Elaboración del Proyecto Provincial

Elaboración del Proyecto Provincial

ESCUDOCMLa elaboración tiene diversas fases desde la concepción hasta la ejecución. El proyecto como tal debe comprometer a todos los miembros de la provincia. Es de capital importancia que todos los coher­manos, de una manera o de otra, participen en su elaboración en todas las etapas.

a) Primero es necesaria una toma de conciencia en la oración y en la reflexión a nivel personal, pero también a nivel de comunidad local y provincial en los retiros comunes, en las sesiones de formación permanente o en la Asamblea Provincial. Hay que tomar conciencia:

  • de lo que intentó San Vicente de una manera permanente,
  • de nuestro pasado común con todo lo que tiene de positivo y negativo,
  • de nuestros recursos y compromisos actuales,
  • de lo que la Iglesia tiene derecho a esperar de nosotros para responder a las necesidades actuales.

b) Después de tomar conciencia del proyecto vicenciano, lo cual puede durar meses y más, hasta que todos estén sensibilizados, hay que pasar a la fase de definición de los objetivos comu­nes. Dicho de otra manera, el proyecto vicenciano de evangelización se debe traducir en un plan de acción para la provincia, pero teniendo en cuenta:

  • los cohermanos disponibles, su edad, sus aptitudes y experiencias,
  • las urgencias del mundo de los pobres en la región donde trabajan los cohermanos,
  • las llamadas de la Iglesia, formuladas por los obispos, sobre todo en lo que se refiere a la necesidad de la formación del clero,
  • las obras que tenemos y que sería difícil de abandonar o de modificar de un día para otro. La ayuda de expertos puede ser útil para analizar la situación cuando resulta compleja, y para formular la definición de objetivos posibles y realizables.

La definición de objetivos comunes debe incluir una politica de vocaciones y de formación en armonía con el conjunto del proyecto.

En fin, cuando todos han participado en la elaboración del proyecto, los cohermanos se senti­rán interesados y comprometidos, y aceptarán más fácilmente los sacrificios que la ejecución del plan pudiera exigirles.

El plan provincial ha de ser profundizado en cada comunidad. La comunidad local debe estudiar de cerca y de una manera concreta lo que puede hacer para realizar el Proyecto Provincial en el medio en el cual trabaja. Por lo tanto es responsabilidad de la comunidad local elaborar a su vez un plan comunitario de acción apostólica que llegue hasta precisar las responsabilidades de cada unos de los miembros de la comunidad.

La realización

Todos los cohermanos, después de haber participado, en diversos grados, a fa toma de conciencia común y a la elaboración del plan común, se han de sentir comprometidos en la realización del mismo.

a) A nivel provincial. El Visitador y su Consejo se han de sentir encargados particularmente de llevar a cabo el plan con la flexibilidad y los plazos convenientes. Ellos han de ser los animadores de la provincia y tener presente en todo momento el Proyecto Vicencíano, que ha de iluminar todos los detalles del plan. Ellos harán entre ellos mismos revisiones periódicas para determinar a qué punto se halla la realización y para tener informada a la provincia.

Ellos convocarán encuentros regulares entre las casas de la misma región o entre los cohermanos que trabajan en obras semejantes para confrontar las experiencias y examinar la marcha del plan. Para esto aprovecharán los encuentros provinciales, retiros comunes, asambleas, sesiones, para recordar a to­dos el proyecto vicenciano y el plan provincial que lo realiza.

Los cohermanos por su parte estarán dispuestos a ver cerrar su casa, si es necesario, o a empren­der una obra nueva para ejecutar el plan en cuya elaboración habían participado.

b) A nivel local. El Proyecto Vicenciano de toda la Compañía, convertido en sus líneas maestras en un proyecto provincial, debe ser precisado por cada comunidad local, que establece para su uso una versión adaptada, precisando las aplicaciones en los detalles, teniendo en cuenta las circunstancias del lugar, de las personas y de las obras.

El proyecto de la comunidad local animará;

  • la vida espiritual común, centrada en el fin común,
  • la vida fraterna que comprenda la vida cuotidiana con el orden del día,
  • la recreación, que ha de ser común al menos en parte.

La misma organización material de la casa debe favorecer el fin común que la comunidad se ha señalado y la expansión de cada uno.

El proyecto comunitario local, incluido el orden del día, debe someterse al control y a la aproba­ción del Visitador.

Este plan se ha de revisar con la frecuencia a determinar en común, semanal, quincenal o mensual.

Al fin de cada año, antes de empezar el nuevo año pastoral, el proyecto comunitario local ha de ser estudiado de nuevo para hacer un balance y establecer las previsiones y modificaciones ncesarias, en un tiempo fuerte de reflexión, que no se ha de confundir con los ejercicios espirituales..

Conclusión

Yo me he permitido insistir sobre esta cuestión del Proyecto Común a nivel provincial y local, pero no he pretendido ser exhaustivo.

Solo he querido subrayar la importancia para las provincias y comunidades de tener un proyecto claramente formulado, que traduzca en las situaciones concretas la intuición primera de San Vicente, realizada a lo largo de su vida; un proyecto que todos intentan realizar en común con perseverancia, aun cuando exija sacrificios en la realización; un proyecto que compromete la vida de todos.

El ejemplo de San Vicente invita a las provincias y comunidades a hacer un esfuerzo de ima­ginación y de adaptación para elaborar el proyecto provincial y local según su propio genio, sus tra­diciones, las necesidades de la Iglesia local y tal como se presentan los sectores más abandonados de pobreza material y moral, sea comprometiéndose directamente con ellos, sea formando al clero en esta dirección- (IV, 46).

Puede ser que el proyecto sea modesto y sin pretensiones cuando las posibilidades mismas son limitadas, lo importante es tenerlo y Dios, estoy seguro, ha de bendecir nuestra fidelidad en el esfuer­zo por volver al camino de San Vicente.

Yo deseo esta gracia a cada uno de vosotros, a cada una de las comunidades y a cada una de las provincias.

Mitxel Olabuénaga, C.M.

Sacerdote Paúl y Doctor en Historia. Durante muchos años compagina su tarea docente en el Colegio y Escuelas de Tiempo Libre (es Director de Tiempo Libre) con la práctica en campamentos, senderismo, etc… Especialista en Historia de la Congregación de la Misión en España (PP. Paúles) y en Historia de Barakaldo. En ambas cuestiones tiene abundantes publicaciones. Actualmente es profesor de Historia en el Colegio San Vicente de Paúl de Barakaldo.

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