400 ANIVERSARIO DE LA CONGREGACIÓN DE LA MISIÓN CLAUSURA DEL AÑO JUBILAR – ZARAGOZA
El pasado 25 de enero de 2025 en nuestra Parroquia San Vicente de Paul de Casablanca, Zaragoza, abríamos solemnemente, en el marco de la Eucaristía, el 400º aniversario de la Congregación de la Misión y con tal motivo, un año de gracias, un año Jubilar.
En aquél entonces, nuestro Vicario general, D. Raúl Ruiz, de la arquidiócesis de Zaragoza presidía la Eucaristía y los invitaba a la acción de gracias por los frutos del Espíritu recibidos en la Congragación de la Misión, en tantos Misioneros entregados con abnegación, y en tantos necesitados a los que en Evangelio y la Caridad han acompañado en sus vidas.
Con gran alegría y gozo, este domingo, día 25 de enero de 2026, iniciábamos la Eucaristía para dar gracias a Dios porque “Ha estado grande con nosotros”. En esta ocasión nos acompañó, a la comunidad parroquial de San Vicente de Paúl, nuestro arzobispo, D. Carlos Escribano Subía.
Una Eucaristía preparada y participada con la familia vicenciana y los fieles de la comunidad parroquial. Celebramos el día de la conversión de San Pablo, el domingo de la Palabra de Dios y al cierra del año jubilar.
Don Carlos nos iluminó sabiamente en la homilía, que con cercanía y sencillez, desgranó solemnemente las vértebras fundamentales de nuestros Carisma Vicenciano que se condensa en las dos Palabra y conceptos que han sido el lema de esta año Jubilar: “Buena Noticia y Caridad”.
El Sr. Obispo nos invitaba a recuperar la original frescura del Evangelio que movió a Vicente de Paúl a entregarse en la Iglesia a los pobres y necesitados. La importancia de vivir e ir al corazón del Evangelio: Jesucristo y los Pobres para vivir siempre en salida, en misión, allí donde el dolor clame y la esperanza necesite un nombre.
Damos gracias a Dios por este año Jubilar, de gracias y compromiso para seguir siendo fieles Misioneros anunciadores de la Buena Noticia y servidores de la Caridad de Cristo en nuestros hermanos los Pobres.
José Miguel Ortega
E.A. – Zaragoza



































San Vicente de Paúl (de ahí el nombre de “misioneros paúles”), a pesar de las comprensibles limitaciones propias del tiempo en el que le tocó vivir (siglo XVII), tuvo un gran aprecio por la comunicación: llegó a escribir más de treinta mil cartas (alguna llegó a su destinatario varios meses después de su muerte). 


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