Textos para la Historia de la CM en España (19 de agosto)

Ordenanzas de la visita del año 1757 a la casa de Barcelona. 19 de agosto de 1757

Habiendo en virtud de especial comisión que nos tiene dada el Muy Rdo. Sr. Luis Debrás, Superior General de dicha nuestra Congregación, empezado la visita de esta casa en el día dos de junio y acabádola, después de la visita de las otras casas del reino, en 19 de agosto de este año 1757, hemos juzgado dejaras las siguientes órdenes…

1) Siendo esta casa como la madre de las otras, porque aquí se reciben y se crían los sujetos, y siendo aun como la fuente que se derrama para fertilizar a las otras casas del reino que, gracias a Dios, se van aumentando, os de­béis considerar más obligados a llenaros del espíritu pro­pio de la Congregación, y a tener lejos cualquiera relaja­ción que, introducida en esta casa, se haría luego común a las demás… El demonio se valdrá de toda arte para que en esta casa se introduzcan inobservancias, en la apariencia ligeras, seguro que aquellos que vendrán después de vosotros, o aquí o en las casas donde seréis destinados, participarán de vuestras mismas manchas con destrucción de la Regla y del Instituto. Haga reflexión por esto cada uno al grande mal que haría, o sosteniendo abusos intro­ducidos o introduciéndolos nuevos, interpretando a su ca­pricho las Reglas contra su virtuoso sentido, y quitando la autoridad a los decretos de las Asambleas, a las órde­nes de las visitas, a las disposiciones de los superiores, cosas todas que de nuestros buenos ancianos eran venera­das como sacrosantas; o autorizando falsamente como prácticas de la Congregación, de otras o de esta casa, al­gunas cosas que no están en uso o han sido siempre re­probadas de los Visitadores y de los Superiores.

2) Para acertar a adquirir el espíritu propio de la Con­gregación, renovamos con nuevo esfuerzo el empeño de la última Asamblea general de que os ejercitéis en la me­ditación, dándola no sólo el tiempo competente, sino ha­ciéndola como se debe, convenciéndose de modo de las máximas evangélicas, particularmente de las contenidas en el capítulo, II de las Reglas, que despreciado siempre más el mundo y sus sentimientos, y concebido el debido odio contra vosotros mismos, puedan ser verdadero y prác­tico principio de vuestro obrar, según las virtudes sóli­das de simplicidad, humildad, mansedumbre, mortificación, pobreza, sujeción, respeto y obediencia a los superiores, considerando a Dios en ellos y a ellos en Dios, paciencia, conformidad en la voluntad divina, indiferencia, y así de las demás virtudes.

3) Renovamos asimismo el aviso de las antecedentes visitas por lo que mira a la virtud de la religión, no sólo ejercitando las funciones sagradas con el conveniente de­coro, más aun haciendo resplandecer en las alhajas sagra­das la policía, de los altares, de la iglesia y de todo lo que pertenece al culto de Dios, que es el espíritu tan propio de nuestro Instituto. Y como esta casa otras veces era el ejem­plo de limpieza, no se podría excusar la mudanza que aho­ra se viese, mayormente viniendo tantos eclesiásticos, o para confesarse o para celebrar, que de ella quedarían escandali­zados…

6) Por lo que respecta a las misiones encargamos siem­pre más y más el orden tantas veces repetido de las Asam­bleas y Superiores generales y aun de los Visitadores, de no pasar del tiempo prescrito por el reglamento en los ser­mones, pláticas y doctrinas, y ni menos entretenerse en los lugares más de lo que conviene; pero según el regulamento prudentemente entendido. En las misiones, como en los otros ejercicios, no se tenga otra mira que la de dar glo­ria a Dios y librar las pobrecitas almas, redimidas con la sangre de Cristo, de su eterna condenación.

7) A nuestros amados Hermanos hacemos presente: 1.° Que el fin por el cual están en la Congregación, como dice la Regla, es su santificación con el ejercicio de las virtudes y en el oficio de Marta, habiendo sido admitidos para este efecto. De donde el eximirse del trabajo, sería un hurto que se haría a la Congregación; y así como los Sacerdotes en la hora de la muerte, se consolaran en verse reducidos en aquel estado por la aplicación y fatiga de sus ministerios; así los Hermanos en aquel punto no se con­tentarán por las recreaciones hechas fuera de lo permitido y contra el orden de los superiores, más sí por haber, sin perdonarse, empleado su vida en sus oficios y destinos, que es aquello en que se complace Dios de verles aplicados. Lo que, pero, no quita que cuando se hallen muy fatigados o en empleos incompatibles, no puedan, mas antes deben, recurrir con filial confianza y representar lo que ocurre al Superior, el cual con paterna caridad no faltará a dar la oportuna providencia a su súplica. 2.° Va unido al amor del trabajo el espíritu de la santa pobreza, la cual les debe animar a trabajar y hacerles industriosos, para que nada se malogre y pierda, y se hagan los discretos ahorros en todo lo que pertenece a sus oficios, acordándose que el faltar a la pobreza, es faltar a un voto, a que están más expuestos los que manejan las cosas temporales. 3.º En­cargamos el respeto y obediencia al Superior y oficiales de la casa, no siendo los Hermanos los dueños, mas debién­dose conformar con lo que del Superior inmediatamente o por medio de los oficiales les viene ordenado, guardán­dose de lamentos y de murmuraciones, y acordándose que el faltar a la obediencia respetuosa a los superiores, es una especie de apostasía interior, como decía nuestro santo Fundador. 4.° Y por fin, encomendamos a los mismos en particular, cuanto se ha dicho en general de la caridad, ayu­dándose el uno al otro a la adquisición de las virtudes más propias de su estado humilde, guardándose de proposicio­nes que apartan y distraen el espíritu de la Congregación, de la obediencia y respeto a los Superiores y sacerdotes o que insinúan relajación, de murmuraciones de unos contra otros y mucho más de Superiores y del gobierno, rogando a los más ancianos, en semejantes casos, que den buen ejem­plo y con santo y dulce celo se opongan a tales culpas, las cuales serían tanto más graves por hallarse en esta casa en donde se reciben los postulantes y se crían los se­minaristas.

Barcelona en 19 de agosto de 1757.

Juan José Testori

—BPUB. Sig. 16-5-33, y AMCM. Sig. 6, fol. 488.

Mitxel Olabuénaga, C.M.

Sacerdote Paúl y Doctor en Historia. Durante muchos años compagina su tarea docente en el Colegio y Escuelas de Tiempo Libre (es Director de Tiempo Libre) con la práctica en campamentos, senderismo, etc… Especialista en Historia de la Congregación de la Misión en España (PP. Paúles) y en Historia de Barakaldo. En ambas cuestiones tiene abundantes publicaciones. Actualmente es profesor de Historia en el Colegio San Vicente de Paúl de Barakaldo.

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