Visita al Seminario Interno de Guatemala

El pasado 20 de agosto se reunieron en Guatemala (aldea del Aguacate) los visitadores, superiores regionales y/o responsables de formación de las provincias que integran CLAPVI-Norte (Confederacion Latino-Americana de Provincias Vicentinas), para dialogar sobre la marcha del Seminario Interno Interprovincial y la previsión de cara al próximo año. A esto se unieron otros temas de agenda, algunos sugeridos por el p. Aarón Gutiérrez, asistente general, que participó en la reunión. Nuestra provincia de Zaragoza también se hizo presente, pues es posible que dos jóvenes de Puerto Cortés realicen el Seminario Interno en Guatemala el próximo año.

El Seminario Interno Interprovincial de CLAPVI-Norte es una experiencia que se va consolidando con los años. Participan en él las provincias de México, América Central, Puerto Rico, Ecuador (aun siendo que pertenece a CLAPVI-Sur), la vice-provincia de Costa Rica, y las regiones de Panamá y Honduras (provincia San Vicente). En alguna ocasión también Perú ha enviado a sus seminaristas a este seminario. Este año hay 8 seminaristas; el año próximo se prevén 12 seminaristas.

La aldea del Aguacate, que propiamente pertenece al municipio de Mixco, en las afueras de Guatemala, es un enclave hermoso en la ladera de una montaña. El seminario San Juan Gabriel Perboyre (que así se llama), es un conjunto de tres modestos edificios, dos de habitaciones y otro que sirve de cocina y comedor, rodeados de árboles, césped, huerta y con una cancha deportiva. Es un espacio tranquilo, alejado del bullicio de la ciudad de Guatemala. Debido a su situación disfruta de un tiempo fresco, casi siempre primaveral, lejos del intenso calor tropical. En las noches despejadas, se observa a lo lejos la multitud de luces diminutas de la gran urbe guatemalteca.

El director del seminario, desde este año, y con compromiso para tres años, es el padre estadounidense Emmet Nolan, anteriormente misionero en Panamá. El padre Emmet tiene experiencia de formación y habla el español de manera fluida. Los seminaristas lo aprecian, aunque esperaban un seminario “más relajado”, con más excursiones y menos clases. Pero el padre dice que “no es ese mi estilo, me gusta ser exigente”. No obstante, los jóvenes están contentos, se sienten ilusionados con el carisma y con la vida misionera. Han estudiado ya la biografía de San Vicente del padre Román, han profundizado en las cinco virtudes a partir de la exposición del padre Motto y de la propia reflexión e interiorización. En los meses que quedan, estudiarán la historia de la Congregación, las Constituciones, y lo relativo a los votos, disponiéndose para hacer los propósitos al acabar el Seminario. Acompaña al padre Emmet en el equipo formativo el padre Juan Mendoza. Los visitadores valoran la sintonía que hay entre los dos formadores, y el buen testimonio que eso significa para los muchachos. Los visitadores y superiores hacen una valoración muy positiva de la marcha del seminario y agradecen mucho el trabajo del equipo formador. Les acompaña también en la casa Monseñor Ríos, obispo vicentino ya retirado, que nos recibió con candor y amabilidad. Varios padres de distintas provincias han colaborado ocasionalmente con la formación de los seminaristas: el padre Motto explicó las virtudes vicencianas, el padre Nieto y padre Nácher explicarán las Constituciones, el padre Gregorio Gay dará sendos talleres sobre la vida comunitaria y la inculturación en la pastoral, el propio Aarón Gutiérrez ha presentado un taller sobre la misión.

Desde el Aguacate salen los seminaristas cada sábado para realizar su pastoral. Un “mini-bus” (poco más que una furgoneta), en el que caben 15 personas apretadas, los lleva, a través del intenso tráfico de Guatemala, a los lugares de misión. Unos van a Betania, otros al Basurero. Allí están los más pobres, la periferia. Cada uno desde sus dones acompaña, escucha, ayuda. A través del juego, de la música, comparten con niños y jóvenes de esos lugares. Han participado también en dos misiones; una en Petén (Guatemala), con comunidades indígenas, otra en Honduras, en la montaña del Merendón y en las obras sociales de nuestros hermanos de la provincia San Vicente. Experiencias no siempre fáciles, que cuestionan a quien las vive, que tocan las fibras más profundas del alma y lo remueven todo, pero que, finalmente, con la ayuda de Dios, ayudan a crecer y alientan el espíritu misionero.

En los dos días que duró el encuentro, la comunidad y la provincia de América Central se volcaron para darnos lo mejor y tratarnos con la mayor amabilidad. Agradecemos ante todo el calor y la hospitalidad. Y deseamos, con la ayuda de Dios, que este proyecto siga adelante y que dé como fruto muchos jóvenes misioneros entusiasmados por evangelizar a los más pobres como lo hizo San Vicente.

Iván Juarros, C.M.

David Carmona, C.M.

David Carmona, Sacerdote Paúl, es canario y actualmente reside en la comunidad vicenciana de Casablanca (Zaragoza).

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