de Dios. La dinámica del día era llevadera, entre oración, visitas domiciliarias, personas enfermas que recibían el sacramento de la unción, reuniones y convivencias con niños, jóvenes y adultos, celebraciones de la palabra por la tarde, etc. La agenda estaba llena y más cosas que salían y que había que atenderlas con buen ánimo, todo por la salvación de las almas.
Algo que sorprende es cómo las familias que donan los alimentos para los misioneros de fuera, los dan con tanto cariño y amor, con alegría, que lo dejan bastante sorprendido y con el estómago llenito al que los recibe. Que hasta quedan con ganas de volver a esa casa para degustar de nuevo esas deliciosas comidas. Esto es bueno, porque si te alimentas bien, puedes dar lo mejor de ti en la misión.
Esta comunidad, después de estos días de misión, han quedado con ganas y mucho ánimo de continuar anunciando el evangelio de Cristo a los demás, a toda criatura. También han hecho propuestas en la asamblea del día antes de terminar esa etapa de misión y han hecho los pertinentes compromisos para llevarlas a buen término ales propuestas.
Queda una tarea inmensa por recorrer, esta misión ha sido solo el inicio del trabajo misionero. Ahora la comunidad nativa de Tegucigalpita seguirá fortaleciéndose y sirviendo lo mejor posible los unos a los otros.
Esto ya es personal: Aunque no pude estar a tiempo completo en la misión, por cuestiones personales y de estudios, los he acompañado con la oración. fue un tiempo especial y de gracia que el Señor me permitió. El estar, acompañar, visitar hogares, escuchar, caminar a su lado, ver la alegría de sus rostros, etc. Seguimos fraternalmente unidos en Cristo y San Vicente de Paúl.
Wilmer D. Barrera, C.M.














































San Vicente de Paúl (de ahí el nombre de “misioneros paúles”), a pesar de las comprensibles limitaciones propias del tiempo en el que le tocó vivir (siglo XVII), tuvo un gran aprecio por la comunicación: llegó a escribir más de treinta mil cartas (alguna llegó a su destinatario varios meses después de su muerte). 


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