jun 102013
 

Biblia-5El régimen comunista de Corea del Norte es quizás el más hermético del mundo. Poco se sabe de lo que ocurre en el interior de sus fronteras aunque hay algo claro: hambre, muerte y persecución. Mientras tanto, el dictador Kim Jong Un sigue mantiene la línea de su padre y su abuelo utilizando el miedo y la tiranía como arma.

Lo poco que se conoce de lo que ocurre en Corea del Norte es gracias a los norcoreanos que han conseguido escapar de una dictadura que ha acabado con millones de vida y que mantiene en la miseria más absolutas a los que aún viven.

Es por ello por lo que se ha conocido el testimonio de los pocos miles de cristianos que aún viven por encima del paralelo 38. Casi nada se puede conocer de ellos. Han sido masacrados. No hay constancia de que existan sacerdotes y los obispos, décadas después, aún siguen desaparecidos. De hecho, Corea del Norte sigue encabezando todas las clasificaciones mundiales de persecución a los cristianos. Un régimen brutal.

Sin embargo, los cristianos de Corea del Norte que han conseguido franquear la frontera y han llegado al Sur han podido relatar al mundo la fe inquebrantable de los pocos cristianos que aún viven. El régimen comunista les ha quitado todo pero no han podido arrancarles sus creencias más profundas. Y se las ingenian para poder sortear a los agentes de la dictadura.

Uno de los que más sabe de lo que ocurre en el norte es el padre Lee Eun-Hyung, secretario general de la Comisión para la Reconciliación de la Conferencia Episcopal de Corea del Sur.

Pocos cristianos pero con gran fe

Este sacerdote está en contacto y atiende a sus hermanos llegados del norte y en un informe enviado a la agencia Fides ha explicado lo que allí se vive y algunas curiosidades llamativas.

Pese a la ausencia de datos claros el padre Lee afirma que “tenemos la sospecha de que después del largo periodo de persecución, todavía quedan unas diez mil personas en el país que profesan la religión católica y la practican en secreto”.

Del mismo modo, los católicos norcoreanos se las ingenian para poder rezar pese al riesgo que entraña para sus vidas. “Algunos refugiados que consiguieron escapar del Norte, hablan de las mujeres ancianas que sentadas en círculo, rezan el Rosario contando alubias mientras murmuran algo en voz baja.

El padre Lee, que ha podido estar varias veces en Corea del Norte y ha afirmado que los cristianos “permanecen en una situación de gran sufrimiento, no se sabe cuántos son, ni si hay entre ellos sacerdotes. La única iglesia reconocida está en Pyongyang, y probablemente los edificios eclesiales que había antes del régimen hayan sido destruidos”.

La purga de los cristianos

La persecución sistemática contra los cristianos se ha venido produciendo de manera sistemática desde 1953. A partir de ese momento los cristianos comenzaron a desaparecer, especialmente los obispos católicos. De ellos, nunca más se supo y a día de hoy no se sabe nada de ello. Para Pyongyang, oficialmente “no existen” y desde 1980 ignoran cualquier pregunta sobre su paradero.

La situación de los cristianos en Corea del Norte queda reflejada completamente a la perfección con el ejemplo de los obispos. Totalmente desaparecidos. De hecho, en 1950 el 30% de la población de Pyongyang era católica. La llegada del comunismo provocó la destrucción de templos, monasterios y la detención y asesinato de los misioneros y sacerdotes. No podía existir otro Dios que no fuera el comunismo.

Así, en 2012 sigue siendo un completo misterio qué ocurrió con los cristianos de este país tras la guerra. Tampoco se sabe nada del paradero de los 166 sacerdotes que estaban en la zona norte de Corea al final de la guerra. Actualmente, la Iglesia Católica no tiene clero, y por tanto culto, en Corea del Norte.

Javier Lozano. Tomado de Libertad Digital

 

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