ASAMBLEA NACIONAL DE JMV – ABRIL 2026
“Cuida, ama y actúa”
Del 17 al 19 de abril tuvo lugar la Asamblea Nacional de JMV, un encuentro vivido con alegría, responsabilidad y espíritu de comunión. Durante la tarde del viernes fueron llegando los asambleístas desde distintos lugares de la geografía española. Entre saludos, reencuentros y primeras conversaciones, se fue creando un ambiente fraterno que nos dispuso para comenzar la Asamblea con la oración de la noche, poniendo en manos del Señor todo cuanto íbamos a vivir durante esos días.
Bajo el lema “Cuida, ama y actúa”, los jóvenes participantes, llegados desde las distintas provincias y centros de JMV, compartimos un fin de semana de trabajo, discernimiento y convivencia. Cada asambleísta acudió desempeñando la representación que le corresponde dentro de la Asociación, ejerciendo el derecho recogido en los estatutos para participar en la vida, el discernimiento y la toma de decisiones de JMV. De este modo, nuestra presencia en la Asamblea fue también una manera concreta de hacer presente a la provincia de Zaragoza a la que pertenecemos, aportando su voz, su experiencia y su compromiso en el camino común de la Asociación en España.
Los trabajos de la Asamblea fueron intensos y bien articulados. Tras la aprobación de la constitución de la Asamblea, se procedió a la configuración de la mesa asamblearia, con los correspondientes moderadores y secretarios, para facilitar el desarrollo ordenado de las sesiones. A continuación, se abordaron los distintos puntos previstos, entre ellos la revisión y aprobación del reglamento, junto con otros asuntos fundamentales para la marcha de la Asociación.
A lo largo del sábado se presentaron y debatieron diversos temas de especial relevancia para la vida de JMV. Se compartió la memoria de actividades, se presentó la memoria económica con su posterior debate y aprobación, y se trabajaron también el Plan Trienal y el presupuesto económico. Del mismo modo, tuvo lugar la presentación de candidatos, en un clima de escucha, responsabilidad y búsqueda del bien común. Fueron horas de trabajo denso, aunque vividas con agilidad, y con la impresión de que estas Asambleas Nacionales han ido ganando en organización, en claridad y en eficacia.
El domingo iniciamos la jornada con la oración, pidiendo al Señor el don de su Espíritu para discernir con rectitud. Le presentamos nuestra manera de actuar, nuestras palabras, nuestros silencios y nuestras decisiones, especialmente en un momento tan significativo como la elección del nuevo equipo coordinador de JMV. Fue un tiempo vivido con serenidad y sentido de responsabilidad, conscientes de la importancia del servicio que se encomendaba.
La Asamblea concluyó con la celebración de la Eucaristía, verdadero centro y culmen de todo lo vivido. En este tiempo de Pascua, el encuentro con el Señor Resucitado nos permitió releer el fin de semana desde la fe y la acción de gracias. Estuvimos acompañados por una representación de las Hijas de la Caridad y de los Misioneros Paúles, signo también de la comunión que sostiene y acompaña el caminar de JMV. La celebración estuvo marcada por la alegría pascual y por el reconocimiento de los dones que el Señor ha sembrado en cada uno para ponerlos al servicio de la Asociación. Como los discípulos de Emaús, también nosotros pudimos reconocerlo al partir el pan y descubrir su presencia en el camino compartido.
Al finalizar la Eucaristía dirigimos nuestro canto a la Virgen Milagrosa, uniéndonos en una misma acción de gracias por cuanto habíamos vivido. A ella le confiamos el presente y el futuro de JMV, pidiéndole que nos siga acompañando en el camino de la vida y en la misión que compartimos.
Esta Asamblea Nacional ha sido, una vez más, una ocasión privilegiada para encontrarnos, revisar juntos el camino recorrido y abrirnos con esperanza al futuro. Damos gracias a Dios por lo vivido, por el trabajo realizado, por la participación de todos y por la nueva etapa que se abre ante la Asociación. Que todo ello nos ayude a seguir cuidando la vida, amando desde el Evangelio y actuando con valentía allí donde los jóvenes están llamados a ser testigos de Cristo.
Aarón Delgado, C.M.




















San Vicente de Paúl (de ahí el nombre de “misioneros paúles”), a pesar de las comprensibles limitaciones propias del tiempo en el que le tocó vivir (siglo XVII), tuvo un gran aprecio por la comunicación: llegó a escribir más de treinta mil cartas (alguna llegó a su destinatario varios meses después de su muerte). 


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