ANDÚJAR EN MISIÓN PREPARANDO EL 800 – CADA PASO DEJA HUELLAS DE ESPERANZA – ETAPA DE SIEMBRA
Andújar es una ciudad alegre, luminosa, marcada por el color de su tierra y el perfume de las flores de azahar, mezclado con el aroma inconfundible del mejor aceite de oliva virgen. Esta tierra lleva grabado el rostro entrañable de la Virgen de la Cabeza y la fe viva de un pueblo que custodia con orgullo una de las romerías más antiguas de España, junto a un rico legado de tradiciones religiosas recibido de generación en generación.
Situada a los pies de Sierra Morena y bañada por el Guadalquivir, Andújar ofrece la belleza de su puente de origen romano, su arraigada tradición olivera, sus casas señoriales y sus edificios monumentales (la iglesia de Santa María y la iglesia de San Miguel). En este marco fuimos acogidos durante diez días para celebrar la segunda fase de la Misión, dentro de la etapa de siembra.
Dicha etapa tuvo lugar del 5 al 15 de marzo y contó con la participación de un grupo misionero integrado por siete Hijas de la Caridad, ocho misioneros paúles (entre ellos, dos seminaristas) y un laico vicenciano. El objetivo ha sido anunciar la esperanza y trabajar intensamente en los distintos ámbitos de la vida parroquial para sembrar la semilla del Reino, avivar la comunidad cristiana y acompañar el camino de las comunidades familiares.
Han sido jornadas intensas, llenas de vida y entrega, en las que se han sucedido numerosas actividades pastorales y caritativas: oración misionera, visitas a los institutos, encuentros con enfermos, reuniones con las comunidades familiares, sesiones con los niños de catequesis de Primera Comunión y Confirmación, eucaristías misioneras, carrera y marcha solidaria en favor de un proyecto de Cáritas, cena de la Campaña contra el Hambre de Manos Unidas, peregrinación con los jóvenes al santuario de Nuestra Señora de la Cabeza y, como culmen, la Eucaristía de la Misión del 800 aniversario, presidida por Mons. Sebastián en la parroquia de Santa María.
La existencia de 27 comunidades familiares, la buena acogida del anuncio cristiano y el profundo amor del pueblo a la Virgen de la Cabeza permitieron percibir en estos días el paso de una Iglesia peregrina en esta parte de la provincia de Jaén, deseosa de crecer como Iglesia misionera y samaritana, abierta al encuentro con todos, especialmente con quienes viven más alejados de la fe.
También hubo espacio para compartir momentos culturales y formativos en un ambiente más distendido. Entre ellos destacó la proyección del documental El cielo no puede esperar, centrado en la vida y los milagros del santo milenial Carlo Acutis. En los Cines París Multicines de Andújar pudimos acercarnos al testimonio de este joven santo y redescubrir la fuerza evangelizadora de una vida breve, pero hondamente fecunda.
De igual modo, el jueves 12 de marzo pudimos contemplar la belleza de la música sacra en la parroquia de Santa María, gracias a la dirección de profesores del Conservatorio y a la organización de la asociación Amigos del Patrimonio de Andújar. En este magnífico templo de estilo gótico (situado frente a la Torre del Reloj), disfrutamos de un concierto que elevó el espíritu y puso de manifiesto cómo la belleza también abre caminos hacia Dios.
El colofón de esta etapa misionera tuvo lugar el domingo 15 de marzo. A las 12:00 del mediodía, toda la comunidad estaba convocada en la parroquia de Santa María para la celebración de la Eucaristía presidida por el obispo de la diócesis de Jaén. En el momento de las ofrendas, las distintas comunidades se acercaron al altar portando un cirio con los nombres de sus participantes y un cartel con el nombre de cada grupo, junto con la evaluación final de esta etapa de siembra. Fue un gesto sencillo y elocuente, cargado de gratitud, compromiso y esperanza.
Han sido días muy intensos, vividos con entusiasmo y entrega, en los que hemos querido sembrar humildemente semillas de nueva evangelización entre los fieles de Andújar. Como nos recordó don Sebastián, la experiencia de la Misión está llamada a prolongarse en nuestras casas, ambientes y lugares de trabajo, para dar a conocer a Jesucristo con la palabra y con la vida. Queda la alegría de lo compartido, el bien sembrado y la convicción de que cada paso dado en la misión deja, verdaderamente, huellas de esperanza.
Aarón Delgado C.M.




























San Vicente de Paúl (de ahí el nombre de “misioneros paúles”), a pesar de las comprensibles limitaciones propias del tiempo en el que le tocó vivir (siglo XVII), tuvo un gran aprecio por la comunicación: llegó a escribir más de treinta mil cartas (alguna llegó a su destinatario varios meses después de su muerte). 


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