LOS REYES MAGOS LLEGAN A LA TORRECICA
Terminando casi el entrañable tiempo de Navidad, celebramos la Epifanía del Señor: el Niño que ha nacido se manifiesta ahora a todo el mundo, a “todos, todos, todos”. En España, como en otros lugares, es tradición que los Magos de Oriente visiten los hogares y traigan regalos a los niños, que los abren con mucha ilusión al despertar la mañana del 6 de enero.
También la Pastoral Penitenciaria de la Diócesis de Albacete quiso “manifestar” el Amor que nace en Belén y hacer partícipes de este acontecimiento a las personas que cumplen condena en el Centro Penitenciario “La Torrecica”. Por este motivo, los miembros del equipo de Pastoral llegamos al centro a las 10:00 de la mañana del día de Reyes para hacer entrega de un sencillo regalo a todos y cada uno de los internos e internas. Dulces, turrones, calcetines, calendario y bolígrafo… era lo que incluían estos lotes, acompañados de una felicitación navideña personalizada.
La distribución de los regalos se vivió con mucha alegría y emoción. En cada módulo se explicó que la presencia de la Iglesia en la cárcel, y su trabajo con palabras y con obras, especialmente en estas fiestas, no es sino la prueba de que Dios no se ha olvidado de ninguno de sus hijos, y para significarlo se han dado los regalos. Todo ello entre alegres villancicos, a los que se sumaron muchas voces y palmas. Tanto los más cercanos a las actividades ordinarias de la Pastoral como los más distantes o pertenecientes a otras confesiones religiosas expresaron su agradecimiento por la cercanía y por el precioso momento que se les dedicó.
Los seminaristas que escribimos esta crónica y hemos sido partícipes de las sonrisas, las lágrimas, las palabras y las muestras de afecto de los internos, hemos vivido una experiencia inolvidable que, junto a la del pasado día de Nochebuena, configurará sin duda nuestro camino de seguimiento de Jesús, el evangelizador de los pobres.
Diosvany CM y Manuel CM
Seminario Interno – Prov. Zaragoza





San Vicente de Paúl (de ahí el nombre de “misioneros paúles”), a pesar de las comprensibles limitaciones propias del tiempo en el que le tocó vivir (siglo XVII), tuvo un gran aprecio por la comunicación: llegó a escribir más de treinta mil cartas (alguna llegó a su destinatario varios meses después de su muerte). 


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