EJERCICIOS ESPIRITUALES DE ESTUDIANTES
En la primera semana de pascua, los estudiantes de la Provincia de Portugal, la Provincia de San Vicente de España y la Provincia de Zaragoza, como todos los años, hemos realizado los ejercicios espirituales. A parte de ser un tiempo especial para profundizar en nuestra dimensión espiritual, también hemos disfrutado mucho del encuentro fraterno compartiendo con los estudiantes de las otras provincias.
Primeramente agradecer al P. Oscar Muñoz C.M, quien ha preparado esmero y dedicación las conferencias – charlas. También agradecemos a las Hermanas del Amor de Dios quienes nos han acogido en su centro de espiritualidad en Toro, provincia de Zamora, lugar que es muy acogedor, el cual facilita el ambiente de oración y meditación.
De la mano del P. Oscar que dirigía las reflexiones, hemos profundizado en los siguientes temas: la importancia del silencio y la vida de interioridad en la vida del cristiano; el don de la fe, una respuesta libre de la persona al acto de Dios; Cristo el centro de nuestra vida, “revestirnos del espíritu de Cristo”; la oración, la comunidad y la vida apostólica; la Virgen María como modelo de acogida de la gracia, consagración y seguimiento incondicional. Todos estos temas especialmente iluminados desde el carisma vicenciano.
Los ejercicios espirituales se han desarrollado en un ambiente de oración, reflexión y silencio, por lo que la esta semana ha sido de gracia y fraternidad. Parar de nuestras actividades diarias y dejar este tiempo para dedicarlo a nuestra salud espiritual y el sentido de nuestra vocación, realmente es una bendición de Dios.
El broche de oro a estos días de recogimiento fue un momento de convivencia comunitaria. Visitamos la Colegiata de Toro, una joya de estilo románico-gótico, donde tuvimos el honor de recibir una visita guiada por parte de los sacerdotes del lugar. Así, entre el arte sacro y la alegría compartida, concluyó una semana gracia.
José Pedro, López, C.M.






































San Vicente de Paúl (de ahí el nombre de “misioneros paúles”), a pesar de las comprensibles limitaciones propias del tiempo en el que le tocó vivir (siglo XVII), tuvo un gran aprecio por la comunicación: llegó a escribir más de treinta mil cartas (alguna llegó a su destinatario varios meses después de su muerte). 


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