EJERCICIOS ESPIRITUALES C.M. – SALAMANCA 2026
“Conviene que Cristo crezca y yo decrezca” (Jn 3, 30)
La ciudad de Salamanca, escenario literario del nacimiento del Lazarillo de Tormes (nacido en Tejares, a orillas del río Tormes, donde se sitúa la célebre escena del ciego y el toro junto al puente romano) acogió del 23 al 27 de febrero una de las tandas de Ejercicios Espirituales de la Congregación de la Misión en España.
La Casa de Espiritualidad, conocida como el “Pequeño Escorial”, dio la bienvenida a los 41 participantes que compartimos estos días de retiro, silencio y reflexión, animados por el impulso vicenciano y misionero de nuestro cohermano Mons. José Vicente Nácher Tatay, C.M., arzobispo de Tegucigalpa.
Con una temperatura casi primaveral en una de las consideradas como “Cuna de la Lengua”, los ejercicios se articularon en torno al pasaje del Evangelio según san Juan 3,30: “Conviene que Cristo crezca y yo decrezca”. Desde esta clave bíblica, el predicador fue desgranando cada jornada con una profunda mirada vicenciana y misionera.
El primer día llevó por título: “La Palabra en el silencio, el silencio como camino”. Se nos recordó cómo el silencio, en la tradición de Vicente de Paúl, implica mucho más que ausencia de palabras: es actitud de respeto, humildad, escucha y cuidado de la vida comunitaria. Ese silencio fue preparando el terreno interior para todo lo que vendría después.
Las meditaciones se apoyaron constantemente en las Sagradas Escrituras y en los textos normativos de la Congregación (Reglas Comunes, Constituciones, Estatutos y documentos de Formación Permanente) iluminando nuestra identidad desde la fidelidad al carisma.
Uno de los ejes centrales fue la oración en clave de conversión, vivida según el pequeño método de san Vicente: preparación (ponerse en la presencia de Dios), desarrollo del tema elegido (considerando su naturaleza, motivos y medios) y resolución concreta como fruto de la meditación. Un método sencillo y profundamente práctico, alimento del alma y motor de la misión.
Las virtudes vicencianas también ocuparon un lugar destacado. A la luz de Jn. 3,30 contemplamos la sencillez y la humildad como expresión de quien prepara el camino al Señor. Los textos de nuestro Fundador nos condujeron a esa verdad que se encarna en la vida concreta: actuar con transparencia, sin dobleces ni artificios, siguiendo el Corazón de Cristo, manso y humilde.
El magisterio del Francisco acompañó igualmente las reflexiones. Se nos habló del “yo mismo” como lugar de combate espiritual: dejar espacio a Cristo para que crezca. Recordando sus advertencias sobre los riesgos en el caminar eclesial —el formalismo, el intelectualismo y el inmovilismo— se nos invitó a una conversión auténtica, capaz de renovar la misión desde dentro.
La celebración penitencial, la exposición al Santísimo, el Vía Crucis y la Liturgia de las Horas crearon un clima profundo de oración. Estos momentos ayudaron a disponernos interiormente, a situarnos en un “kilómetro cero” espiritual, preparándonos para subir a Jerusalén con el Señor y abrir el corazón a la esperanza de la Resurrección.
Agradecemos sinceramente a Mons. José Vicente Nácher, C.M. estos días de gracia compartida: días de fe, de fraternidad, de espíritu misionero, de sencillez y cercanía. Volvemos a nuestras comunidades con el deseo renovado de poner a Jesucristo como regla de la misión, descubriendo que solo cuando Él crece en nosotros nuestra vida alcanza su verdadera fecundidad.
Que esta Cuaresma nos encuentre caminando con hondura, dejándonos moldear por el Señor, para vivir con autenticidad nuestra vocación y servir con alegría a los pobres, en quienes Él mismo nos espera.
Aarón Delgado, C.M.
























San Vicente de Paúl (de ahí el nombre de “misioneros paúles”), a pesar de las comprensibles limitaciones propias del tiempo en el que le tocó vivir (siglo XVII), tuvo un gran aprecio por la comunicación: llegó a escribir más de treinta mil cartas (alguna llegó a su destinatario varios meses después de su muerte). 


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