MISIÓN EN AROCHE, ROSAL DE LA FRONTERA Y LAS CEFIÑAS (HUELVA)
Después de desarrollar las etapas de ORGANIZACIÓN y de REVITALIZACIÓN, en el último trimestre del pasado año 2025, y transcurridos tres meses de etapa EN SALIDA protagonizada por los equipos de misión de cada parroquia, el pasado Domingo de Ramos concluimos la cuarta etapa, que denominamos SIEMBRA.
Estas etapas progresivas, más la última de CRECIMIENTO (de permanente conversión misionera o de continuidad), son las que hemos ido definiendo, estos últimos años interprovincialmente, los misioneros paúles de ambas provincias españoles, en consenso y trabajo con los misioneros claretianos y redentoristas. Quizá lo más valorado en este renovado recorrido de la MISIÓN PARROQUIAL, es el hecho de implicar con mayor protagonismo, en las distintas etapas, a los laicos del lugar, acompañados por nosotros, coordinados por su párroco e integrados en el grupo dinamizador de toda la misión, que se constituye como Equipo Misionero parroquial permanente; encargado de seguir impulsando el dinamismo propio de una PARROQUIA MISIONERA.
Del 19 al 29 de marzo, hemos desarrollado la referida etapa de SIEMBRA, en dos municipios de la Diócesis de Huelva, servidos por el mismo párroco D. Wilson Parada Urbina; Aroche (3.100 hab.), incluida su pedanía de Las Cefiñas y Rosal de la Frontera (2.000 hab.). El equipo, coordinado por el EMVE de la Provincia San Vicente de Paúl-España, lo hemos integrado dos Hijas de la Caridad de España-Sur; Sor Pilar Mieres y Sor Josefina Fons, y los paúles José Luis Castillo y quien suscribe Mikel Sagastagoitia.
Aroche, declarado como Conjunto Histórico, con sus calles tortuosas, angostas y empedradas, rodean y nos elevan hasta su castillo islámico y su iglesia parroquial con aires catedralicios. La muralla artillera, aun bien reconocible en numerosos tramos y un buen número de casas señoriales, convierten el lugar en todo un espectáculo cultural digno de ser visitado.
Rosales de la Frontera, cuyo núcleo limita con lo que los lugareños denominan la “raya” con Portugal, pertenecía hasta mediados del siglo XIX al extenso territorio de Aroche. Por ello, su diseño es moderno y ordenado, sin perder el encanto natural de los inmaculados y resplandecientes pueblos andaluces. Junto a la pedanía de Las Cefiñas son, las tres, poblaciones características de la Serranía onubense que nos introducen al Parque Natural de la Sierra de Aracena y Picos de Aroche, en las últimas estribaciones de Sierra Morena.
Y en esta descripción general no puedo dejar de mencionar que, nuestros lugares misionados están integrados en la “Denominación de Origen Jabugo” que, protege y certifica la calidad de los jamones elaborados a partir de cerdos de raza ibérica, criados en libertad en las dehesas y alimentados de bellota. Jamones conocidos mundialmente por su sabor único y su textura espectacular, gracias también al microclima especial que se crea en esta región del norte de la provincia de Huelva.
Además de suponer bien -por este último apunte- que los equipos parroquiales de la misión nos han mimado culinariamente a los misioneros vicencianos, señalar que la programación pastoral durante los diez días de SIEMBRA, también estaba muy bien cuidada. Todas las mañanas, las iniciábamos con la oración misionera en ambas parroquias, incluyendo algunos días a la pequeña población de la pedanía de Las Cefiñas. Visitamos los colegios de Aroche y el Rosal, compartiendo con los alumnos de 5º y 6º grado. Tuvimos oportunidad de participar con los alumnos de 3º y 4º de la ESO del Instituto Turóbriga de Aroche, cuyo nombre proviene del enclave arqueológico de la antigua ciudad romana “Arucci Turóbriga”, visitable a poca distancia del pueblo. Así mismo, diversos centros para adultos acogieron la invitación de las parroquias y a ellos acudimos según los diversos horarios y en las variadas asociaciones con las que se cuenta en los dos municipios; centros ocupacionales para personas con capacidades diversas, centros ocupacionales de adultos y jubilados, asociaciones para mayores y otras. Las jornadas matinales las completábamos todos los días visitando enfermos y personas ancianas que viven solas; realidad también presente en el mundo rural.
Las tardes tenían su tiempo especial visitando a las comunidades familiares o grupos de encuentro, que se han ido formando estos últimos meses; cinco comunidades en cada uno de los pueblos y una sola en la pedanía. Pudimos constatar cómo, tanto los dueños de las casas como sus animadores, integraban muy bien la acogida y el acompañamiento de los participantes, con una media de 10 a 15 miembros. Esta realidad de las comunidades se ha reafirmado como una estructura misionera para seguir invitando a vecinos un tanto alejados de la vida parroquial ordinaria. El compromiso ha quedado patente para que la SIEMBRA pueda seguir dando frutos nuevos y progresivos. Al caer la tarde, todos estábamos convocados en las eucaristías de carácter misionero y catequético en las que desarrollamos, cada jornada, diversos aspectos siempre fundamentales de la vida cristiana.
Los últimos días, por coincidir en la “semana de Pasión”, aprovechamos para hacer de los momentos fuertes de religiosidad popular (Via-Crucis por las calles, procesión con la Virgen de los Dolores, y Domingo de Ramos), oportunidad para dirigirnos a los menos habituales o más ocasionales; devotos, cofrades y miembros de las diversas Hermandades, que tanto se movilizan y muestran su disponibilidad y apertura, especialmente en esta época.
Hay que destacar la presencia del obispo de la Diócesis D. Santiago Gómez, el último sábado de esta etapa de SIEMBRA. Quiso reunirse junto con los laicos de los equipos misioneros de las parroquias, con el párroco y con nosotros. Pudo escuchar la labor realizada y los compromisos de ir constituyendo cada una de las parroquias como comunidad de comunidades. Él nos animó a esa permanente renovación pastoral y a seguir caminando como iglesia sinodal viva y en salida. La posterior celebración de la eucaristía, presidida por él, también dejó patente, desde los diversos testimonios compartidos y con la participación de todas las comunidades familiares y fieles en general, el deseo de seguir siendo misioneros desde la experiencia vivida estos últimos meses y desde la llamada que nos sigue haciendo la Iglesia a la comunión, a la participación y a la misión.
Concluyo con las palabras agradecidas y comprometidas del dinámico párroco D. Wilson, que nosotros hacemos extensibles a tantas personas buenas y entregadas de estos pueblos que nos han acogido como verdaderos hermanos y se han volcado de lleno en esta acción extraordinaria que es la MISIÓN PARROQUIAL. Nos decía a todos el párroco: “Damos gracias porque hemos experimentado lo que significa ser misioneros y estar en estado de misión; no esperar sino salir, no encerrarnos sino acoger. No conformarnos con lo que ya tenemos sino soñar y construir. No tengamos miedo a salir, a proponer, a invitar y a tocar corazones. La misión es tarea de todos. Sigamos caminando juntos con la certeza de que lo sembrado dará fruto en su tiempo”.
Pues adelante, estamos en el camino y Cristo va a nuestro lado.
Mikel Sagastagoitia, c.m.







































































San Vicente de Paúl (de ahí el nombre de “misioneros paúles”), a pesar de las comprensibles limitaciones propias del tiempo en el que le tocó vivir (siglo XVII), tuvo un gran aprecio por la comunicación: llegó a escribir más de treinta mil cartas (alguna llegó a su destinatario varios meses después de su muerte). 


Comentarios recientes