La pastoral juvenil, ayer y hoy

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1.- Cualquier tiempo pasado, ¿fue mejor? ¿fue peor?

Mucho se habla del mejor y del peor de nuestros tiempos, dependiendo de la edad y de nuestras propias experiencias, analizado todo al ritmo de nuestra personal psicología y de nuestras pulsiones innatas. Quizá no somos suficientemente críticos ni suficientemente imparciales cuando emitimos, a la ligera, tales juicios. Hasta ayer, hace sólo 50 años, he acompañado a los jóvenes en su devenir de búsqueda de valores que diesen sentido a sus vidas. Para sorpresa mía, tengo que manifestar, que, bien analizadas las cosas, no son tan abismales las diferencias entre unas y otras generaciones: cambian, eso sí, los entornos sociales, las expresiones externas, pero, en lo hondo de lo hondo, el corazón del hombre, y sus valores internos, confesos u ocultos, siguen su propio dinamismo de siempre.

Por extraño que parezca, esta pequeña reflexión está escrita hace cuarenta años, al final de una acampada rural con un grupo de jóvenes inquietos que buscaban ser solidarios con los habitantes de una zona depauperada, de las que existían entonces, y de las que todavía existen, salvadas las diferencias del tiempo y lugar, en nuestra geografía nacional.

El pueblo donde tuvo lugar esta experiencia se llama Aceña de la Borrega y está situado en la provincia de Cáceres. Los jóvenes provenían de diversos entornos geográficos del norte y tenían un denominador común: no estaban motivados simplemente por un altruismo genérico, propio de la edad temprana, sino que añadían el plus de búsqueda de su identidad cristiana recién descubierta.

Esta experiencia tuvo lugar en verano del 76. Y el grupo eligió llamarse, conscientemente, “Comunidad del Olivar”, porque querían compartirlo todo, al estilo de los primeros cristianos, y porque acamparon debajo de unos olivos.

Después de releer detenidamente el texto original, veo que podría matizar alguna expresión, debido principalmente a cambios periféricos de actitudes o de costumbres propiciados por el paso del tiempo, pero, en lo esencial, se mantiene intacto el sentido profundo de las reflexiones. Y es que el hombre, revestido con los nuevos ropajes externos que le exige la sociedad acomodaticia, al ritmo de los nuevos tiempos, permanece estático e inmóvil en sus actitudes profundas. No me cabe la menor duda de que el lector, fiel al dicho popular de “Al buen entendedor pocas palabras” no se quedará en el sentido literal de la expresión, sino que se adentrará en la metáfora del lenguaje, pasando por encima de los túneles del tiempo.

Entonces, como ahora, me inspiré en la sentencia de Rafael Alberti.

Sentirse joven no es ser joven,
es solo sentir la ilusión de amanecer.
Y como la luz, yo entiendo
que, cuando va a amanecer,
ya está casi amaneciendo.
Y mientras arda la luz,
negros o albos los cabellos,
arderá la juventud.

2.-Para los que quieran escuchar (a modo de parábola)

Cientos de ríos vieron cada año millones de metros cúbicos de agua en el mar, mientras millones de hectáreas de tierra permanecen yermas, esperando que alguien desvíe los cauces de los ríos y lleve a esas tierras resecas y agrietadas la fertilidad del líquido elemento.

Lo mismo sucede en la historia de los hombres: ¿quién encauzará el enorme potencial energético de los jóvenes y hará florecer con él las tierras baldías de la miseria humana: hambre, incultura, odio, desesperanza, guerra, violencia, racismo, discriminación…?

Muchos intereses egoístas de unos y de otros se empeñan en que las cosas sigan igual: unos no quieren renunciar a sus emolumentos, otros prefieren la vida tranquila, sin cambios ni convulsiones; los más, “los buenos”, se excusan por los riesgos y gastos que la empresa lleva consigo… Casi todos se disputan el lote, pero juegan con el joven a la política de partidos, del consumo o de la adulación… Son pocos los que intentan entrar, con el debido respeto, en la entraña misma del joven y, con delicado acento, gritarle: “¡DESPIERTA, JOVEN, DESPIERTA, TÚ HAS NACIDO PARA ALGO MÁS!

Quizá pocas sociedades tan explotadoras de la juventud como la nuestra: nuestra generación adulta no estima al joven, le teme y trata de conquistarlo, con promesas y halagos, para sus fines egoístas.

3.-. Lo más positivo y enriquecedor de nuestra experiencia del Olivar.

el-p-felix-enciende-la-luz-pascual-de-benagalbonLo más positivo y enriquecedor de nuestra experiencia en esta acampada ha sido precisamente eso: el contacto personal y directo con los jóvenes, sin intereses ni concesiones fáciles, el diálogo abierto con ellos, la búsqueda humilde, codo con codo, del sentido mismo de la vida, el compartir con ellos, en auténtica fraternidad, una experiencia de fe. Cualquiera que se acerque a los jóvenes con esta actitud de lealtad, sin miedo ni pretensión a perder su propia identidad, pero respetando siempre la de ellos, encontrará en los jóvenes acogida calurosa y predisposición a un intercambio enriquecedor. La simbiosis de experiencias y actitudes entre jóvenes y adultos no puede más que ser fecunda para unos y otros, en cualquier nivel que se establezcan, a condición de respetar mutuamente la identidad del otro y enmarcar esta relación en un clima de lealtad y servicio.

Una vez hecho el desmontaje de los respectivos prejuicios, el joven aporta al adulto entusiasmo y generosidad en el esfuerzo común; el adulto enriquece al joven con su experiencia y equilibrio de juicio. Lanzados a una misma empresa, movidos por único ideal, los resultados pueden ser espectaculares.

4.- Algo importante para animadores de juventud.

El animador que quiera penetrar en el alma joven encontrará en este tipo de experiencias la ocasión ideal para descubrir, en toda su profundidad, la capacidad de entrega del joven, su necesidad de comprensión y apoyo, su búsqueda de amistad sincera, su sed de Dios, por encima de los velos y evasiones que la encubren…

5.- Jesús, reclamo vivo de los jóvenes.

Hacer algo por los demás, formar “comunidad de vida”, en la que todo sea de todos, y todos trabajen unidos en el mismo ideal de paz y fraternidad…, ese es un clamor juvenil, cuyo eco se hace cada día más fuerte. Cuando este clamor conecta con Cristo, con Jesús de Nazaret, su fuerza se hace incontenible. Jesús sigue siendo, sin duda, el mayor reclamo de la juventud responsable y comprometida.

Es nuestra responsabilidad de educadores de la fe presentarles ese rostro de Cristo surcado por todo el dolor de la humanidad, sin mistificaciones ni tapujos.

6.- Las vacaciones, tiempo apto que hay que preparar.

El tiempo de las vacaciones ofrece las mejores posibilidades para este tipo de experiencias. Pero, a la vez, hay que evitar que consideren la experiencia como un hecho aislado, desconectado del resto de su vida y de sus relaciones humanas. A través del curso puede llevarse a cabo una estupenda labor de mentalización y entrenamiento. El esfuerzo y la reflexión conjunta, a lo largo del año, constituyen la mejor preparación y el sello de garantía del buen resultado de la empresa.

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