PASCUA EN ALBACETE

Un año más, la comunidad vicenciana de Albacete ha vivido el acontecimiento de la Pascua acompañando los ministerios encomendados según la propia vocación: la evangelización de los pobres. Si ellos son los destinatarios privilegiados del Evangelio, lo son también de su núcleo fundamental: el anuncio de liberación, salvación y vida nueva en Jesucristo, muerto y resucitado.

Por este motivo, junto con el laicado que comparte misión con nosotros, hemos preparado las celebraciones de estos días, pensadas para hacer partícipes de la experiencia del paso de Dios por sus vidas a los feligreses de nuestros barrios, a los internos del centro penitenciario “La Torrecica” y a los pacientes del Hospital General.

Con ramas de olivo en las manos comenzábamos la Semana Santa, dispuestos todos a seguir al Rey de la Gloria en su camino por Jerusalén. A lo largo de estos días hemos vivido muchos momentos que han dado un verdadero sentido evangelizador a nuestras celebraciones. Baste señalar algunos de los más significativos.

El Jueves Santo fue especialmente hermoso el lavatorio de los pies en la iglesia de la Estrella, realizado a personas del barrio del Cerrico, en particular a los niños que se preparan para la Primera Comunión. Con este gesto, la Iglesia quiere mostrarse servidora de los pobres, y nosotros, como vicencianos, expresar al máximo el sentido de nuestra identidad.

El Viernes Santo resultó impresionante ver cómo las personas internas de “La Torrecica” vivieron la pasión y muerte del Señor. El sentido Vía Crucis que recorría el espacio principal del centro penitenciario, la lectura atenta y participada de la Pasión, y la emotiva adoración de la Cruz nos ayudaron a todos a entrar en este misterio, un misterio que viven cada día de forma tan cercana y real quienes son “imagen del Divino Traspasado”, como diría san Óscar Romero.

Finalmente, la alegría de la Resurrección se hizo presente en la Vigilia Pascual de la parroquia San Vicente de Paúl, una celebración familiar y emotiva en la que, tanto los habituales como quienes fueron acogidos por primera vez ese día, renovamos el compromiso bautismal que nos hace a todos discípulos-misioneros.

Por todo lo vivido, damos gracias a Dios, que siempre nos acompaña con su gracia y su amor, especialmente en estos días tan importantes para los cristianos. Hemos contado también con la compañía de Pedro, un joven que ha compartido esta experiencia con nosotros. Con la fuerza y la alegría de la Pascua, volvemos a la Galilea de nuestra actividad pastoral y formativa cotidiana, donde nos espera el Resucitado y nos esperan también los pobres.

Manuel

David Carmona, C.M.

David Carmona, Sacerdote Paúl, es canario y actualmente reside en la comunidad vicenciana de Casablanca (Zaragoza).

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