FORMACIÓN PERMANENTE (Trabajo Primero)

educacion03Raíz de nuestra identidad y misión vicencianas

1.- Cuando hablamos de espiritualidad vicenciana nos referimos, ante todo, a la manera de descubrir a Cristo que el Espíritu Santo inspiró a Vicente de Paúl. El origen de las distintas corrientes de espiritualidad surgidas en la Iglesia se debe a los diversos modos de descubrir y seguir a Cristo que han tenido algunos cristianos. La espiritualidad benedictina, franciscana e ignaciana responden a la diversa manera de seguir a Cristo y de encarnar el Evangelio que tuvieron San Benito, San Francisco de Asís y San Ignacio. Vicente de Paúl descubre y sigue a un Cristo evangelizador y servidor de los pobres.
2.- En esos modos diversos de descubrir y seguir a Cristo también influyó la manera peculiar de leer los signos de su tiempo que tuvieron esos cristianos a la hora de interpretarlos como indicadores de lo que Dios les estaba pidiendo. El descubrimiento de la ignorancia religiosa y de la pobreza del pueblo campesino fue un hecho que Vicente de Paúl leyó como la llamada que Dios le dirigía a continuar la misión de Cristo evangelizador de los pobres aldeanos. Recorramos brevemente la experiencia espiritual de nuestro fundador.
3.- Entre 1605 y 1616, Vicente de Paúl es un joven sacerdote viajero, impulsado por el deseo de conseguir beneficios que le proporcionasen una cómoda situación personal y familiar. La acusación del robo y las tentaciones contra la fe que sufrió durante tres o cuatro años le sumergen en un estado de inquietud y desasosiego. Es su noche oscura. De ese estado sale, según Abelly, cuando «un día se decidió a tomar la resolución firme e inviolable para honrar más a Jesucristo e imitarle más perfectamente de lo que hasta entonces lo había hecho, que fue dar toda su vida por su amor al servicio de los pobres». Desde entonces «su alma se encontró sumergida en una dulce libertad». El buscador de beneficios personales se convirtió en gerente de los asuntos de Dios.
4.- «Honrar a Nuestro Señor Jesucristo e imitarle más perfectamente de lo que hasta entonces lo había hecho», he ahí la clave que nos explica su cambio. Sin esa experiencia espiritual, sin ese descubrimiento de Cristo y sin la resolución de continuar su misión de evangelizador de los pobres aldeanos no se explicaría ni su vida ni las instituciones que fundó. Por eso estamos de acuerdo con Brémond cuando, refiriéndose a San Vicente, afirma: «No es el amor a los hombres lo que le condujo a la santidad; es más bien la santidad la que le convirtió verdadera y eficazmente en un hombre caritativo; no son los pobres los que le han llevado a Dios, sino Dios quien le ha devuelto a los pobres. Quien le ve más filántropo que místico, quien no le ve ante todo como un místico, se imagina un Vicente de Paúl, que jamás existió».
5.- Otro texto conocido nos confirma la centralidad de Cristo en la experiencia espiritual de San Vicente. La influencia de Berulle y el cristocentrismo de la escuela francesa resuenan en la carta dirigida al P. Portail: «Acuérdese, Padre, de que vivimos en Jesucristo por la muerte de Jesucristo; y que hemos de morir en Jesucristo por la vida de Jesucristo; y que nuestra vida tiene que estar oculta en Jesucristo y llena de Jesucristo; y que para morir como Jesucristo, hay que vivir como Jesucristo». El texto, más que un juego de palabras, expresa el alto grado de identificación de San Vicente con Jesucristo y en sus palabras resuena la experiencia y las convicciones de San Pablo: “Mi vida es Cristo; no vivo yo, es Cristo quién vive en mi»; «en la vida y en la muerte somos de Jesucristo”.
6.- La corriente que atraviesa toda la espiritualidad de Vicente de Paúl es el misterio del Hijo de Dios enviado y encarnado para ser «el misionero del Padre». «El Hijo de Dios vino a evangelizar a los pobres; y nosotros ¿no hemos sido enviados a lo mismo? Sí, los misioneros hemos sido enviados a evangelizar a los pobres ¿qué dicha hacer lo mismo que hizo nuestro Señor! Ese Cristo encarnado para evangelizar a los pobres es «la Regla de la Misión». «El modelo verdadero y el cuadro invisible con el que hemos de conformar todas nuestras acciones».
7.- En esta misma clave de encarnación para la evangelización cabe interpretar la práctica de nuestro fundador y que también enseñó a los misioneros: la de preguntarse qué haría o diría ahora Jesucristo. «¿Qué pensaba de esto nuestro Señor? ¿Cómo se comportaba en un caso semejante? ¿Qué es lo que dijo? Es preciso que yo ajuste mi conducta a sus máximas y ejemplos». El Cristo de Vicente de Paúl es un Cristo encarnado, ejemplo concreto para quienes en nuestra misión experimentamos situaciones similares a las que Cristo experimentó como evangelizador de los pobres. La imagen de Cristo preferida de San Vicente de Paúl es la del sembrador esparciendo la semilla del evangelio por las aldeas. A ese Cristo evangelizador tienen que imitar los misioneros. El Superior General ha escrito «Los misioneros seguimos a Cristo como Evangelizador de los pobres. Fijarse en, y comprometerse con este Cristo es el corazón de la espiritualidad vicenciana.
8.- Fue el descubrimiento, el encuentro y el seguimiento de ese Cristo evangelizador y servidor de los pobres, cumplidor de la voluntad del Padre lo que cambió la vida del joven sacerdote Vicente de Paúl. Sólo a partir de tal cambio se pueden explicar sus obras y la finalidad de las instituciones que fundó.
9.- Desde hace tiempo, Juan Pablo II viene insistiendo en la urgencia y necesidad de una nueva evangelización. La Congregación de la Misión, dada su misión en la Iglesia, debería sentirse especialmente afectada y convocada por esta llamada. Según Juan Pablo II, para realizar la nueva evangelización se requieren evangelizadores animados de un “nuevo ardor” y también “nuevos métodos” y “nuevas expresiones”. ¿Qué entiendo por “nuevo ardor”? ¿Dónde y cómo encontrarlo? Citaré a San Vicente para apoyar lo que quiero expresar: «Miremos al Hijo de Dios: ¡Qué corazón tan caritativo! ¡Qué llama de amor! … ¡Oh Salvador, fuente del amor humillado hasta nosotros y hasta el suplicio infame! ¿Quién ha amado en esto al prójimo más que tú? … Hermanos míos, si tuviésemos un poco de ese amor, ¿nos quedaríamos con los brazos cruzados?… No, la caridad no puede permanecer ociosa».
10.- Este texto pertenece a una conferencia dada a los misioneros “sobre la caridad”. Su argumento central es que el auténtico amor a Dios lleva al amor al prójimo, «porque no basta con amar a Dios si mi prójimo no lo ama». ¿Dónde encontraremos los misioneros ese “nuevo ardor”? En el amor de y a Cristo. En esa misma conferencia San Vicente pronunció las siguientes palabras: «El Hijo de Dios vino a traer fuego a la tierra para inflamarla de su amor. ¿Qué otra cosa hemos de desear sino que arda y lo consuma todo? Mis queridos hermanos, pensemos un poco en ello si os parece. Es cierto que ha sido enviado no sólo para amar a Dios, sino para hacerlo amar … Pues bien, si es cierto que hemos sido llamados a llevar a nuestro alrededor y por todo el mundo el amor de Dios, si hemos de inflamar con él a todas las naciones, si tenemos que la vocación de ir a encender ese fuego divino por toda la tierra, si esto es así, ¡Cuánto he de arder yo en ese fuego divino!».
11.- ¿Dónde encontraremos los misioneros ese nuevo ardor? Acercándonos más a Cristo para que nos queme el fuego de su amor. Entonces será verdad que es «la caridad de Cristo la que nos apremia». Todo esto nos recuerda también las palabras de San Vicente referidas al celo «Si el amor de Dios es el fuego, el celo es la llama; si el amor es un sol, el celo es su rayo. El celo es lo más puro que hay en el amor de Dios». El nuevo ardor, como celo misionero, brotará del amor de Dios que nos inunde y de la acogida y respuesta que demos a ese amor de Dios.
12.- El P. Maloney ha escrito: «El misionero de hoy tiene que ser santo. Si no es hombre de Dios, no será realmente eficaz ni es posible que persevere. No es la reducción en número lo que la Congregación debe temer. Tampoco debemos temer la desaparición de las instituciones. Lo que de verdad debemos de temer es la pérdida de fuego de nuestro corazón. Lo que arde en el corazón de un verdadero misionero es un ansia profunda, un deseo de seguir a Cristo el Evangelizador de los pobres».
13.- San Vicente es un hombre de acción. Para él, buscar el Reino de Dios exige preocupación y acción. Pero inmediatamente añade: «Es necesario la vida interior, hay que tender a ella, pues si ella nos falta, nos falta todo». Así se expresó San Vicente durante la conferencia “sobre la búsqueda del Reino de Dios”. Reiteradamente insiste a los misioneros en la necesidad de ser “hombres interiores”, hombres de fe, de confianza, de amor y oración… Si la Congregación de la Misión se ocupase sólo de buscar las cosas exteriores, descuidando las interiores y divinas, no sería la Congregación de la Misión. Toda esa larga conferencia gira en torno a la contribución de los misioneros en la construcción del Reino de Dios. Eso sólo será posible si tienen hondura de vida, si buscan en lo profundo de ellos mismos al Dios que les habita. «Procuremos, hermanos míos, hacer que Cristo reine en nosotros». He ahí una de las expresiones del hombre interior.
14.- La nueva evangelización requiere, más que un esfuerzo organizativo o estratégico, una configuración con Cristo y una docilidad al Espíritu. La contribución de la Congregación a la nueva evangelización comenzará por el testimonio de unas vidas cimentadas en Cristo Evangelizador de los pobres, convencidos de que la misión se lleva a cabo, antes que con nuevos métodos y nuevas expresiones, mediante el testimonio personal.

NOTA: el artículo es un extracto de uno más amplio del P. Fernando Quintano

PARA LA LECTURA y DEBATE

1) Resume: ¿Cuál es la raíz de nuestra identidad?
2) Opina: ¿Viven los misioneros coherentemente con las raíces identitarias?
3) Resume el punto 14
4) Opina: “Todos somos de la religión de san Pedro”
5) Explica: Lo importante no son los principios sino cómo se viven
6) Opina: La vida del misionero son las cinco virtudes
7) Reflexiona: Carisma vicenciano y espiritualidad vicenciana
8) Opina: “urgencia y necesidad de una nueva evangelización”
9) Comparte: ¿Una CM para los tiempos nuevos? ¿Cómo?
10) Opina: “No debemos temer la desaparición de las instituciones. Lo que de verdad debemos de temer es la pérdida de fuego de nuestro corazón”.

Mitxel Olabuénaga, C.M.

Sacerdote Paúl y Doctor en Historia. Durante muchos años compagina su tarea docente en el Colegio y Escuelas de Tiempo Libre (es Director de Tiempo Libre) con la práctica en campamentos, senderismo, etc… Especialista en Historia de la Congregación de la Misión en España (PP. Paúles) y en Historia de Barakaldo. En ambas cuestiones tiene abundantes publicaciones. Actualmente es profesor de Historia en el Colegio San Vicente de Paúl de Barakaldo.

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