RENOVACIÓN DE LA MISIÓN EN TOMELLOSO
La parroquia Ntra. Sra. de Los Ángeles, en la localidad Castellanomanchega de Tomelloso, ha vivido la última etapa del proceso de Misión parroquial: la etapa de crecimiento o renovación. Durante la semana del 15 al 22 de marzo, el equipo vicenciano de evangelización acompañó a la comunidad parroquial en las actividades que había programado, centradas sobre todo en el barrio del Moral. Este equipo estaba formado por el P. Josico, el Hno. Paco, los laicos vicencianos Marian (JMV), Daniel (MISEVI) y Cristina, y sus hijos Israel y Pablo, y los seminaristas Diosvany y Manuel. Juntos hemos experimentado “la dulce y confortadora alegría de evangelizar” (EN, 80).
Como “Iglesia en salida” hemos centrado la actividad misionera en los verbos ACOGER, CUIDAR Y ACOMPAÑAR, transmitiendo a todos que “la Misión no es cuestión de tiempo, sino de Encuentro”. Esta idea ha estado presente en todos los actos y momentos de la programación.
Las mañanas comenzaban con la oración en la capilla parroquial, poniendo el día en manos de Dios, ya que “la obra es ante todo de Él” (EG 12). Luego, nos distribuíamos según las tareas: algunos partíamos hacia los colegios e institutos, una oportunidad para ofrecer el primer anuncio y el propio testimonio de una manera atractiva; otros íbamos al “café con flow” en el Centro de Barrio, donde padres -sobre todo madres- compartían sobre sus experiencias a la luz de la fe. Junto al grupo de Pastoral de la Salud, los misioneros visitábamos a personas mayores y enfermas, que nos esperaban y recibían con gran ilusión. Como acto extraordinario, el viernes se celebró la primera eucaristía en el Centro de Día “San Rafael”.
Por las tardes, la labor evangelizadora se centraba en la visita de renovación a las seis comunidades familiares ya formadas. También, los niños y adolescentes, sus catequistas, y nosotros, todos misioneros, recorríamos las calles del pueblo visitando sus hogares. Con cada familia, como una auténtica “Iglesia doméstica”, cantábamos, rezábamos y compartíamos la Palabra; una experiencia que resultó muy enriquecedora para todos. Terminábamos el recorrido en la sede de una asociación vecinal, donde tenía lugar la Eucaristía misionera de cada día, seguida de un tiempo de escucha.
Entre otros momentos significativos, cabe destacar el encuentro de adolescentes, al que acudieron jóvenes de dentro y fuera del ámbito parroquial, pues los “jóvenes evangelizan a los jóvenes”; y el Via Crucis con la imagen de “Jesús Pobre” por las calles del barrio del Moral.
La Misión concluyó con la Eucaristía dominical en la Parroquia, hacia la que nos dirigimos en procesión desde el citado barrio. No faltaron momentos para “festejar” en los que “la comunidad evangelizadora gozosa celebra cada victoria, cada paso adelante en la evangelización” (EG 24), como la comida solidaria del último día.
Los seminaristas que escribimos esta crónica nos llevamos una experiencia inolvidable de la que hemos aprendido mucho. Ya no solo conocemos teóricamente este ministerio tan propio de nuestra Congregación desde los tiempos de San Vicente, sino que lo hemos vivido y nos hemos sentido nosotros verdaderos misioneros; acogidos, cuidados y acompañados por tanta gente buena.
Manuel Mora, C.M.
Seminario Interno




























San Vicente de Paúl (de ahí el nombre de “misioneros paúles”), a pesar de las comprensibles limitaciones propias del tiempo en el que le tocó vivir (siglo XVII), tuvo un gran aprecio por la comunicación: llegó a escribir más de treinta mil cartas (alguna llegó a su destinatario varios meses después de su muerte). 


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