LAS LEGIONARIAS DE MARÍA DE LAS PARROQUIAS DE CUYAMEL – PUERTO CORTÉS
El pasado domingo día 8 de marzo las legionarias de María de Cuyamel se daban cita en Puerto Cortés. Las dos parroquias, Santiago Apóstol de Cuyamel y Corazón de Jesús de Puerto Cortés tuvieron su encuentro para realizar la promesa legionaria.
Muy de mañana, de este domingo 8, a las 5.3’0 iba el bus rumbo a Tegucigalpita desde Cuyamelito. Puntuales como un reloj suizo.
En Cuyamel se encontraban con dos grupos bien grandes (20 legionarias). El punto de partida el parque de Cuyamel y a las 6 de la mañana rumbo a Milla 4 donde nos esperaban otro grupo de legionarias. También de Omoa esperaban 12 legionarias dispuestas a vivir el encuentro tan especial. Llegábamos a eso de las 7,00 a.m. y nos dimos un respiro para descansar hasta la hora de empezar el encuentro.
Se dieron cita 109 legionarias pertenecientes de las dos parroquias en total para el encuentro. Comenzando a las 9,00 de la mañana con la presentación de los presidios. A continuación con el rezo del santo Rosario, como ya era habitual en las reuniones, cada misterio era rezado por una por uno de los presídium, y seguidamente la promesa de cada uno de los presidios.
Un momento interesante fue el de los testimonios que hicieron saltar algunas lágrimas al oír las vivencias y sentimientos que acompañaban las diferentes experiencias. Dando siempre gracias a nuestra Madre por las gracias recibidas.
Sobre las 11 de la mañana celebramos la Eucaristía para volver a reunirnos a las 12 para almorzar en la cancha del Colegio del Sagrado Corazón de Jesús.
Dando gracias a Dios por este día vivido y compartido nos despedimos para volver a nuestros lugares de origen.
Gracias a todas las legendarias que se hicieron presentes, y también a aquellas que por diversas causas no pudieron asistir.
Gracias a este ejercito de buenas mujeres que desde la oración y la consagración a la Virgen María viven su pertenencia y su realidad eclesial en la parroquia Santiago Apóstol de Cuyamel.
Félix Mariezkurrena, C.M.





































San Vicente de Paúl (de ahí el nombre de “misioneros paúles”), a pesar de las comprensibles limitaciones propias del tiempo en el que le tocó vivir (siglo XVII), tuvo un gran aprecio por la comunicación: llegó a escribir más de treinta mil cartas (alguna llegó a su destinatario varios meses después de su muerte). 


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