CUIDAR ES AMAR: UNA EXPERIENCIA QUE TRANSFORMA

Llegué a este Centro casi por casualidad, o quizá —con el paso del tiempo lo entiendo mejor— como parte de esos caminos que, sin haberlos planeado, terminan siendo profundamente significativos. No era la primera vez que se me presentaba esta oportunidad: en una ocasión anterior la había descartado. Sin embargo, cuando Miguel, entonces jefe de estudios, volvió a llamarme para ofrecerme una vacante de Música en Secundaria, algo cambió en mi manera de mirar aquella propuesta. No era el momento más sencillo para asumir nuevos retos, pero decidí acogerla como una posibilidad que, de algún modo, sentía que debía aceptar.

Aquella decisión suponía un esfuerzo añadido a mi jornada en otros centros concertados y a mi trabajo como Inspectora de Sanidad. Aun así, algo en mí me llevó a decir que sí.

Llegué unas semanas antes de casarme. Con la sinceridad que siempre he considerado imprescindible, hablé con el Padre Molina para plantearle mi situación personal, por si suponía algún inconveniente. Su respuesta, sencilla y acogedora, fue un reflejo claro de lo que más tarde descubriría como esencia del carisma vicenciano: confianza, humanidad y una mirada que va más allá de lo inmediato.

Los comienzos no fueron fáciles. Como suele ocurrir cuando una profesora joven llega con pocas horas, el alumnado no siempre pone las cosas sencillas. Había muchas realidades distintas en las aulas, muchas historias personales, muchas “mochilas” invisibles. Pero desde el principio intenté situarme desde una actitud concreta: entender mi trabajo no solo como una tarea profesional, sino como un servicio. Tal vez mi origen salesiano influyó en ello, recordándome que el alumnado es siempre el centro y que nuestra misión consiste en dar lo mejor de nosotros mismos para acompañarlos.

Con el paso de los años, los lemas y valores trabajados en el Centro han ido marcando nuestro camino. Cada curso ha sido una invitación a profundizar en una dimensión concreta de nuestra vocación educativa. Este año, bajo el lema “Cuidar es amar”, he sentido de una forma especial cómo toda mi experiencia previa cobraba sentido.

El carisma vicenciano nos enseña que el amor verdadero se concreta en gestos, en presencia, en atención a las personas más vulnerables. No es un amor abstracto, sino profundamente encarnado. Cuidar, en este contexto, significa mirar al otro con respeto, escuchar sin juicio, acompañar procesos y, sobre todo, reconocer la dignidad de cada persona.

Pero este año también me ha hecho tomar conciencia de algo esencial: para cuidar de los demás, es necesario empezar por una misma. Estar bien, reconocerse, atender las propias necesidades, no es un acto de egoísmo, sino una condición necesaria para poder ofrecer un cuidado auténtico. Solo desde ahí es posible llegar al corazón del alumnado y también al de sus familias, que tantas veces necesitan ser escuchadas y comprendidas.

Hoy, al mirar atrás, entiendo que aquella decisión inicial, tomada casi sin saberlo, me ha permitido recorrer un camino de crecimiento personal y profesional profundamente unido al sentido del cuidado. Un cuidado que no es solo tarea, sino actitud; que no es solo acción, sino forma de estar en el mundo.

Porque, en definitiva, cuidar es amar. Y amar, al estilo vicenciano, es hacerse presente, es comprometerse, es transformar la realidad desde lo cotidiano. Esa es, para mí, la experiencia que da sentido a cada día en este Centro.

Mariola Marrero Montesdeoca

Dir. Académica Colegio SVP

Las Palmas

David Carmona, C.M.

David Carmona, Sacerdote Paúl, es canario y actualmente reside en la comunidad vicenciana de Casablanca (Zaragoza).

También te podría gustar...

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.