PALABRAS DE AGRADECIMIENTO DEL P. MIKEL SAGASTAGOITIA, VISITADOR
PARROQUIA SANTO DOMINGO – LA OROTAVA – 23.08.2026
Muy querido D. Eloy Santiago, Obispo de esta Diócesis Nivariense, queridos compañeros misioneros (especialmente Padres Javier López Echeverría y José Alberto Ramos), sacerdotes presentes, hermanas Hijas de la Caridad, hermanos cofrades y sus Juntas directivas con sede en esta Parroquia: Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno, Cofradía de Penitencia de Nuestro Padre Jesús del Despojo, y Hermandad del Santo Rosario. Y hermanos mayores de las demás Cofradías de la Villa. Estimados miembros de la Corporación de la Muy Noble y Leal Villa de La Orotava. Hermanos todos de las Parroquias de Santo Domingo de Guzmán y San Diego de Alcalá. A todos los aquí presentes, muchísimas gracias por acompañarnos en este día tan significativo para todos nosotros.
Si toda Eucaristía que compartimos y celebramos es Acción de Gracias, en este momento y en este lugar, lo reafirmamos como Pueblo de Dios que camina unido en esta Villa.
El pasado año, vivíamos intensamente en toda la Iglesia y también en nuestra Diócesis particular, el 400 Aniversario (1625-2025) de la Fundación canónica de la Congregación de la Misión, de los Misioneros Paúles. A comienzos del siglo XVIII, procedentes de Italia, llegaron los primeros Paúles a España, concretamente a la ciudad de Barcelona. Aquellos humildes y sencillos misioneros se dedicaron a dar misiones por los pueblos, a ayudar en la formación del clero, impartir ejercicios espirituales a sacerdotes y a promover la caridad organizada entre las gentes. Y toda esa ha sido básicamente la misión que los Paúles han mantenido hasta nuestros días, bajo la espiritualidad y el carisma recibido de San Vicente de Paúl.
Por la realidad geográfica, la Congregación de la Misión tardó algo más en implantarse en las Islas Canarias. Según recoge la Historia y llamados por el Obispo D. Nicolás Rey Redondo, los primeros Paúles llegaron el 21 de septiembre de 1899 al puerto de Santa Cruz y se instalaron al anochecer en la ciudad de San Cristóbal de La Laguna. Se encargaron en un principio de la dirección espiritual de los seminaristas y de impartirles algunas materias académicas; aunque pronto emprendieron también las misiones populares por distintas parroquias, pueblos y aldeas de la Diócesis.
En 1906 arribaron los Misioneros a Santa Cruz de La Palma, donde permanecieron hasta 1928 dedicados a la labor misionera. Y desde el 28 de mayo de 1909, hace ya 117 años, se estableció la primera comunidad de Paúles (4 sacerdotes y 2 hermanos) en esta Villa de La Orotava.
Desde aquellos años iniciales al principio del siglo XIX, los Misioneros se esforzaron en una ardua y entregada tarea de predicación y acompañamiento espiritual a los fieles, primero desde la Iglesia de San Francisco, aneja al Hospital de la Santísima Trinidad y ya, a partir de octubre del año 1911, desde una recién restaurada Iglesia de Santo Domingo, donde nos encontramos.
Hasta finales de los años 60 del siglo pasado, una bina fija de misioneros (en ocasiones junto a los misioneros paúles de la Comunidad de La Laguna), sigue recorriendo los pueblos de la Diócesis en la tarea evangelizadora de las Misiones Populares.
Pronto comenzaron también a impartir clases en el Colegio de San Isidro, dirigido en ese momento por los Hermanos de La Salle, igualmente en el Colegio de La Milagrosa de las Hijas de la Caridad y, posteriormente en el Colegio de Santo Tomás y en la Pureza de María.
Cinco han sido las parroquias atendidas por la comunidad vicenciana durante estos casi 120 años de presencia en La Orotava: Parroquia de San Juan Bautista (1944-1946), Parroquia San Antonio María Claret (1971-1986), Parroquia Ntra. Sra. de la Luz (1971-1982), Parroquia San Diego de Alcalá, -en sus tres templos de San Diego, Ntra. Sra. del Carmen y San Bartolomé-, desde el año 1992 hasta la actualidad y, esta Parroquia de Santo Domingo de Guzmán desde que fue erigida, hace ahora 31 años.
En este rápido y sucinto recorrido histórico, no puedo olvidar y agradecer las labores de acompañamiento y dirección que los Paúles han desarrollado dentro de nuestra amplia Familia Vicenciana; siempre y desde un primer momento, con nuestras queridas hermanas las Hijas de la Caridad, con las antiguas jóvenes Hijas de María y después Juventudes Marianas Vicencianas, con las Conferencias de San Vicente de Paúl y, con el Voluntariado Vicenciano o Asociación Internacional de Caridades-AIC.
En definitiva, 117 fructíferos años con todos ustedes; años en los que 118 misioneros Paúles (sacerdotes y hermanos) registrados en nuestros libros de personal, han compartido mucha vida con los villeros y resto de pobladores de las Islas. Muchos misioneros que llegaron de diversos lugares y siempre se sintieron en su casa entre ustedes. Algunos otros misioneros que aquí dejaron su vida y descansan para siempre en esta tierra volcánica a los pies del “padre Teide”. Y otros misioneros que desde aquí continuaron su misión vicenciana por el Mundo: Filipinas, México, Venezuela, Perú, Puerto Rico, Cuba, La India, Madagascar, Honduras o Camerún. Porque la Misión continúa y siempre se renueva, porque estas Islas Afortunadas siempre han sido puente y faro de evangelización.
Dios quiera que, desde un esperanzador resurgir vocacional, podamos sumar fuerzas y unidos a los actuales Paúles hijos de esta Villa, se nos permita escribir una segunda parte de nuestra historia vicenciana entre todos ustedes. Se lo presentamos como súplica al Señor y mientras tanto, desde nuestra Comunidad en La Laguna, continuaremos sirviendo con entrega y dedicación a toda esta querida Diócesis que siempre nos ha acogido. Seguimos caminando juntos de la mano de nuestra Madre la Virgen Milagrosa que nos acompaña en la Misión.
¡¡Santos Domingo de Guzmán, Diego de Alcalá y Vicente de Paúl, rogad por nosotros!! Muchas, muchísimas gracias.
Mikel A. Sagastagoitia, C.M.





























San Vicente de Paúl (de ahí el nombre de “misioneros paúles”), a pesar de las comprensibles limitaciones propias del tiempo en el que le tocó vivir (siglo XVII), tuvo un gran aprecio por la comunicación: llegó a escribir más de treinta mil cartas (alguna llegó a su destinatario varios meses después de su muerte). 


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