CURSO DE FORMACIÓN VICENCIANA PARA FORMADORES DE LA C.M.
En la casa de los misioneros de Vichy (Francia) se ha realizado el Curso de Formación Vicenciana para Formadores de la Congregación de la Misión, organizado por el SIEV (Secretariado Internacional de Estudios Vicencianos). Desde el 14 de abril comenzaron a llegar los diez cohermanos participantes, provenientes de ocho países: Indonesia, Filipinas, India, Ruanda, Eritrea, Brasil, Chile y Colombia.
Durante el curso nos acompañaron los miembros del SIEV, así como integrantes del Consejo General y el propio Padre General, quienes participaron en distintos momentos de manera presencial y virtual. De forma permanente contamos con la presencia del padre Corpus Delgado, de la Provincia de Zaragoza.
El programa se desarrolló de manera constante e intensiva, de lunes a sábado, con cuatro sesiones diarias. Los contenidos abordaron aspectos fundamentales y actuales del carisma vicentino y de la formación, especialmente en torno a la espiritualidad de San Vicente de Paúl y de Santa Luisa de Marillac, la nueva Ratio Formationis 2025, la interculturalidad e internacionalidad en la Congregación, el acompañamiento formativo y los aportes de la psicología a la formación inicial y permanente.
Los domingos y fines de semana estuvieron destinados a espacios comunitarios, peregrinaciones y descanso. Conocimos el museo de la casa de los misioneros de Vichy y algunos lugares significativos de la ciudad. Peregrinamos a Châtillon-sur-Chalaronne, Ars-sur-Formans, Paray-le-Monial y Taizé. También visitamos a los cohermanos de la comunidad local de Valfleury y celebramos en la capilla de la obra más antigua que se ha conservado ininterrumpidamente en la Congregación en Francia. Estas experiencias enriquecieron nuestra formación y nos acercaron a las fuentes de la espiritualidad vicentina.
El curso se desarrolló del 16 de abril al 14 de mayo. Como experiencia de cierre, del 15 al 19 de mayo vivimos los ejercicios espirituales, centrados en la Palabra de Dios y en las cinco virtudes vicentinas. Concluimos así este encuentro profundizando en la dimensión espiritual de nuestra vida vocacional y ministerial, a la escucha de nuestro Santo Fundador y a los pies del Maestro.
La experiencia comunitaria ocupó también un lugar central: la oración mental en común, la liturgia de las horas, la Eucaristía y la mesa compartida nos permitieron vivir con sencillez y fraternidad nuestro estilo propio de vida. La convivencia y el intercambio con cohermanos de distintas partes del mundo fortalecieron nuestra identidad y sentido de pertenencia a la Congregación.
Este tiempo fue para nosotros una gracia particular y una oportunidad de renovación interior. Pudimos profundizar en aspectos esenciales de nuestra identidad y misión, así como aclarar diversas inquietudes relacionadas con la vida y la formación en la Congregación.
Valoramos profundamente el aporte de los cohermanos del SIEV y de los consejeros generales, quienes compartieron generosamente sus conocimientos y experiencias al servicio de nuestra formación. Los contenidos fueron presentados con claridad, profundidad y amplitud, ofreciendo además recursos digitales para continuar el estudio y la reflexión.
Nos sentimos profundamente agradecidos por el don de nuestra vocación vicentina y por el camino recorrido junto a tantos cohermanos. Nos reconocemos llamados por Jesucristo evangelizador de los pobres y por nuestro Santo Fundador a vivir con mayor fidelidad nuestra vocación y ministerio, según nuestras Constituciones, Reglas Comunes y Estatutos.
Somos conscientes de que la vida vocacional exige una renovación permanente y, durante este tiempo, experimentamos con mayor intensidad esta llamada del Señor.
Creemos que vale la pena seguir promoviendo estos encuentros y programas formativos. Verdaderamente favorecen la puesta en práctica del imperativo de nuestras Constituciones: “Supuesto este fin, la Congregación de la Misión, atendiendo siempre al Evangelio, a los signos de los tiempos y a las peticiones más urgentes de la Iglesia, procurará abrir nuevos caminos y aplicar medios adaptados a las circunstancias de tiempo y lugar; se esforzará además por enjuiciar y ordenar las obras y ministerios, permaneciendo así en estado de renovación continua” (C.2).
Armando J. Calle Muñoz, C.M.








San Vicente de Paúl (de ahí el nombre de “misioneros paúles”), a pesar de las comprensibles limitaciones propias del tiempo en el que le tocó vivir (siglo XVII), tuvo un gran aprecio por la comunicación: llegó a escribir más de treinta mil cartas (alguna llegó a su destinatario varios meses después de su muerte). 


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