Chanchos, economía social y cambio sistémico

En la última visita pastoral a la aldea de la Sabana, hogar de casi 40 familias entre los ríos Chamelecón y Ulúa, tuve la oportunidad de compartir con ellos y conocer una experiencia interesante, que me ha llenado de alegría y que seguro servirá de inspiración para otros. 

Celebrábamos Nuestra Señora del Rosario, patrona de la comunidad. Este año, por segunda vez, sin cohetes ni festejos. Pero no nos faltó la eucaristía, ni la alegría de reunirnos, ni el entusiasmo de los niños. Para mejor guardar la distancia y aprovechar la fresca sombra de las caobas, celebramos la misa al aire libre. A continuación, arroz y tamales para alimentar el cuerpo, y un largo platicar para ponernos al día, mientras los niños jugaban incansables sin sentir el calor. 

“Tenemos un club de ahorro”, me decía un hombre de mediana edad. Era la novedad. En realidad, no tan nueva, pues echaron a andar en el 2019. Pero sí algo de lo que cada vez se sienten más orgullosos y convencidos. 

Un club de ahorro es una iniciativa de lo que podemos llamar “economía social”. Un día por semana los miembros del club se reúnen y hacen su aportación, en este caso, 20 lempiras semanales. Con las aportaciones se va haciendo un fondo, que guarda el tesorero en una caja. La caja tiene tres candados, y las correspondientes llaves las custodian otros tres miembros del club. Con el dinero que se va acumulando se pueden hacer créditos, a un interés bajo, a los miembros del club. De esta manera, se da una pequeña ganancia sobre las aportaciones. El club funciona en ciclos de nueve meses. Cumplido el ciclo, cada cual recupera el dinero de sus aportaciones y se distribuyen los beneficios; una parte va destinada a fines sociales, el resto se divide a partes iguales entre los miembros. Es decir, después de cada ciclo la caja queda vacía y los miembros pueden decidir si inician un nuevo ciclo. 

Alguien podría preguntarse cuál es la ventaja de pertenecer al club, si al final no obtengo mucho más de lo que puse. Por una parte, estos clubes enseñan a los miembros ahorrar, a administrarse y a trabajar en equipo. Además, en caso de necesidad o si se desea hacer una inversión, el miembro puede acceder a un crédito rápido, sencillo, sin tener que desplazarse, sin tener que tratar con bancos, y con un interés reducido. Esto es un apoyo para negocios pequeños, emprendimientos, y una ayuda en caso de gastos imprevistos. Alguien podría arreglar su casa, adquirir mejores herramientas de trabajo, etc. También el club tiene una repercusión positiva en el entorno, pues parte de los beneficios se dedican a un fin social. Finalmente, el club cuenta con personería jurídica propia, lo que les da una representación ante determinadas instituciones de las que pueden recibir ayudas. 

En el caso del Club de la Sabana, recibieron orientación, asesoramiento legal y financiero, capacitación y acompañamiento de la ONG Centro de Estudios Marinos. Esta ONG les apoyó también con un programa de reforestación de las orillas del río (recuperación del manglar) y, más recientemente (en mayo de 2021), con la instalación de una granja de cerdos que pertenece al Club y que atienden, de manera organizada, todos los miembros del Club. El proyecto empezó con 14 cerdos. Cinco meses más tarde, han podido vender 10 de estos cerdos después de haberlos cebado, y conservan tres cerdas que están a punto de parir. Una vez den a luz a los lechones, repartirán uno a cada familia y el resto los criarán en la granja. Los beneficios aportados por la granja se recogen en la caja del club y se distribuyen equitativamente al terminar el ciclo de ahorro (9 meses). 

Como ya decíamos, una parte de los beneficios del Club se destinan a un fin social. El cierre del primer ciclo coincidió con la llegada de los huracanes Eta y Iota, que dejaron toda la aldea bajo el agua, incluyendo las casas y los terrenos de cultivo. Con esa partida lograron abastecer a cada familia de la aldea de una provisión de alimentos, de manera que no necesitaron pedir ayuda externa. Al fin del segundo ciclo de ahorro, destinaron la partida a reparar la escuela y adquirir material didáctico, ya que todo se perdió con los huracanes. El resultado es impresionante: apenas unos meses después de los huracanes la aldea cuenta con una escuela (pequeña, es verdad, pues solo tiene un aula) renovada y bien equipada, mientras en otros lugares del país aún no se han reparado las escuelas dañadas por los huracanes (las clases siguen siendo virtuales salvo en algunas escuelas rurales).

En definitiva, el Club de ahorro está siendo un medio de apoyo mutuo y de desarrollo económico local. También una forma de evitar la emigración y el desarraigo. Frente al dogma neoliberal de que buscando cada uno su propio interés egoísta se obtiene el bienestar de todos (la famosa mano invisible de Adam Smith, hoy más que cuestionada), descubrimos que trabajar en equipo y buscar el bien común sí produce desarrollo y bienestar. Y no solo para unos pocos, sino para la comunidad. Formas alternativas de economía son posibles, más justas, más sostenibles, más humanas y más respetuosas con el medio. Son iniciativas que promueven lo que se ha llamado “el cambio sistémico”. Una forma de superar el asistencialismo y promover un auténtico desarrollo. 

Iván Juarros, c.m.

PD: Artículo relacionado: http://pauleszaragoza.org/comunidad-de-la-sabana-puerto-cortes-honduras/

David Carmona, C.M.

David Carmona, Sacerdote Paúl, es canario y actualmente reside en la comunidad vicenciana de Casablanca (Zaragoza).

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