German Cárcamo, un joven valiente, en busca de su identidad vicenciana

German Cárcamo, un joven valiente, en busca de su identidad vicenciana

Boceto de una infancia difícil.

Germán es un joven hondureño de 22 años. Nació en Puerto Cortés, en el seno de una familia muy humilde. Durante su infancia, vivió en una de las zonas más pobres del distrito, conocida con nombre propio, los “garífunas”, con una buena proporción de habitantes descendientes de los esclavos de África, en tiempos de la colonización. No obstante, sus padres, poco a poco, van ganando posición social a través de trabajos mejor remunerados: su padre consigue un buen trabajo en el puerto y su madre ejerce de secretaria.

A los 11 años, la vida de familia pasa por una grave crisis que lo pone al borde de depresión profunda, que le dura hasta los 14 años. Él mismo reconoce que durante todo ese tiempo, su carácter tiene rasgos muy negativos: arisco, inconformista, protestón, revoltoso, cambiante. Por esta razón, recibe muchos castigos tanto en casa como en el colegio. En ese momento difícil encuentra un amigo de verdad que le ayuda a recuperar la confianza en si mismo.

Cambio de rumbo en su vida.

Desde los 6 años estudia en el colegio que los Padres Paúles regentan en la ciudad de Puerto Cortes. Inducido por ese buen amigo y otros compañeros asiste a algunas charlas y convivencias de orientación de vida, en línea profesional.

Precisamente, a esa edad de los 14, pasa por su mente la posibilidad de la vida religiosa. La idea va tomando cuerpo hasta que, a la edad de los 18, motivado por un video de orientación vocacional se decide a tener los primeros contactos serios con algunos Padres Paúles, en busca de una orientación vocacional más específica. Es el P. José Luis Indurain el primero que, con todo respeto a lo que él le expone le va conduciendo a tomar una decisión personal clara y libre de condicionantes externos. Al hacer esta declaración espontánea, Germán resalta este convencimiento:

Nunca se sintió presionado ni por el P. José Luis ni por ningún otro paúl a tomar la decisión definitiva. Fue él mismo el que, con plena libertad, tomo la decisión, motivado por otros signos que le hacían sentirse más próximo a lo que él sentía dentro de sí mismo. Entre estos signos, Germán destaca los siguientes:

  • Se sentía como uno más en casa con los Paúles; hasta le permitían asistir a algunos actos comunitarios. Nunca tuvo la impresión de ser un extraño entre ellos.
  • Pero, sin duda, el factor determinante de esa especie de seducción hacia los Paúles de Puerto Cortés fue su disponibilidad a ayudar a los pobres. Había tenido contacto con otras congregaciones religiosas y no vio en ellas esa preferencia marcada por ayudar a los más pobres del lugar.
  • También le impresionaba la actitud de Sor Dorotea una Hija de la Caridad americana que lleva años en Puerto Cortés volcada en el servicio a los más pobres.

Sin embargo, no todo fue un camino de rosas antes de tomar una decisión tan importante en su vida. Al terminar los estudios en el colegio de los Paúles, a la edad de 18 años, le ofrecen un buen trabajo, que hubiera colmado de felicidad a cualquier joven de su edad, en aquellas circunstancias. Aparecen como moscas las chicas de su entorno, con sus insinuaciones características, bien guapas y atractivas, por cierto, resalta sonriendo. Incluso tiene novia desde los 14, lo cual es bastante normal en aquellas tierras.

Por extraño que parezca al común de los mortales, Germán no se siente a gusto ni con el trabajo, bien remunerado, que acaba de estrenar, ni con las insinuaciones claras y persistentes de las chicas, que tratan de seducirlo con las mejores artes del sexo femenino en estas circunstancias. Todavía le ofrecen otro segundo trabajo; y él, erre que erre en su búsqueda de otra opción que llenara de sentido su vida, se decide, finalmente, a iniciar un proceso hacia una opción de servicio a los pobres en la Familia Vicenciana.

Vía libre hacia la realización de un sueño subconsciente.

Poco le duró la euforia del primer trabajo y de sentirse libre, después de haber terminado con éxito sus estudios en el colegio de Paules de Puerto Cortés. A los 3 meses de haber terminado, en Mayo de 2015, se pone en contacto con la Comunidad de Paúles y les manifiesta su deseo incipiente de adherirse a ellos. Estudia dos años en la universidad católica, de 2015 al 2017. El mismo confiesa que esos dos años han sido de los mejores de su vida. En estos años recobra lo mejor de su carácter: alegre, abierto, dicharachero, servicial. Comparte con los más necesitados los pocos recursos personales que le proporciona la Comunidad.

Su estancia en Zaragoza.

El 14 de Septiembre de 2017, viene a Zaragoza a realizar lo que nosotros llamamos etapa de acogida, que, en realidad, es un proceso de discernimiento vocacional, viviendo en Comunidad y conociendo de cerca y experiencialmente lo esencial de la vida de los Paules. Esta etapa de acogida puede durar dos o más años, hasta que el candidato vea claramente su idoneidad para ese estado de vida. Los que realizan esta etapa de acogida tienen un régimen especial de vida: asisten a algunos actos de comunidad; otros actos son exclusivamente para los candidatos de la etapa de acogida, pero, sobre todo, participan en acciones de catequesis de jóvenes y de servicio a los pobres.

Durante este tiempo reciben además información especial, impartida por el director asignado al grupo y por otros especialistas del carisma vicenciano. Esta información tiene como finalidad principal darles a conocer el estilo de vida de los Paúles, en fidelidad al carisma de San Vicente de Paúl, de tal manera que su decisión última sea plenamente consciente, libre y responsable.

Durante estos años los estudiantes de la etapa de acogida cursan los estudios del ciclo de filosofía y teología, que abarca normalmente 6 años. También se da, en circunstancias especiales, la posibilidad de realizar otros estudios universitarios específicos. Estos estudios se realizan en el seminario diocesano universitario del CRETA.

De esta etapa en Zaragoza, a la que le costó adaptarse al principio, por las enormes diferencias de vida de España con las de su país, Germán destaca las experiencias de servicio a los pobres, a los ancianos de las residencias de Hijas de la Caridad, a los emigrantes en el comedor social de las Hermanas y otras por el estilo. Se sentía feliz de hablar con todos, de ser uno más entre ellos…

Y Germán pasa parte del verano en Albacete.

Sintonicé con él desde el primer momento, por su sonrisa fácil, por su manera de ser espontánea y abierta, por su disponibilidad para el servicio. Y viene, sobre todo, en plan de colaborador todo terreno en las acciones de servicio que la Familia Vicenciana tiene en nuestra ciudad, que no son pocas. Lamenta que, en tan pocos días, le haya faltado tiempo para conocer más de cerca la obra completa de servicio a los pobres en nuestra ciudad. No ha podido conocer de cerca la situación de los presos en Albacete; tampoco ha podido asistir al reparto de alimentos, ni al Economato.… Aún así, se siente muy feliz de haber conocido de cerca otra comunidad vicenciana de España, que él mismo, con toda espontaneidad, califica de abierta, cercana, servicial. Y, sobre todo, entregada al servicio de los pobres.

Y de Albacete, Germán pasa a otras experiencias de servicio en la Familia Vicenciana. De Albacete marcha a Castellón, a ayudar a las Hijas de la Caridad en un hogar de ancianos, y de Castellón parte para Zaragoza a colaborar en un campamento de las Hijas de la Caridad para niños sin recurso.

Y tú, ¿por qué no?

Al oír a Germán hablar con tanta espontaneidad y satisfacción de su experiencia vital, contra corriente de los modelos de identidad de los jóvenes de hoy, uno se pregunta: ¿Será un bicho raro en camino de extinción, o será uno de esos valientes arriesgados que rompe moldes en una sociedad hedonista, volcada en la satisfacción de los instintos primarios, alérgica a cualquier planteamiento serio de vida?

Una lección clara he aprendido en mi encuentro con German, que me ha recordado otros tiempos mejores de la juventud española.

Y esta es la gran lección. Uno deja de ser joven el día que se acomoda a la rutina; el día que deja de soñar que otro camino más exigente es posible; el día que se deja de llevar por la rutina, por el miedo al qué dirán, por lo que está de moda. El día que uno no escucha al corazón ni a los impulsos más profundos del alma, ese día deja uno de ser joven, aunque no pase de los treinta.

Hay que atreverse a soñar, a subir a lo más alto de la montaña.

Félix Villafranca, C.M.

David Carmona, C.M.

David Carmona, Sacerdote Paúl, es canario y actualmente reside en la comunidad vicenciana de Casablanca (Zaragoza).

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