Recuerdos ciertos (Pedro Casanova)

PericoMe ha llegado hoy desde Cuenca esta especie de Panegírico debido a las MM. Concepcionistas de la Puerta de Valencia (Cuenca), ofrecido en la Eucaristía presidida por el sr. Obispo que tuvo fecha el día 13 de septiembre y en la que participaron, además de sus muchos amigos, nuestros compañeros de la casa de Cuenca. Ya el día 6 habían celebrado, estando todavía Julián Soriano, una misa por su eterno descanso…

 Para ofreceros este homenaje de las MM. Concepcionistas me mueven dos razones principales: Una; quiero responder nuevamente al reto que nos lanzó el día de su fallecimiento Michel. Pero, además, porque estos recuerdos agradecidos de gentes que no son CM nos dicen mucho de cómo podemos ser nosotros, quienes tenemos que revitalizar la herencia recibida, quiero dar testimonio de esa parte de “verdad” que no debemos pasar por alto: el testimonio/recuerdo evangelizador de aquellos con quienes nos toca trabajar. (Luis Mari)

 De todos es sabido, que el P. Pedro nació en Bervinzana (Navarra) el 11 de Julio de 1932. Siempre estuvo orgulloso de su tierra, aunque nunca estuvo apegado a ella, porque su corazón era mucho más que Navarra, era todo de todos y de cualquier lugar. Muchas cosas se pueden destacar de él, entre ellas su capacidad de relación y de adaptación a los muchos lugares que ha conocido y visitado. A Pedro no habla que preguntarle ¿Dónde has estado? sino ¿DÓNDE NO HAS ESTADO? Era un gran conocedor de España y del mundo gracias a sus múltiples y habituales lecturas. Cualquier conversación con él era una conversación cultural.

Nuestra comunidad tuvo la suerte de tenerlo de capellán desde que llego a Cuenca, en 1991, cuando los PP. Paúles decidieron abrir, nuevamente, una casa en nuestra ciudad. Ya antes la relación con los Paúles, cuando estaban aquí, fue muy estrecha con la comunidad de concepcionistas. Se forjó una amistad que perdura todavía y que se estrecho mucho más todo el tiempo que el P. Pedro estuvo con nosotras.

Son cientos los recuerdos que en estos momentos se agolpan en nuestra mente. Son muchas las muestras de cariño que hemos recibido para él desde que se marchó a la Residencia de Pamplona. Cuenca siempre fue para él un lugar querido especialmente; estudió en el convento de San Pablo y no perdió la relación con Cuenca hasta hace apenas dos meses, cuando se marchó para no volver más, físicamente, claro, porque su recuerdo sigue vivo entre sus amigos, y entre todos los que le queremos.

Cuando decimos que no perdió su relación con Cuenca, es porque, durante toda su enfermedad, que ha durado 6 años, ha podido venir todos los veranos a pasar unas semanas con nosotros. Disfrutaba recorriendo los lugares que fueron habituales para él en otros tiempos, y aunque su dificultad iba siendo cada vez mayor, sentía una inmensa alegría al poder volver sobre sus antiguas pisadas…

Era un gran amigo, un gran comunicador, un intelectual neto con una basta cultura que compartía con todos, y un gran sacerdote paúl, recio de fe y de espíritu. Siempre tenía la palabra adecuada en el momento adecuado, y aunque, como buen navarro, tenía un carácter fuerte, llegaba a ser la persona más tierna y más amable que se pueda pensar. Nosotras damos testimonio de ello.

Agradecemos al Señor haber podido conocerlo, quererlo y cuidarlo en sus, últimos años. La comunicación ha sido mucha, pues era mucho lo que había en común. Y hemos recibido mucho de él: amistad, cariño, consejo, orientación, doctrina, enseñanzas… Podemos decir «con toda seguridad» (una frase muy suya) que es más lo que hemos recibido, que lo que hemos perdido. Perdemos su presencio física, su voz (tan agradable al oído), pero tenemos lo más grande entre personas que se quieren EL RECUERDO, que se hace vida en quien que recuerda.

Y la mejor manera de recordarlo, todos juntos, es aquí, en la que fue su «plaza» como solía decir. Preparaba y disfrutaba cada celebración que presidía, por eso aquí y ahora lo hacemos presente.

Convencidas de que goza ya con el Padre, y junto a Él, queremos ofrecerle nuestro sencillo homenaje celebrando esta Eucaristía con todos vosotros, amigos y conocidos de D. Pedro.

Vamos a cantar lo que a él le gustaba, como si nos estuviera oyendo, y aunque el formulario de la Eucaristía es de Difuntos, los cantos serán de alegría, esperanza y resurrección.

Y, solo nos queda desear, que desde ahora sea nuestro intercesor para que seamos creyentes convencidos y coherentes con el compromiso de nuestra fe.

¡Gracias, Pedro, por habernos dejando tanto!

Mitxel Olabuénaga, C.M.

Sacerdote Paúl y Doctor en Historia. Durante muchos años compagina su tarea docente en el Colegio y Escuelas de Tiempo Libre (es Director de Tiempo Libre) con la práctica en campamentos, senderismo, etc… Especialista en Historia de la Congregación de la Misión en España (PP. Paúles) y en Historia de Barakaldo. En ambas cuestiones tiene abundantes publicaciones. Actualmente es profesor de Historia en el Colegio San Vicente de Paúl de Barakaldo.

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