FORMACIÓN PERMANENTE – ZONA CENTRO
E
n la mañana de hoy, día 15 de diciembre, nos hemos congregado los Misioneros Paúles de las tres comunidades de Aragón en: Teruel y Zaragoza para celebrar, como cada curso, la formación permanente de zona. En esta ocasión la comunidad anfitriona era la de Zaragoza – Boggiero
Durante esta jornada hemos trabajado y compartido en dialogo tema propuesto por la Comisión Provincial de formación permanente. El tema en cuestión para este encuentro ha sigo «La contemplación como actividad del creyente». Hemos podido, cada uno, profundizar en el significado y valor para la vida espiritual y misionera, así como la oración, meditación y contemplación vicenciana. En este marco, hemos reflexionado sobre la contemplación en la tradición de los Padres del Desierto, descubriendo su experiencia de silencio, escucha y búsqueda constante de Dios. Asimismo, hemos abordado la contemplación en desde el método de lectio divina como camino privilegiado para dejarnos interpelar por la Palabra y transformar nuestra vida a la luz del Evangelio.
También hemos dedicado un tiempo al diálogo sobre el método de contemplación según san Ignacio de Loyola, especialmente en su vida espiritual y cómo alcanzar el conocimiento interno del Señor, que lleve a un seguimiento más fiel y comprometido. Unido a todo ello, hemos recordado y compartido las pautas y escritos que san Vicente de Paúl nos dejó para realizar la oración, la meditación, y la oración mental, siempre en sintonía con nuestro carisma vicenciano y con la misión del seguimiento de Cristo en el servicio y la evangelización de los pobres.
A lo largo de la jornada, el diálogo abierto, la escucha mutua y la puesta en común de experiencias personales enriquecieron el trabajo realizado, ayudándonos a tomar mayor conciencia de la necesidad de integrar contemplación y acción en nuestra vida cotidiana. Este espacio de formación nos permitió también revisar nuestras prácticas espirituales y renovar el compromiso de cuidar los tiempos de oración como fuente imprescindible de discernimiento y el impulso de la vida apostólica.
Concluimos el día con la fraternal comida compartida y una distendida sobremesa que fortalecen siempre los lazos comunitarios. Nos despedimos con la alegría de habernos encontrado como los cohermanos, renovados en la fe, en la misión y en el deseo de seguir cultivando una vida misionera que sostenga y dé sentido a nuestro servicio apostólico y misionero confiando este camino al Señor y poniéndolo bajo la protección de san Vicente de Paúl.
José Miguel Ortega.
E.A. Zaragoza











San Vicente de Paúl (de ahí el nombre de “misioneros paúles”), a pesar de las comprensibles limitaciones propias del tiempo en el que le tocó vivir (siglo XVII), tuvo un gran aprecio por la comunicación: llegó a escribir más de treinta mil cartas (alguna llegó a su destinatario varios meses después de su muerte). 


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